Autor: Medina Cruz, Ismael. 
 Crónicas de río revuelto. 
 Reforma política: no seamos necios     
 
 El Alcázar.    06/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

CRÓNICAS DE RIO REVUELTO

REFORMA POLÍTICA: NO SEAMOS NECIOS

Por Ismael MEDINA

DOS son los aspectos de la reforma administrativa en que, según los medios gubernamentales y sus epígonos, no hay cesión posible: el sistema electoral mayoritario y, sobre todo, la conversión del Senado en cámara representativa de los intereses reales, en vez de los intereses políticos, para los que se reservaría la Cámara de Diputados, compuesta por los representantes de los partidos.

Antes de proseguir, convendría admitir la validez de la cita que de Ahereus hace Fernando Hernández Gil, con gran oportunidad: "El sistema natural de la representación debe ser como un extracto del organismo social". Y, asimismo de esta otra, debida al socialista Duverger: "Vivimos con una noción totalmente irreal de la democracia, forjada por los juristas, siguiendo a los filósofos del siglo XVIII.

Gobierno del pueblo para el pueblo, gobierno de la nación para sus representantes, etc, son bellas fórmulas propias para acrecentar el entusiasmo y facilitar los desarrollos oratorios; pero bellas fórmulas que no significan nada. Jamás se ha visto a un pueblo gobernarse por sí mismo y no se verá jamás. Todo gobierno es oligárquico, ya que implica necesariamente el dominio de un pequeño número sobre la mayoría". Esa oligarquía, cuyo mandato autoritario es a plazo fijo,´ la definen siempre según Duverger, los partidos políticos.

¿Responde la realidad a dichas teorías, coincidentes con las de otros muchos estudiosos actuales de las formas políticas? Una respuesta rvF^pqips, buscarla, ft fraiés de M encuStareEulzaaá por el semanario francés "L´Express", en relación con el libro de Valery Giscard d´Estaing, "Démocratie francaise". El 72 por 100 de los franceses consideran que la diferencia ideológica entre el Gobierno y la oposición es ilusoria en orden a poder definir una competencia democrática. Tampoco el socialismo, tal y como se muestra hoy en Francia, parece al 74 por 100 de los consultados un instrumento posible de progreso. Pero más significativo resulta la constatación de que, en relación con sus aspiraciones en el mundo de hoy, el 52 por 100 de los encuestados se consideran ante todo consumidores y usuarios, el 23 por 100 trabajadores y productores y el 25 por 100 consumidores y productores. La cuestión se aclara aún más cuando se pregunta a los franceses: "¿Si el poder debe darse a los ciudadanos, qué vía considera más apropiada para hacerlo posible: la asociación, el partido, el municipio, la región o qué otra? El 22 por 100 se muestran partidarios de la asociación, el 4 por 100 del partido político, el 19 por 100 del municipio, el 43 por 100 de la región y el 12 por 100 de otras fórmulas indeterminadas.

Ello significa que si hoy mismo se ofreciese a los franceses la posibilidad de una reforma constitucional que tuviera en cuenta diversas opciones representativas para la insti-tucionalización democrática, el sistema de partidos políticos sufriría una derrota apabullante. ¿Y qué dirían los españoles si les hiciéramos una consulta de semejante porte? Algunos que creen haber sondeado con ciertas garantías la opinión actual de los españoles, temen que la opción de los partidos políticos no sufriría mejor suerte que la resultante de la consulta de "L´Express" en Francia. ¿No se estará montado entonces la reforma política a partir de una gigantesca mentira o de un calculado desconocimiento de lo que verdaderamente quieren los españoles? La cuestión es grave, pues tras la demostración de buena voluntad de los franquistas, haciendo viable la reforma política en las Cortes, pese a las agresiones dialécticas y a las presiones de que son objeto, podría resultar cierta la situación que se plantea Antonio José González Mufiiz: ¿Y si el pueblo votara no en el referéndum?.

La situación en el mundo democrático occidental es tal, que puede constituir una muestra insuperable de torpeza que la clase que autoritariamente domina en la actualidad los resortes del poder en España, se empecinara en el sistema proporcional y, sobre todo, en la existencia de dos Cámaras gemelas, elegidas por sufragio universal, exclusivamente entre los candidatos presentados por los partidos, con naturales criterios clientelísticos. Hace años que De Gaulle tuvo conciencia de que por la vía de la partitocracia no se iba a ninguna opción democrática razonable. Y comenzó una reforma inacabada, que configura el gran reto a que hacen frente los políticos galos en la actualidad.

