Autor: Iglesias Selgas, Carlos. 
 Tribuna abierta. 
 Un voto a favor de un sistema electoral mixto     
 
 Ya.    16/11/1976.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

tribuna abierta

UN VOTO EN FAVOR DE UN SISTEMA ELECTORAL MIXTO

EN el sistema electoral se con citan las diferencias entre la izquierda y la derecha una vez. que, de modo más o menos explícito, los conservadores y los progresistas han aceptado con dificultades el proyecto de ley de reforma política, punto medio entre el reformismo y la ruptura democrática, que ha constituido un acierto del Gobierno de Adolfo Suárez.

Dicho proyecto atribuye al Gobierno Ja facultad de regular las primeras elecciones a Cortes. La elecciones al Congreso de 350 diputados se inspirarán en criterios de representación proporcional y las elecciones a un Senado de 204* senadores en criterios de escrutinio mayoritario. Por lo visto, solamente los criterios electorales han sido el factor justificativo de la existencia de dos Cámaras.

EL escrutinio mayorit ario, que es el sistema electoral tradicional en nuestra Patria, consiste en que resulta elegido el candidato o los candidatos que obtienen mayor número de votos. El decreto de 8 de mayo de 1931, por el que se modificó la ley electoral de 8 de agosto de 1007 al sólo efecto de la elección para las Cortes Constituyentes, intro d u j o en ésta la única innovación de que los diputados se elegirían por circunscripciones provinciales y por el sistema de listas con voto restringido, es decir, cada elector incluía en su candidatura un número menor al de los puestos a cubrir. Las grandes capitales formaban distrito distinto de sus provincias, con lo que se seguía un precedente anterior.

De mantenerse el criterio de la legislación "ex ante", que algunos sectores han propugnado para otras cosas, el sistema mayoritario sería el que Be restablecería con las correcciones Introducidas por la ley electoral del 27 de junio de 1933. Con este sistema, que hoy se rechaza por algunos por considerarlo poco democrático, lograron el triunfo las izquierdas ea 1881 y 1936 y fuertes mayorías el PSOE en las elecciones de 1931, 1933 y 1936. No debia, por ende, ser tan antidemocrático. Fue establecido, como es conocido, por el Gobierno provisional de la República del que formaron parte Indalecio Prieto y Francisco Largo Caballero, los dos socialistas muy destacados.

Recordemos que cuando fueron dictados el decreto de 1931 y la ley de 1933 privaba en el mundo el sistema de representación proporcional que había sido adoptado por la Constitución de Weimar, en la que, en gran medida, se inspiró la Constitución de la República española de 9 de diciembre de 1931. Con posterioridad, y a la vista de las consecuencias que se derivaron del criterio mayoritario. puro, países como la República francesa restablecieron el sistema mayoritario con dos vueltas, y la República Federal Alemana, el sistema mixto, pues se habían comprobado los inconvenientes del sistema proporcional puro.

EL sistema mayoritario, particularmente con distrito uninomjnal, presenta la ventaja de que facilita el contacto del elegido con el elector, que está tradicionalmente acostumbrado a ve» en el representante una persona de su confianza y a la que tiene fácil acceso. Por contrapartida, el sistema proporcional coloca en un´pri-mer plano a los partidos, de los que el elegido es un mero adlá-tere. Son los comités de los partidos los que designan realmente a los elegidos, al colocarlos a la cabecera de la lista. No deja de ser extraño´ que, en un país donde durante tantos años se proscribieron las formaciones políticas, en el primer paso.

electoral que da no se vuelva por los fueros de las tradiciones electorales nacionales,´y dejando de lado éstas, se adopte un sistema que ha sido abandonado por algunos que lo hicieron fundamento de su vida política, . Porque en las próximas elecciones, se piense lo que se piense y se diga lo que se diga, lo más fácil es que el país se oriente más por las personas —por su significación y por su conducta—que por el número incontable de siglas a las que, por llayiar algo, se denominan en algunos casos partidos,

¿Qué duda cabe que privarán más un José María de Areilza y un Tierno Galván o un Manuel Fraga y un Rodolfo Martín Villa que los grupos o "los grupúsculos en que tantos otros se encuentran encuadra dos? Coincidimos con Felipe González en que, hasta después de las elecciones, no se podrá saber quién es quién en la política española.

