Autor: Sinova, Justino. 
   La maldad política     
 
 Diario 16.    19/06/1986.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

La maldad política

Justino Sinova

FEDERICO Carlos F Sainz de Robles es un señor educado que demuestra cultura de sobra y que sabe ha-

blar sensatamente de cualquier cuestión política. Fernando Castedo es un abogado del Estado que conoce

muy bien la Administración y que tiene larga experiencia en la función pública. Ambos carecen de

maldad.

Alfonso Guerra y Miguel Herrero, en cambio, son dos malvados de la política, que se diferencian, no

obstante, por sus métodos.

Guerra suple sus carencias evidentes presumiendo todo lo que puede, negando alegremente lo que no le

gusta y hablando con desparpajo siempre un poco más que sus contrarios. Guerra nunca tiene

contertulios; pronto los conviene en contrarios.

Herrero ha añadido a su cuidada formación y a su cultura acidez dialéctica y una capacidad insólita para

la prestidigitación. Cuando menos se lo esperan todos saca un papel comprometedor. El martes respondió

así varias veces a Guerra, que estaba empeñado en negarlo todo.

Primero enseñó dos ejemplares de un mismo acta de Consejo de Ministros, entre los cuales había la

diferencia de ochocientos millones de pesetas. Luego leyó una frase escrita —firmada, al menos— por

Guerra en la introducción de un libro sobre el futuro del socialismo, que se convirtió en un torpedo con

cabeza nuclear contra el vicepresidente.

Merece la pena recordar la frase: «¿Cómo podemos actuar para avanzar hacia una situación en donde se

garanticen los principios y ¡os valores democráticos que han hecho posible la libertad, una cierta igualdad

y una cierta dignidad humana? ¿Qué hacer para conseguirlo ante tantas perspectivas plenas de cambios y

de interrogantes? ¿Qué hacer? Mi respuesta concreta, concretísima, es: no lo sé.»

Guerra reaccionó como si le hubieran dado un puntapié en la boca del estómago. Se puso verde por un

instante. Y, ya lanzado, incapaz de replicar los datos de Herrero con datos, acabó acusando a todos

prácticamente de las corrupciones del anterior régimen y de querer la vuelta al pasado, cosa que un es-

pectador atento no habría podido colegir.

La maldad de Guerra sólo puede ser contestada con la maldad precisa de Herrero. Sainz de Robles y

Castedo habrían hecho mejor marchándose en protesta testimonial por el espectáculo. Habría sido la

mejor manera de expresar lo que intentaban decir con las palabras, que hay necesidad de un nuevo

cambio: la llegada al poder de los caballeros.

 

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