Autor: López Quintas, Alfonso. 
   Manipulación y debates     
 
 Ya.    17/06/1986.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Manipulación y debates

TODOS cuantos, cargados de razón, esperábamos que al llegar la democracia se discutirían a fondo y en

público los grandes problemas, se haría una labor critica de la gestión pública y se evitaría así la

corrupción, estamos profundamente decepcionados. Nunca se debatieron menos las cosas que ahora, y

cuando se hacen criticas serias de algún procedimiento, los responsables adoptan una de estas dos

actitudes, a cada cual más estéril y cínica: o hacen oídos sordos, con gesto displicente, o se resuelven para

convencer a la gente a través de los grandes medios de comunicación de que los críticos son personas

malévolas y falaces.

Algunos programas radiofónicos y televisivos intentaron y siguen intentando montar diálogos. En ciertos

casos se trata de pretextos para airear ciertas ideas, ofrecer ocasión propicia a unos personajes para

mejorar su imagen ante el gran público y dejar a otros en situaciones precarias. A veces, durante los

coloquios, puede observarse que algún coloquiante no atiende siquiera a lo que dicen los demás, se halla

sólo pendiente de la imagen que está ofreciendo al oyente o al espectador. Da la impresión, a juzgar por

declaraciones de diversos políticos, que se considera suficiente haber obtenido los votos necesarios para

poder gobernar. Una vez en el poder, el pueblo no es actor, sino mero espectador sufrido de cuanto los

elegidos decidan hacer y decir.

ALFONSO LÓPEZ QUINTAS

En estos días preelectorales, diversos políticos han relado a otros a debatir en público la cuestiones de

interés general. Algunos medios de comunicación han manifestado su deseo de que tales debates se

celebren y lamentan la inhibición de los responsables. Pero apenas han abordado un punto decisivo;

porque hasta ahora todas estas voces han clamado en el desierto. Voy a prestar mi colaboración

intentando esclarecer este asunto.

Parece que la meta a conseguir es el poder, y el poder se logra cuando se consigue presentar al pueblo una

buena Imagen. La imagen en buena medida es una apariencia. Es la opinión que el pueblo se forma de

una persona. De ahí la primacía que se concede hoy a la labor de maquillaje, que se confía a especialistas:

los configuradores de imagen y forjadores de líderes.

Para modelar una imagen y presentarla de forma sugestiva al pueblo, se echa mano con frecuencia de las

diversas formas de manipulación del hombre a través del lenguaje.

La manipulación es tan eficaz como facilona y poco arriesgada. El demagogo es lo suficientemente astuto

par vencer al pueblo sin necesidad de convencerlo, y, a la vez, persuadirlo de que está promocionando su

libertad y dignidad. El manipulador

monta la batalla en el terreno escogido por él, que es el de la tergiversación de los hechos a través del

abuso del lenguaje, y se mueve en solitario, recorre impávido su camino, seguro de su fácil victoria. No

admite confrontaciones de ninguna dase, sobre todo con personas bien preparadas, que podrían poner sus

trucos al descubierto. Un manipulador es un Ilusionista de la Inteligencia que opera con trucos.

Nadie que conozca la situación actual española negará que desde tees algún tiempo se viene necesitando,

como el pan, una serie de debates públicos que arrojen luz sobre la grandes cuestiones de la política y

sobre algunos puntos oscuros que enturbian la convivencia ciudadana y no permiten proyectar el Muro

con conocimiento de causa. Ciertos problemas relativos a alguna o algunas autonomías, las afinidades y

discrepancias entre algunos partidos, la división de competecias entre el Gobierno y algunas instituciones

por ejemplo, las responsables de la educación de los niños y jóvenes-, la justificación de ciertas leyes que

alteran la concepción de la vida humana, estas y otra muchas cuestiones reclaman una pronta y radica]

claricación. El pueblo asiste perplejo declaraciones aisladas, siempre tu forma de monólogo, sobre un

tema y otro, pero no tiene jamás ocasión de ver estas opiniones confrontadas de forma serena y

concienzuda, propia de profesionales. Todo se reduce a una gran feria de vanidades e intereses, en la cual

se ve el ciudadano asediado por quienes no tienen otra afán de colocarle la mercancía.

Ante este ejemplo bochornoso de inautenticidad, uno- se pregunta inquieto por las causas. No avenirse a

realizar debates auténticos -algo que hoy es costumbre en los países más avanzados y que obviamente

viene exigido por el bien comúntiene que estar determinado por alguna razón poderosa. Para mi o hay

duda. En un clima propicio a la manipulación, los debates són huéspedes indeseados e indeseables. Puede

convertirse en un dique frente al torrente que conduce, inexorable, impetuoso y feliz, hacia el triunfo.

 

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