Autor: Dávila, Carlos. 
   Andalucía: bipartidismo imposible     
 
 Diario 16.    17/06/1986.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Andalucía: bipartidismo imposible

Sevilla

Carlos Dávila

TL gozo de Hernández Mancha en un pozo. Su debate con el presidente de la Junta de Andalucía ha

pasado a peor vida, por mor de una salomónica y ambigua nota publicada por la Junta Electoral que ha

«desaconsejado» el enfrentamiento, cara a cara, entre sólo dos candidatos: el propio Hernández Mancha y

Rodríguez de la Borbolla. La decisión tiene trascendencia nacional por cuanto corta en seco y desautoriza

la insistencia de Felipe González de celebrar un debate con «sólo» un candidato de la oposición. La Junta

Electoral andaluza lo ha dicho claramente: «Ya que me preguntan contesto lo que me parece: un debate a

dos va contra la equidad y la objetividad».

Bravo por la Junta. A los socialistas no les parece bien la sentencia (sentencia-consejo, pero sentencia, al

fin), porque el argumento quiebra toda la coartada que Felipe González ha venido utilizando durante la

campaña; a saber: «Si quieren debatir conmigo, que de antemano designen, me designen, un rival». Pues

bien: eso ya no vale y, para eludir el debate, el presidente tendría que ingeniarse otra excusa. ¿Cuál? Eso

depende de su inagotable ingenio.

En Andalucía el «desaconsejado» debate parecía espurio, porque aquí el único bipartidismo es el que

aspiran a consolodiar el PSOE, por conveniencia propia, y la Coalición Popular como «outsider»; pero

hay otros partidos y otras coaliciones, por ejemplo la de Izquierda Unida (aquí Convocatoria por

Andalucía) de Anguita, y los reformistas, y los andalucistas y los de Suárez, que el domingo estuvo en

Sevilla, se quedó nuevamente afónico, y se metió de lo lindo con el enemigo común: con Guerra, al que

amenazó con quitar la mayoría. ¿En qué Parlamento? Pues en los dos: en el nacional y en el andaluz,

cuyas elecciones están siendo solapadas por las generales. Guerra decidió ayer pasearse por los mercados,

al uso y estilo de Fraga, y, entre saludo y saludo, aprovechó para propinar un varapalo a la derecha y los

periódicos «que se oponen al PSOE». Que se oponen genéricamente al PSOE.

La derecha le contestará hoy mismo porque «correcaminos Fraga» viene a Sevilla a calentar el ambiente

en un mitin que amenizarán Los Romeros de la Puebla y la doliente María Jiménez. Tratará Fraga de

quitar la mayoría absoluta al PSOE aquí donde más le duele: en Andalucía.

En Andalucía, quizá como en ninguna otra región española, se ve cómo estas elecciones, ambas, son

peculiares, muy singulares. Verán, que diría Felipe González: en el 82, el PSOE encandiló al país, al país

en general, con un canto entusiasta a la libertad, al cambio, a la imaginación; hoy, no, hoy este canto lo

entona e] centro y la derecha, mientras el PSOE, replegado y autocomplacido, como un recurrente

campeón, proclama su fe y su esperanza en la estabilidad y la seguridad que proporciona el famoso

«Gobierno fuerte». Los papeles, pues, están cambiados. Todo es confuso, porque si me apuran, y según

dicen aquí los más reputados conocedores de la realidad sociológica andaluza, tampoco el aspirante

aliancista (el que se ha quedado compuesto y sin debate) Hernández Mancha representa a la derecha de la

tierra; es más bien un modernista que tiene dificultades para entronizar su candidatura en los asientos,

siempre ocupados del conservadurismo andaluz. Al final, y a lo que parece, Borbolla, el fautor del

«nepotismo» más racialmente hispano, es más conservador que el propio Hernández Mancha. El primero

inaugura el Puerto Sherry, que cuesta por ahora doce mil millones de pesetas; el segundo hace populismo

y se quita la corbata.

 

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