Autor: Aguirre Bellver, Joaquín. 
   El sacrificio de las Cortes de Franco     
 
 Pueblo.    12/11/1976.  Página: 8-9. Páginas: 2. Párrafos: 23. 

SIN ANIMO DE JUEZ

Soy por naturaleza más inclinadoa comprender que a juzgar.

¿Qu4 quieren ustedes que le haga? En estos momentos, cuando tantos exhiben una vocación de juez,

reprimida durante muchos años, U naturaleza me inclina más aún hacia la comprensión. Amén de mi propio carácter, hay para ello alguna otra razón de carácter profesional, y es que la experiencia me dice

que quien ejerce el periodismo con humos de sentencia, acaba por equivocarse siempre. La política

la hacen seres humanos, y ¡es tan complicada la política y con tan complicados los seres humanos!

Esto, dejando aparte las vueltas que da la Historia.

Recuerdo que un viejo y querido compañero, simpatizante abierto con las ideas comunistas,

me reprochó en una ocasión: «Sí, me divierto leyendo fus crónicas; pero me irrita que, a fuerza de humor

£ de comprensión, acabas justificando

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Me defendí ante él de esta manera: «Si mi periódico me hubiera encargado la misma misión ante ei Soviet Supremo, ¿qué debería hacer? ¿Decirle al lector que allí hay seres humanos, con sus debilidades, sus aciertos y sus errores, sus ambiciones, sus envidias, sus despistes, sus contradicciones y hasta sus

paradojas, o debí soltarle unos rollos tremendos hablando de máquinas de opresión, de dictaduras férreas,

de campos de concentración, etcétera?» Otra anécdota. Acababa de morir Franco y yo había escrito el único artículo de mi vida en que le elogiaba abiertamente. Lleno de alarma, un amigo que se distinguió siempre por la adulación más inverecunda al Caudillo, me advirtió, por si no me había enterado:

«Oye, que Franco ha muerto.» «Estarás hecho polvo», le consolé. A lo mejor me equivoco. A lo mejor yo debería estar a estas horas derramando hiél, rebuscando en mi historial periodístico artículos

que recortó y desfiguró la censura, tropiezos con mis sucesivos directores, broncas con políticos del Régimen, y aireando mis solicitudes de libertad política, mis méritos para alinearme entre los triunfalistas de esta ocasión..

Posiblemente muchos me lo aplaudieran. Lo que ocurre es que sentiría, a solas, un poco de vergüenza.

Y que, al adoptar la actitud del juez, dejaría de comprender y, por tanto, de informar. Que sentencien ellos.

• Una cierta amargura

LAS Cortes Españolas, las Cortes de Franco, van a decir «sí» a la reforma política.

Iñigo de Oriol, secretario del Consejo del Reino, rae lo ha comentado, en la barra del bar de la planta baja, con estas palabras:

—Es injusto el trato que los periodistas estáis dando a las Cortes. Mira que van a cumplir un servicio que nadie, sino ellas, puede llevar a cabo: pasar de un régimen a otro sin ruptura de la legalidad, sin violencia. Aun a costa de liquidarse a sí mismas.

A fuer de testigo, debo añadir que este sentimiento de amargura ante la incomprensión es el más generalizado entre los procuradores en estas vísperas del gran debate, el debate final. Lo que más les duele es ese ataque de los periódicos cuando ellos se disponen a cumplir un du-ro deber. • en bastantes casos corfttárianlio, por razones de Estado, las propias convicciones.

• Objeción de conciencia

MUCHOS de los que van a votar «sí» no son partidarios de la democracia a la europea, a la que van a dar paso; es más,, piensan que traerá más i n c o n venientes que ventajas, que habría mucho que hablar si se sacara a consulta del pueblo, y piensan que las disensiones entre los partidos pueden tener unas consecuencias funestas para España. Entonces, ¿por qué van a votar «sí»? Rechazo de plano la burda explicación de que uno por uno han recibido promesas o cuentan con negociar su voto cara al futuro. Las historias de todos buenos contra todos malos no me acabaron de gustar nunca, principalmente por falta de calidad literaria. En mi opinión, lograda al cabo de un largo sondeo entre los procuradores en el terreno de la confianza, los que votarán sí contra sus propias convicciones van a hacerlo por los siguientes motivos:

a) Porque ya la suerte está echada, luego de aprobar la llamada ley de Partidos Políticos.

b) Porque partidarios de un Estado con autoridad, estiman que no hay otra salida para terminar con esta situación de interinidades.

c) Porque con flan en ganar las elecciones.

• Lealtad y oportunidad

NO descarto, que conste, loa casos personales de ambición, de negociación, de cobardía, de arribismo. Todos ellos son ingredientes del espíritu humano, pero habría que fijarlos en casos concretos, uno por uno, y no estoy dispuesto por esa tarea. Allá hacia el pasado mes de julio, en el bar de las Cortes, un procurador acusaba a otro con estas palabras:

—Tú lo que has hecho es una traición, asi, con todas las letras. Hasta hace unos días eras director general en un Ministerio de Franco, y hoy, un liberal histérico, a voces por ahí con la democracia y el europeísmo.