AUNQUE hay razones más que suficientes—históricas y de legislación comparada— que justifican la continuación del sistema mayoritario, en un espíritu de concordia hemos sugerido en nuestras observaciones generales al proyecto de ley de reforma política una solución mixta, que podría consistir en que dos tercios de los puestos a cubrir se proveyeran como en la República Federal Alemana se hace para la mitad: por el sistema mayoritario por dist- ito unipersonal, y el otro tercio se´eligiera por el sistema de lista nacional con arreglo a criterios de representación proporcional, de manera que se completara la representación de aquellos partidos que no hubieran obtenido diputados suficientes por distrito.

La adscripción de los candidatos a los distintos partidos permitiría equilibrar a} nivel nacional las diferencias que se hubieran producido entre el número de sufragios obtenidos y el número de puestos cubiertos. Siempre, como es lógico, que, al; igual que en el sistema alemán, los partidos hubieran obtenido como mínimo un 5 por 100 de los sufragios válidos a nivel nacional o tres diputados por distrito, garantía que fue Introducida por Alemania cuando se establecieron´las elecciones, para evitar que los pequeños partidos hagan ingobernable el país.

LA adopción del sistema electoral mixto haría aumentar de manera notable el número de diputados, debido a que las provincias deberían elegir, al menos, uno por cada 100.000 habitantes o fracción superior a 60.000, y otra tercera parte seria elegida por lista y en el escalón nacional. Este es el problema de mayor importancia que se plantea cara a las próximas elecciones, pues las provincias van a quedar grandemente defraudadas cuando comparen los diputados que se les asignan, que son los que realmente ellas considerarán tales, con los que tuvieron en las elecciones de 1936.

Esta comparación, que será inevitable, podrá plantear grandes problemas al Gobierno o al que elabore las normas electorales cuando sea planteada—y lo seca de seguro—por Barcelona, Valencia, Vizcaya o Sevilla, por citar cuatro ejemplos. ¿Qué se hará entonces? ¿Habrá que someter una nueva reforma a referéndum o que admitir el compromiso de una disolución inmediata de 1 a a nuevas Cortes para después de aprobada la Constitución? ¿O resultará más cómodo sacrificar a las provincias de tipo medio? En política, como en todas las cosas de la vida, hay que prever los problemas con la suficiente antelación.

Lo que no debe constituir gran problema, ya que el número de 350 diputados, único punto en que han coincidido los proyectos de reforma constitucional de los, dos Gobiernos de la Monarquía, es manifiestamente insuficiente y no s« ixa justificado en o t r a s razones que en las de tipo arquitectónico, en el deseo de poder, reunir, en ocasiones muy señaladas, a las dos Cámaras conjuntamente.

Recordemos que, según el decreto antes citado de convocatoria para las Cortes Constituyentes de la II República, cada provincia, que formaba una circunscripción, tenía derecho a que se eligiera un diputado por cada 50.000 habitantes o fracción superior a 30.000. Sobre la base de este supuesto previo, y teniendo en cuenta la población de entonces, se eligieron 473 diputados para el Congreso de 1936, último provisto por sufragio universal, igual, directo y secreto.

La solución del pro b 1 é nva electoral, el más delicado entre los planteados en los últimos tiempos en materia constitucional, no tiene por qué plantear particulares dificultades si se aumenta el número de parlamentarlos, con lo que, por otra parte, nuestro Congreso de diputados se equipararía en número a los de Italia, Francia y el Reino Unido.

En este último país, cuando se celebran reuniones conjuntas de las dos Cámaras, no han encontrado problema mayor en que haya parlamentarios que estén de pie. Esto ya Se hizo en España en tiempos de la República, cuando se eligió a Manuel Azaña presidente en el Palacio de Cristal del Retiro. Ahora, a estos efectos, •e podría muy bien utilizar al Palacio de Congresos u otro local adecuado.

Carlos IGLESIAS SELGAS

 

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