Autor: Gutiérrez, José Luis. 
 Campaña electoral 22-J.. 
 ¿PSOE igual a PRI?     
 
 Diario 16.    16/06/1986.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

A- V

CUADERNO DE CAMPAÑA

¿PSOE igual a PRI?

José Luis Gutiérrez

Madrid T AS paredes de L Madrid así lo aseguran: «Carlos Ruiz Soto, el hombre que retiró el 3 por 100».

El cartel de Coalición Popular, con la fotografía del presidente de AP de Madrid, sugiere una voluntad de

historiar un suceso que encierra toda una moraleja de triunfo del bien sobre el mal. Es una paráfrasis de

«El hombre que mató a Liverty Valonce» en clave autonómico-madrileña, algo así como «Ruiz Soto, el

hombre que acabó con Tyranny Leguina». Aunque no se sepa en qué proporción operó la operación de

Coalición Popular, con recogida de firmas incluida, y la reconvención y retirada de apoyo de Felipe

González al presidente madrileño para que olvidara el intento de recargar la fiscalidad de los capitalinos

con un 3 por 100 superior al del resto de los españoles.

En cualquier caso, de! pasquín y su mensaje se desprende una cierta voluntad pendenciera por parte de la

oposición conservadora, actitud generalizada en casi todos los partidos, en esta campaña plagada de

insultos, agresiones y crispacíón. y huérfana de debate sobre los problemas reales que preocupan a la

ciudadanía.

Uno de los elementos de ataque que se han esgrimido por la oposición, aun mucho antes de que se

iniciara la campaña electoral, es el de la supuesta coincidencia en los hábitos y hasta en La vocación

política entre el PSOE y el PRI mexicano, partido este ininterrumpidamente en el poder desde 1929,

cuando nace el Partido de la Revolución Mexicana, antecedente del PRI (Partido Revolucionario

Institucional).

El periodista Juan Luis Cebrián manifestaba ayer, en un artículo, su discrepancia con este criterio,

argumentando que «sin el aparato del Estado el PSOE no tendría su actual fortaleza, contrariamente al

caso del PRI que controla el Estado mismo».

Existen, sin embargo, otras opiniones, tanto desde la derecha como desde la izquierda, que sostienen las

tesis contrarias.

Si el fenómeno histórico del PRI se asienta en una forma de actuación política basada en la corrupción

como moneda de curso cuasilegal (en el que la «mordida» tan sólo es un exponente ruidoso, emblemático

y nada envidiable): si el PRI a sí mismo se caracteriza por el intento de perpetuación eterna en el poder, la

celebración de amafiados procesos electorales, como simulacro y coartada que otorgue vitola democrática

al sistema, y en la aceptación teórica de todas las normas democráticas y la vulneración constante y

sistemática de las mismas en la práctica política diaria, ciertamente no es éste el caso de un partido como

el PSOE, que cuenta con una amplia presencia de dirigentes de profundas convicciones democráticas.

Pero ha sido el propio Partido Socialista, a través de muy cualificados dirigentes —el propio Felipe

González lo ha comentado en alguna ocasión—, quienes han insistido en

tal semejanza de proyecto e intención política con el PRI.

En noviembre de 1982, recién ganadas las elecciones por el PSOE, Guillermo Galeote, cualificado

miembro de la ejecutiva federa] del partido, lo manifestaba ante la Prensa: «Nuestra intención es montar

un PRI a ¡a española.» Independientemente de la voluntad de proseguir indefinidamente en el poder,

manifestada con claridad por dirigentes socialistas en muchas ocasiones, comenzando por aquella extraña

declaración de Felipe González a «Cambio 16»: «Necesito veinte años para hacer el cambio...»

Los dirigentes de la coalición Izquierda Unida insisten reiteradamente en la tesis mexicana. «Claro que

los socialistas aún no se han apoderado de todo el Estado, pero llevan camino de ello», señala Tamames,

quien, como reveladora anécdota, cita esas furgonetas electorales en las que las placas de la matrícula han

sido sustituidas por las siglas del PSOE, al igual que en tiempos del franquismo se hizo con los vehículos

de Falange o con la Secretaria General del Movimiento.

Por su parte, Gerardo Iglesias, primer secretario del PCE, añade que «el PSOE, en algunos aspectos es

incluso peor que el PRI, partido que, al menos en política exterior, adopta actitud progresista. El PSOE no

es el PRI, su modelo es el del Movimiento Nacional de Franco».

Si las grandes líneas definitorias del PRI, como partido representante de amplias clases medias, son la

intervención absoluta y hegemónica del partido en los ámbitos económicos, políticos y culturales,

ciertamente semejanzas filosóficas no faltan, según señalan en medios de la coalición conservadora, que

ha plasmado esta acusación en las declaraciones oficiales de los máximos portavoces del grupo, incluido

el propio Manuel Fraga.

El curso que siga este «proceso azteca», que según su adversario ya se atisba desde hace años en las

conductas socialistas, mira en función de ios resultados de estas trascendentales elecciones del 22 de

junio.

 

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