Se defendió el otro:

—A ti lo que te pasa es que tienes envidia porque no has sabido cambiar a tiempo. Y en política hay que saber cambiar a tiempo o saber retirarse.

No doy los nombres, aunque podría. Bueno, pues esos dos procurado´ res que así hablaban entonces me han dicho que van a votar «sí». No soy yo el llamado a decidir hasta dónde son válidas la lealtad y la oportunidad. Demasiado complejo.

• Viejos y jóvenes

LAS objeciomea y los problemas de conciencia proceden, en su mayoría, de los mas antiguos, es decir, de aquellos que conformaron su ideología en tiempos de guerra. Las generaciones siguientes son más liberales. Quizá utilizo esta palabra ahora sin gran precisión. Los procuradores jóvenes se dividen entre los partidarios de una democracia social y de una democracia burguesa al modo europeo. Me explico más aún: hay quienes reprochan a Franco no haber hecho un sindicalismo democrát i c o más sincero y quienes le reprochan no haber ido a un régimen de partidos.

• Mitad por mitad

EN conciencia, en conciencia de verdad, las Cortes Españolas que van a debatir y a votar la re

fprma política se dividen, mitad por mitad casi exactamente, en partidarios y adversarios de esa reforma. Lo que voten será harina de otro costal, y ya he empezado diciendo que Llevo anunciándolo" nace mucho tiempo, contra el viento y la marea de los pesimistas, tanto del periodismo como de la política y aun de algún ministro del Gobierno. La reforma saldrá abrumadoramente.

• Liberales

HAY también un grupo de liberales acérrimos, de la cruz a la raya; minoría, ciertamente, aunque hayan ido aumentando de forma notable en estos años, y más que nada en el último. No debemos olvidar que la reforma se inicia en tiempos de Franco y que la composición ideológica de las Cortes es el mejor baremo para medir tales matices. Estos liberales se han dividido en combatientes y expectantes, vistos desde el palco de Prensa. Hago esta salvedad porque son muchos los que no han planteado el tema como una batalla parlamentaria, sino como una toma de posiciones en sus compromisos y sus relaciones políticas fuera del palacio de las Cortes. De los grupos formales, quizá el más libera] haya sido el independiente, pese a que buen número de sus miembros proceden del Movimiento y no hayan creído preciso abandonarlo. Este fenómeno de la apertura política entre las generaciones jóvenes del Movimiento no ha sido estudiado con la debida atención. Sin embargo, es de una considerable importan c i a para comprender muohas de las cosas que han pasado y van a ocurrir en adelante. Se trata de a» liberalismo con ideas sociales que presenta tnuy sen aladas característica»1.

Aunque quizá élí^séetoi^ liberal más amplio sea •£

la C. E. D. A.

HAY otro, claro está, el que tiene una inspiración neocapitalista y hasta capitalista sin más, a la antigua y por las claras, um capitalismo que ve la re^ forma política como un medio de dar el alto a convenios colectivos, primas de seguros sociales, artículo 35 de la Ley de Relaciones, etcétera. Su objetivo es terminar con el régimen social de Franco y no lo disimulan poco ni mucho pes» a que no lo declaren.

• Individualismo

OUIZA este diagnóstico debí hacerlo por tercios de representación, pero m» parece que habría sido, para este caso, menos expresivo La actitud ante la reforma política es difícilmente encuadrable en estos sectores. No olvidemos qJH´ éstas son. unas Cortes individualistas y poco tiene que ver, para la decisión a te hora del voto, que se accediera al escaño por seje ai. calde o por ser elegido entre los cabezas de famií&i El grupo que debió resnítfc más homogéneo es el d* consejeros nacionales, y aji los debates recientes bnfl; mos ocasión de, ver ciarás sus escisiones.

La reforma política saldrá adelante

Muchos pro curadores tienen problemas de conciencia, pero votarán "sí" porque esperan ganar las elecciones

En estos momentos, liberales y conservadores es tan empatados en numero La disciplina de"grupo"fun clonara muy relativamente

Si ésta es la hora de los poli ticos, mañana será la hora del pueblo

• Cuestión

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ENTRE todos los tercios, acaso el más coherente es el sindicalista, dentro del cual los empresarios aceptan la reforma política con mayor entusiasmo que los trabajadores y técnicos. A éstos los caract eriza, de forma global y con innumerables excepciones, una •neutralidad con recelos nacidos de lo que escribí más arriba acerca del capitalismo. Tengan razón o no, temen que el trabajador salga perdiendo y pasarían por todo si les asegurasen que no se iba a dar un paso atrás en materia de derechos sociales. Los empresarios razonan de otra forma, pensando que ya la paz está perdida y no hay por qué seguir pagándole dividendos; aunque preferirían la vieja paz.

