Autor: Oneto Revuelta, José. 
   El "factor T" en el 22-J     
 
 Diario 16.    16/06/1986.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

OPINIÓN

16 de junio-86/ Diario l

JOSÉ ONETO

El «factor T» en el 22-J

T A «T» es la vigésima tercera letra del alfabeto español. Es una consonante oclusiva dental sonora y

adquiere distintos matices de sonido según la consonante que le acompañe o, también, según la silaba que

le siga. Verbigracia: No tiene el mismo tono de pronunciación un, apellido que empieza con T, como

Termes u otro apellido que también se inicia con T, como Tejero.

Los sonidos son distintos, las entonaciones son diferentes y hasta la propia personalidad de los dos

personajes parece influir cuando esa consonante entra en ese proceso de oclusión dental, del que hablan

los lingüistas.

El cronista se ve obligado a hacer esa precisión no en aras de la ostentación retórica, sino ante la

constatación de que el «efecto T», o el «síndrome T» o, si quieren, el «factor T» es el que ha

condicionado todo el proceso electoral español abierto a principios del mes de junio con el inicio oficial

de la campaña y a punto de cerrarse, dentro de cinco días, antes de la jornada de reflexión que dará paso a

las elecciones generales del domingo 22 de junio.

La campaña que hoy entra en su recta final como un auténtico vendal que lleno de insultos e insidias

amenaza con terminar en Tragedia (obsérvese el sonido), ha estado condicionada, por lo menos hasta

ahora, por el «efecto Termes»., por «el síndrome Tejero» y por «factor Transición».

Sorprendentemente, en vez de abrirse un auténtico debate sobre los distintos programas políticos que

concurren en la batalla electoral para ganar el voto de los indecisos y también de los medio convencidos,

el gran debate nacional se ha centrado en el comportamiento de un hombre desconocido para el gran

público que inesperadamente se ha convertido en el arbitro mercantil de la contienda (Termes), en otro

hombre que después de un golpe de Estado fallido purga su aventura en el castillo de Figueras (Tejero) y

en ese fenómeno español que ha constituido un producto de exportación política de cara a muchos países

que comienzan a salir de la dictadura (Transición).

Entre el responsable de la patronal bancaria, Rafael Termes, que se ha convertido en el blanco de todas

las críticas, el ex teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina, que de pronto, gracias a la

democracia, ha vuelto de nuevo a ser protagonista en unas elecciones a las que no se presenta (el fracaso

del 82 ya fue suficiente), y el debate sobre la transición política iniciada precisamente hace diez años, con

el nombramiento de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno, la campaña ha discurrido plana, llena

de descalificaciones, ataques personales, injurias y hasta insinuaciones como esa hecha el jueves en el

restaurante La Dorada, de Madrid, por Gerardo Iglesias (acusado de borracho por algunos dirigentes

socialistas) de que algunos políticos a los que él más combate se meten «cocaína».

Como se verá, todo un espectáculo que, afortunadamente, sólo se produce cada cuatro años y sobre el

cual el «efecto T» ha planeado como gran argumento para apuntalar si España va, efectivamente «por

buen camino», ver si esto «tiene arreglo», comprobar si realmente hay «otra forma de hacer España» o

calibrar si, todavía, después de diez años de Transición (obsérvese el sonido) «el valor del centro» tiene

posibilidades reales de cambiar el mapa político español.

Sorprendentemente también, quien ha salido más beneficiado del factor del síndrome y del efecto T ha

sido el duque de Suárez, el político más discriminado por Rafael Termes, el único que le hizo frente a

Tejero cuando entró en el Parlamento el 23 de febrero de 1981 (habrá que saber quién es el estratega

genial del PSOE que ha contado con ese «efecto» para introducirlo en la agitada campaña electoral de

este tórrido verano), y también el que mejor puede explotar el enorme capital político que supone la

transición democrática española.

El «síndrome Tejero», citado por primera vez por el dirigente socialista Txiki Benegas, repetido

posteriormente por Enrique Múgica y bordado finalmente por el vicepresidente y vicesecretario general

del PSOE, Alfonso Guerra, ha tenido respuestas contundentes por parte de Adolfo Suárez, de cuyos labios

ha salido una de las frases más duras y sarcásticas de la campaña: «Guerra todavía no se ha enterado si

Tejero entró en el Parlmamento en autobús o a caballo, de lo pegado que estaba al alfombrado suelo de

las Cortes.»

De esta forma, entre insulto e insulto de unos y otros, entre acusación y acusación y entre sarcasmo y

sarcasmo, la campaña electoral ha entrado en su tercera y última semana.

A partir de hoy, todos los dirigentes políticos, en una actividad frenética, se lanzarán a la conquista, sobre

todo, de esos tres millones de indecisos que reflejan todavía casi todas las encuestas.

La estrategia es conservar lo que se tiene y arañar lo que se pueda en esos tres millones de dubitativos a

los que la campaña electoral no les ha sacado todavía de su indecisión.

Por eso, en los próximos días, la lucha puede llegar casi al cuerpo a cuerpo, e incluso puede producirse

algún escándalo sonado. Por lo menos, todo está preparado.

A menos de una semana del día «D» lo que los sondeos indican (y los sondeos son sólo eso, sondeos) es

que existe una cierta estabilidad en cuanto a votos en los dos partidos principales —Partido Socialista y

Coalición Popular—, con ligeras caídas que pueden frenarse en estos últimos días de campaña y con una

tendencia a la saturación —no crecimiento— en la Coalición Popular de Manuel Fraga.

Junto a esta tendencia de saturación se observa, igualmente, una disputa por el voto de centro —un voto

decisivo— entre la llamada «Operación Roca», que despega muy lentamente, y el Centro Democrático y

Social de Adolfo Suárez, que en casi todos los sondeos se •perfila como el heredero del voto de la Unión

de Centro Democrático desaparecida en 1982.

En esta lucha por el voto centrista, Suárez le saca una notable ventaja a Roca y el CDS tiende, conforme

avanza la campaña, a acercarse, cada vez más, superándolo, el porcentaje conseguido por UCD hace

cuatro años, mientras el PRD se convierte en sustitutivo de los resultados obtenidos por el Centro

Democrático y Social (CDS) en 1982.

La Izquierda Unida tiende a subir un poco, para situarse en casi los mismos porcentajes que los obtenidos

por el Partido Comunista hace cuatro años, y Santiago Carrillo se sitúa en la frontera de permanecer o no

en el Parlamento.

Por último, la lectura más sorprendente de la actual situación es que todo el montaje que se ha hecho en

torno a la «alternativa reformista» va a servir únicamente para consolidar Convergencia en Cataluña y

cimentar la posición del actual presidente de la Generalitat, Jordi Pujol. Una operación millonaria,

arriesgada, y en el fondo peligrosa, sobre todo si a la hora de autocrítica de la anunciada derrota se

presenta como la imposibilidad de que un catalán llegue a la Presidencia del Gobierno de España, como

ya se está empezando a hacer. De todos modos, para lo que se espera en los próximos días lo mejor para

el elector es Tranquilidad, mucha tranquilidad, y obsérvese el sonido, porque la «T» siempre engaña, a

pesar de ser una consonante oclusiva y dental...

 

< Volver