La falta de unas diferencias ideológicas apreciables, consecuencia de la crisis de cambio histórico en que está inmersa la humanidad en nuestros días, no es sólo perceptible por los franceses. Las elecciones norteamericanas son una demostración inapelable. Y los márgenes mínimos de diferencia en Suecia. Gran Bretaña, Alemania, etc, ponen de manifiesto la rigidez insuperable de la situación, la cual se está aproximando muy peligrosamente al punto de quiebra.

La conveniencia de no cosificar la evolución política mediante la congelación de la democracia en los supuestos inorgánicos de las dos cámaras paralelas y de la partitocracia a palo seco, se puso de manifiesto hace bastantes años en Italia. De la relación presentada por el secretario general de la Democracia Cristiana, en ocasión del décimo congreso nacional de partido, celebrado en 1968, extraigo estos párrafos:

"Es necesario que nuestro parti-4o afronte la realidad. El desarrQlla de la sociedad no sólo ha roto los rígidos esquemas clásicos, sino que ha revelado el surgir y el afirmarse orgánico de dos tipos de clases dirigentes, las cuales amenazan con diversificarse, hasta el punto de hacer extremadamente difícil la función de síntesis entre los intereses comunitarios propios de la política. Pero es perceptible, asimismo, el peligro de que sean incomunicables entre sí ambas clases dirigentes, más allá de las relaciones generadas por el ajuste de los intereses particulares".

"Es conveniente que los partidos comprendan que se ha venido desarrollando un tipo de selección de clase dirigente diversa y ajena al tipo de selección hecha a través de los instrumentos consolidados en dichos partidos. Habrá de admitirse también que esa otra clase dirigente tiene un peso en la vida nacional en ningún caso inferior a la clase dirigente estrictamente política. No es imaginable que la función política sea exclusiva de la aportación directa y políticamente cualificada de esta nueva clase, pero tampoco que dicha clase dirigente se muestre propicia a someterse al tipo de selección privativa de los partidos, puesto que dada la naturaleza de la misma, los componentes de esta nueva clase dirigente temen razonablemente que nunca lograrán emerger. Corre un gravísimo riesgo la clase dirigente política que no acierte a advertir esta exigencia representativa, cuyo desconocimiento institucional podría favorecer la aparición de centros técnicos y económicos de poder, extraños al poder político y polémicos respecto del mismo, por causa de no haberse previsto un cauce adecuado a su concreacion. Estas evidencias están en la lógica rigurosa del "partido abierto", del partido de la sociedad nacional que propusimos en el Congreso de Sorrento".

"Esa exigencia alcanza a los partidos en el momento del compromiso electoral; afecta a la posibilidad de que se asegure el acceso al Parlamento de personalidades que asuman relevantes valores e intereses culturales, económicos y sociales los cuales emergen de la comunidad nacional, y han de ser recogidos, a través de idóneos mecanismos electorales, como podría ser la confección de una lista nacional para la Cámara dé Diputados para el Senado; o bien para ambas asambleas".

La propuesta democristiana no tuvo éxito, al chocar con los intereses de la clase profesional política, dentro del propio partido y de los restantes. Las consecuencias se han visto posteriormente, con la creciente descomposición del sistema parlamentario italiano y esa especie de equilibrio mágico logrado por An-dreotti, merced a un solapado "compromiso histórico" con el PCI. El intento de los partidos de avanzar en esa dirección, mediante la solución vergonzante de incluir en sus listas, a presuntos "independientes", reclutados entre personas con una cierta notoriedad, no ha servido sino para complicar aún más el proceso tumoral que aqueja en ese país al sistema democrático tradicional.

Los españoles nos preguntamos con perplejidad y aprensión las causas por las que el Gobierno parece empecinarse en hacernos transitar hacia unas formas democráticas an-ticmadas, que y* Hevafwfíspflft* a la tragedia y que los propios demócratas europeos con un mínimo de sinceridad consideran abiertamente incapaces para el gobierno de la comunidad en la actual etapa histórica, ¿no se estará cometiendo otra irreparable insensatez, a pagar por el pueblo? Podría ser nefasto para España el enrocarse ahora en la clausura de la razonable recomendación del Consejo Nacional, la cual no emerge de nostalgias franquistas ni de presunciones corporativas gilrroblistas, sino del estudio atento de las soluciones intentadas por inequívocos miembros de las clases políticas democráticas europeas. El hecho de que los intereses sectarios hayan prevalecido en esos países sobre los intereses objetivos de la comunidad, añadiendo otra nota descalificadora al historial de los partidos políticos convencionales, no debe servir para que nos empeñemos en hacer tropezar a nuestro pueblo donde ya tropezó y están tropezando los modelos en que tardíamente se inspira el Gobierno. ¿No será mejor hacer lo que conviene a España, aunque sea en parte original?.

 

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