• Grupos

LOS grupos parlamentarios podrían haberme servido de referencia, asimismo, para esta prospección, pero no hay en ellos disciplina de partido suficiente, y en las votaciones hemos de verlo. Son muchos años sin aceptar en su actuación «imperativo alguno», al menos formalmente, para someterse de golpe y porrazo a la decisión del grupo. Y eso que, ante la gravedad de la decisión, la personalidad colectiva ha ganado muchos puntos. Para un buen número de procuradores constituye una forma de compartir responsabilidades el añadirse, para la ocasión, a lo que el grupo haga. Por cierto, no conozco ningún grupo que vaya a votar contra la reforma en bloque.

• Dudas

ASI, pues, los votos que pueda haber en contra serán pocos y muy personales. Votos contra corriente, afianzados en la opinión de unos seguidores muy definidos por su anti-liberaiismo, o votos lanzados tras una larga lucha de conciencia, con decisión final de no caer en contradicción. Tengo el mayor respeto para estas cuestiones de principios. Me consta que todavía, cuando estoy escribiendo estas líneas, son muchos los que dudan. La otra tarde, al término de una sesión de la comisión de Asuntos Exteriores, cazo el siguiente diálogo ante la barra del bar:

—Me gustaría no ser procurador en esa fecha.

—Pues a mí, no. Procurador siempre. A las duras y a las maduras.

• Abogados

LOS políticos son como unos abogados defensores de la sociedad, encargados de dar la cara y buscar razones para sus pecados, sus absurdos, sus contradicciones y sus miserias. No debo ocultar que, mientras tomaba el café en la barra, me sentí mucho más cerca del segundo que del primero de los que hablaban sin advertir que estaba escuchando su diálogo. Pese a? descaro del «procurador siempre», creo

que esa actitud es mucho más beneficiosa para todos; más congruente con las imposiciones del oficio.

Esta consideración me remite a las palabras del se-oretaricr del C o n s ej o del Reino con que abrí estas líneas. Lo que resultaría desastroso es que los procuradores decidiesen no serlo en esa fecha y dejaran al país, a sus clientes, una papeleta de tanta categoría. Ya sé que estoy planteando una paradoja, pero ayuda a comprender, que es lo que me he propuesto.

Una sociedad que ayer no admitía los partidos políticos necesita, de la noche a la mañana, transformarse en liberal y hacerlo con los menores problemas, con los menores traumas. Es la hora de los políticos, aunque muchos de ellos estén convencidos de que éste es su último pleito. No quisiera que tales palabras se entendiesen como una toma de postura, que en forma alguna me corresponde ni tengo autoridad para hacerla. Si me aprietan ustedes, acabaría por confesar que mis preocupaciones están en otra parte, en el guiso del tema social. En ese punto será el pueblo quien diga sí o no.

Si ésta es la hora de los políticos, mañana mismo será la hora del pueblo. La verdadera reforma la ha de realizar una comunidad empeñada en seguir su progreso bajo cualquier régimen.

Planteadas así las cosas, el verdadero tema del próximo Pleno no es la Reforma Política en sí. P¿r descont a d o que la Reforma se aprueba. Lo que se ventila realmente es el sistema de elecciones. La derecha —digámoslo así— apoya un sistema mayoritario por la sencilla razón de que piensa ser mayoría; el centro y la izquierda —digámoslo así— apoyan el sistema proporcional, donde las minorías tienen asegurados puestos en las Cámaras, sencillamente porque sospechan que van a ser minoría. He ahí, en pocas líneas, el planteamiento del juego de las fuerzas, para que ustedes* si siguen los debates por Televisión, puedan ir comprendiendo de qué lado se inclina cada cual y por qué razón.

Lo que puede resultar más sutil es el juego del Gobierno en este tema. Parece ser que, coyjtQmM va~mós Acercándonos al momento del Pleno, va quedan d o claro que las posiciones van reduciéndose a la Alianza Popular, en favor del sistema mayoritario, y el Gobierno, partidario de instalar las minorías en las Cámaras; ambas partes, luchando en estos momentos por atraerse al mayor número de procuradores.

El tema de comen* tario de los periódicos estos días atrás fue la división de la ponencia, que la ponencia negó rotundamente. Daba ocasión a las sutilezas la actitud liberal de Suá-rez y Olarte, en tanto que a Primo de Rivera y Belén Landáburu se les atribuye mayor afección a la Alianza Popular; mientras a Noel Zapico, sindicalista, se le suponía una actitud neutral en el tema, más atento a las cuestiones sociales que a la polémica central. Pero insisto en que la ponencia ha negado semejante planteamiento.

Con esta panorámica queda el lector en condiciones de seguir un debate parlamentario sacando el mayor jugo a la re~ transmisión nacional de una ocasión histórica en las Cortes Españolas.

Un informe de Joaquín AGUIRRE BELLVER

 

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