Autor: Álvarez, José Luis. 
   Dos a cero     
 
 Ya.    08/06/1986.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Domingo 8 de junio de 1986

TRIBUNA ELECTORAL

Dos a cero

JOSÉ LUÍS ALVAREZ

EN estas elecciones, convocadas coincidiendo con el Mundial de Fútbol, hay que adaptarse a las

circunstancias y buscar titulares atrayentes. Por eso hablamos de -dos a cero», aunque me refiera no a

México, sino a España, y no a los partidos, sino a los debates televisivos.

Quizá porque Felipe González ha rehusado tener un debate con el jefe de la oposición de toda la

legislatura, y con el que tuvo los debates sobre el estado de la nación en el Parlamento, nos han

concedido, algunos debates sectoriales, en los que una de las partes, el Gobierno, ha elegido el arbitro (el

moderador), su representante, y lo que es más sorprendente, ha tratado de elegir también a la otra parte.

A pesar de eso, se han celebrado dos debates para los que el PSOE ha seleccionado a dos de sus

"estrellas", los ministros Maravall y Ledesma, y van perdiendo dos a cero. Lo malo es que como sigamos

así no volvemos a ver un debate en televisión mientras los socialistas manden.

Primer debate

En el debate sobre bienestar social, entre Maravall, el ideólogo del PSOE, y Verstrynge, coincidió toda la

prensa en que ganó claramente el aspirante. Maravall, después de condenar, de entrada, el dogmatismo

como opuesto a la política democrática, se dedicó a intentar dogmatizar y descalificar a sus adversarios

políticos. Pero Verstrynge fue, serenamente, desmontando todas sus teorías generales con la realidad

práctica. Mientras Maravall hacía afirmaciones sin pruebas, Verstrynge daba datos y hechos, y de ellos

sacaba conclusiones, no teorías. Mientras Maravall hacía demagogia trasnochada con los ricos y los

pobres en una sociedad como la nuestra de hoy, en que más del 80 por 100 son clases medias, Verstrynge

mantenía actitudes mucho más modernas y europeas sobre la educación, la sanidad y ios servicios

públicos, y se preocupaba, con soluciones prácticas, mucho más de los pensionistas, de los débiles, de los

jóvenes y de los desempleados que el social Maravall, que aparecía desconocedor y alejado de la realidad

e instalado en los niveles de la prepotencia. Y mientras el ministro daba datos no ciertos, como las cifras

de plazas escolares creadas

por el Gobierno socialista, o se atribuía la escolarización tnlal en EGB, cosa que sucedió en 1980, siendo

ministro de UCD José Manuel Otero, Verstrynge daba datos ciertos que el ministro ni supo ni pudo

rebatir. Total, uno a cero.

El segundo debate, entre Ledesma y Alzaga, sobre las libertades y la seguridad, fue también muy claro.

Frente a un ministro dogmático y crispado, que cantaba las excelencias de su gestión sin el menor sentido

de la crítica, tuvo a un oponente tranquilo, moderado sin dejar de ser crítico, que daba tantos datos que el

•arbitro- tuvo que ¡ntentarque no los diera para dejar al ministro respirar. Hay que reconocer que el pape!

de Ledesma era difícil, porque no hay quien se crea que ha mejorado la seguridad pública, que se ha

mantenido la independencia judicial o que las cárceles funcionan. Pero Alzaga le fue poniendo ante sus

errores, sus leyes productoras de mayor delincuencia, la pérdida de la seguridad en la calle o en los

tribunales, sin que el ministro contestara a nada. Y de eso se dio "cuenta todo el mundo. Alzaga no tuvo

más remedio que recordarle que parecía contestar por el método Ollendorf, y el ministro reconoció que sí,

que él hablaba de lo que llevaba preparado, no de lo que le preguntaban. Es decir, que no quería el debate,

sino el soliloquio al que la televisión oficial les tiene acostumbrados. Cómo sería, que el árbi-

tro, que interrumpía siempre a Alzaga y nunca a Ledesma, tuvo que ha-cerle ver que estaba en un debate

y que el tiempo era de los dos.

Y volvimos a ver la escena del primer debate: el ministro haciendo afirmaciones sin demostrar, mientras

el oponente daba pruebas y hechos que no se refutaban con ditos de la memoria del fiscal del Estado,

elegido por el Gobierno, o con estadísticas oficiales.

La situación llegó a su cénit al tratar de la droga y de la libertad de expresión. El ministro, que hizo las

leyes de 1983 que rebajaron las penas a los traficantes y puso en la calle a los delincuentes, no supo que

decir cuando Alzaga le hizo ver qut ya que la responsabilidad de miles de delitos y la conversión de

España en un paraíso para la droga tenían su causa en sus leyes, ante ello lo lógico era haber dimitido.

Que no bastaba con hacer una contrarreforma, realizada en la ley de Enjuiciamiento Criminal, y

prometida y no cumplida en la regulación penal de la droga, sino que cuando los errores eran tan grandes,

en la democracias, te. Ante ello, el ministro habló de otra cosa.

Y cuando Alzaga habló con claridad de cómo se maneja la Televisión por el PSOE, Ledesma salió por ios

cerros de Ubeda y no hubo manera de que hablara de ello, probablemente porque no podía decir nada Le

echó un capote el -arbitro- en nombre de los profesionales. Pero el asunto no iba contra ellos, sino contra

la dirección política de Televisión, que todos sabemos quién ostenta y quién detenta.

Con suavidad, con educación., quizá sin querer rematar al pugil que esquivaba el cuerpo a cuerpo, quedó

bien claro quién había ganado el segundo asalto. Dos a cero. Si eso ha sucedido con las dos -estrellas del

grupo del PSOE, y jugando re. se campo, qué no sucedería si el campo fuera neutral y se jugara la liga

completa. Pero eso no lo verán nuestras ojos. Aunque espero que a los españoles, que se enteran bien, les

habrá bastado para saber cuál ha sido de verdad la gestión del PSOE.. juzgando por dos de los que ellos

consideran sus mejores ministros.

José Luis Alvarez os vicepresidente nacional del PDP.

 

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