Autor: Gállego, Vicente. 
   Responso por un diario     
 
 Ya.    25/04/1973.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Responso por un diario

Don Vicente Gallego dice en "A B C":

"Un periódico ai un ente existencial, con análogas glorias y pesadumbres del hombre, de quien es reflejo. Puede morir por caducidad, por haber agotado su ciclo o por descrédito nacido de tristes aventuras. La desaparición súbita y traumática de un órgano impreso produce un espasmo que sacude a la sociedad entera, no sólo a los lectores asiduos de la publicación.

"Madrid" era obra de don Juan Pujol, gran creador de periódicos. Lo fundó al terminarse la guerra civil, en 1939. La dio espíritu y fisonomía propios y concentró su talento en crear un diario bien informado y mejor escrito, que tuviera la amenidad como su más reverenciada musa. Sabía que la prensa vespertina tiene que ser mucho más ligera y alegre que la de la mañana, porque el lector llega fatigado al declinar el día y hay que informarle sin pesadumbres y no agobiarle con farragosos agobios doctrinales. Así hizo Pujol de "Madrid" un órgano amable, hostil a lo gárrulo y a lo pretencioso. Tuvo la preocupación de no herir a nadie. "Los enemigos—decía— nacen solos; no hay que crearse más."

La idea constante de su quehacer fue, pues, la amenidad. Bajo la rúbrica "Aquí Madrid" escribían a diarlo sendas y alegres crónicas el poeta Emilio Carrère y el sagaz periodista Francisco Serrano Anguita; ambos, ya desaparecidos, dan su nombre a sendas calles de nuestra ciudad. Carrère llegaba todas las mañanan a la redacción a entregar su crónica; iba en un taxi, al que le hacía esperar. A veces, entretenido en charlar con el director, cuando regresaba al coche, marcaba el taxi más de lo que cobraba por la crónica. Es que Pujol poseía el arte de la conversación, del mismo modo que tenía el secreto de la grada periodística, clave de su éxito.

La suerte de los periódicos, como la de los individuos, depende a veces de los azares geográficos. Otras, su sino es más profundo y laberíntico, como el de "El Debate", diario católico que se editaba en Madrid y fue la obra ainada de don Ángel Herrera, sucesivamente abogado del Estado, director de "El Debate", sacerdote, obispó y cardenal. Este diario murió airadamente en las primeras horas del Alzamiento Nacional y vio su casa Invadida y profanad» por el comunismo. Posteriormente, su publicación no fue autorizada cuando sonaron los clarines de la paz.

En su habitación circunstancial de un hotel de Alemania, se vio asaltado don Juan Pujol por una cruel parálisis. Hubo que trasladarle penosamente a Madrid, donde se le prestaron máximos cuidados, y él mantuvo la esperanza dé curación, acaso para confortar a sus familiares. En este doloroso declinar, "Madrid" cambió de propiedad, de tendencia Ideológica y de equipo dirigente. Ya no era el fruto de las Ilusiones y de la maestría de su fundador. Los vientos soplaban por distinto cuadrante. Pero esos tiempos no los conoció ya Pujol; tuvo la fortuna de no ver el dramático fin de su gran obra profesional, de no asistir al ocaso y muerte de "Madrid".

 

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