Autor: Dávila, Carlos. 
 Campaña electoral 22-J. Ayer se celebró el último debate televisivo. 
 Agrio enfrentamiento dialéctico entre Alfonso Guerra y Herrero de Miñón en TVE     
 
 Diario 16.    18/06/1986.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

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NACIONAL

CAMPAÑA ELECTORAL

AYER SE CELEBRO EL ULTIMO DEBATE TELEVISIVO

Carlos Dávila/D-16

MADRID.—El debate estelar de la campaña electoral terminó como había empezado: hablando Alfonso

Guerra. El vicepresidente del Gobierno, Miguel Herrero, Sainz de Robles y Fernando Castedo debatieron

durante una hora y tres cuartos el «estado del Estado». Guerra intentó en todo momento ganar terreno a

sus contrincantes con una afirmación de principio: «Roca y Suárez, que estaban invitados, no han querido

asistir. ¡ Y luego dicen que quieren debate!» Una obligada referencia al triple asesinato cometido por

ETA fue el único punto del debate en que convinieron los asistentes. Luego, Guerra emplearía una de sus

habituales estrategias: meter a todos en el mismo saco, en un saco que en un cierto momento del debate

llamó literalmente «la derecha ácrata».

En el principio, y después de que el moderador concediera la palabra al vicepresidente, éste dibujó un

idílico panorama del «estado del Estado». Aseguró Guerra que recogieron un Estado con inestabilidad

democrática, incertidumbre institucional y con las autonomías no consolidadas. Tres años después,

aseguró el vicepresidente, el Estado es mucho más sólido que en el 82.

Miguel Herrero, con el que Guerra mantuvo un agrio «rifirafe» dialéctico a raíz de que el representante de

la Coalición Popular mostrara unos gráfi-

Agrio enfrentamiento dialéctico entre Alfonso Guerra y Herrero de Miñón en TVE

eos en los que se exponía la política, a juicio de Herrero «de paniaguados», que había desarrollado el

Gobierno socialista, respondió a Guerra que ahora mismo «el español tiene menos trabajo, y cuando lo

tiene paga más por el», y añadió: «Esta es una Administración más cara que nunca, más opaca que nunca

y que ofrece menos servicios que nunca.»

En el turno inicial, Fernando Castedo, del CDS, aseguró que la Administración pública no tiene hoy un

clima mejor que hace cuatro años, y Sainz de Robles afirmó por su cuenta que «el poder se ha alejado

peligrosamente del hombre de la calle, y que el Gobierno ha carecido de modelo de Administración».

Guerra, que aparentemente contestaba a todas las apelaciones hechas por su oponente, renunció de forma

consciente a responderlas puntualmente. Se limitó a decir que el concepto de Administración que tienen

«todos ustedes» no es el mismo que tenemos nosotros. Atribuyó a la gestión de Gobierno el desmontaje

del cprporativismo, el haber reducido Cuerpos y escalas y el haber establecido una auténtica carrera

administrativa. A este último punto, el candidato reformista Sainz de Robles le respondió, sorprendido,

diciendo que, efectivamente, la carrera administrativa había consistido en que de 373 convocatorias para

cubrir puestos en la Administración, 369 se habían hecho por libre designación.

En un momento del debate, Miguel Herrero, que ensayó en todo momento la táctica de presentar una

Administración socialista mucho más cara e ineficaz que la que habían recibido de los gobiernos de UCD,

dijo que el presidente del Gobierno tiene 300.000 pesetas de gastos reservados al día, y mostró dos actas

del Consejo de Ministros, referidas a unas bodegas reprivatizadas, a raíz de la expropiación de Rumasa,

en las que se reflejaba una divergencia de 800 millones de pesetas. Alfonso Guerra negó la existencia de

ese documento, y dijo textualmente: «Me está usted calumniando. Recuerde —le dijo a Herrero— que por

algo semejante tiene usted un proceso abierto en Valladolid, y personalmente tengo la esperanza de que

usted sea procesado. »

El contencioso particular entre Guerra y Miguel Herrero terminó con la pareja intervención de los otros

dos intervinientes, quienes aconsejaron que el debate transcurriera por los cauces que marcaba la

convocatoria. Sin embargo, y en cuanto Fernando Castedo empezó a hablar, Alfonso Guerra, al parecer,

hizo gestos que molestaron al representante del CDS, por lo que Fernando Castedo le pidió que no

gesticulara. Castiza y desafiantemente, Guerra respondió: « Yo gesticulo cuando quiero. ¡Ele!» Y, en

efecto, siguió haciendo muecas de impaciencia durante todo el debate. Castedo acusó al Gobierno

socialista de no haber hecho una Administración moderna y eficaz, y haber aumentado en 172.000

personas el censo de funcionarios. Imputó también al Gobierno socialista el haber realizado una cierta

«depuración» administrativa, «barriendo —ese fue el gerundio empleado por Castedo— desde jefes de

negociado hasta subdirectores generales». Castedo intervino para contestar al vicepresidente una

imputación que éste hizo a los dos ex presidentes del Gobierno de UCD, de los que dijo tenía en Moncloa

«a media docena de amigos tomando café».

Sobre este mismo punto intervino Sainz de Robles para decir que el funcionario, actualmente, está

defraudado, y se encuentra ausente de la gran gestión de la función pública. Sainz de Robles, candidato

reformista que mantuvo duranteel coloquio un tono constructivo de explicación del programa de su

partido, aseguró que el Gobierno ni siquiera ha intentado la simplificación de los procedimientos

administrativos.

Todos ios intervinientes, salvo, claro está, Alfonso Guerra, concordaron en que estaba pendiente la

auténtica reforma administrativa, la redacción de un estatuto de la función pública y un pacto de Estado

sobre las autonomías y su financiamiento.

Guerra, que negó la promesa socialista de haber enviado al Congreso de los Diputados antes de diciembre

de 1985 un proyecto para regular precisamente la financiación de las autonomías, terminó reafirmando lo

mismo que había dicho al principio: «Ustedes —dijo— propenden a un modelo de vuelta atrás, mientras

el nuestro es de modernidad.»

Los demás asistentes elevaron sus protestas, ya prácticamente inaudibles, por el tono y el estilo del final

del debate, pero no lograron evitar que las últimas palabras de Guerra quedaran como paradigma de un

debate en el que el vicepresidente del Gobierno intentó «vender» lo que ha sido la estrategia electoral

socialista en esta campaña. La estrategia del proyecto «modernista» del PSOE confrontado con otro que,

en opinión del PSOE, defienden todos los demás grupos del centro y la derecha.

 

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