El Rey, en la jura de bandera en Almería. 
 "Sólo con la unidad podremos conquistar nuestro futuro"     
 
 Informaciones.    13/03/1978.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

EL REY, EN LA JURA DE BANDERA EN ALMERÍA

«SOLO CON LA UNIDAD PODREMOS CONQUISTAR NUESTRO FUTURO»

ALMERÍA, 13 (INFORMACIONES Y EFE).

ESA bandera que nos preside ha de ser el símbolo de una unión que no me cansaré de exaltar y de pedir en todos los lugares y en todas los ocasiones. Unión de los que mandan y de los que obedecen, en aras de una disciplino indiscutible en la milicia. Unión del Ejército de Tierra con los de Mar y Aire. Unión de las fuerzas armadas con el pueblo del que proceden, y por cuya seguridad han de velar. Sólo con este sentido de unidad podremos conquistar nuestro futuro.» Esto dijo ayer el Rey don Juan Carlos en el acto de jura de bandera en el campamento Alvarez Soto-mayor, en la localidad almeríense de Viator, acto que presidió junto con la Reina doña Sofía.

Poco antes de las once de la mañana, en vuelo directo desde el palacio de La Zarzuela, llegaron al campamento, en dos helicópteros, los Reyes, acompañados del vicepresidente del Gobierno y ministro de la Defensa, teniente general Gutiérrez Mellado. Fueron recibidos por el capitán general de la IX Región Militar.

Inmediatamente se trasladaron en coche hasta el centro del campamento, en donde el Rey, que vestía uniforme de capitán general del Ejercíto de Tierra, acompañado por la Reina, subió a un podio, desde el que escucharon el himno nacional.

Finalizada la misa, las banderas ocuparon su sitio de honor y el general gobernador militar de la plaza de Almería tomó juramento a los 4.020 reclutas del primer llamamiento del reemplazo de 1977, y a continuación se procedió al tradicional ceremonial de la jura de bandera.

Terminado éste, el coronel del C.I.R. 6, Emilio Rodríguez Raposo, pronunció una arenga.

PALABRAS DEL REY

Seguidamente, Su Majestad el Rey pronunció las siguientes palabras:

((Soldados: Al expresaros mi felicitación cordial, porque en el día de hoy, con vuestro juramento, habéis obtenido la honrosa condición de soldados, me felicito también a mí mismo por estar presente en este acto solemne y emotivo, que constituye un momento trascendental de la vida militar, a la que tan entregado me siento siempre.

Habéis llegado a este centro de instrucción desde las diferentes regiones españolas. Vuestra formación es diversa, y diversos son, sin duda, vuestros sentimientos, vuestros ideales y vuestras preocupaciones. Pero todos debemos fundirnos en un afán común de servir a España. ¥ ahora, bajo la bandera que acabáis de besar, dentro del compañerismo de las fuerzas armadas, podéis tener el orgullo de constituir la garantía de la seguridad de la Patria que esa gloriosa enseña representa y simboliza.

por ella se justifican los mayores sacrificios. Por ella es preciso desterrar el egoísmo de cada ano para entregarnos, en cambio, a la consecución del bien común.

Esa bandera que nos preside ha de ser el símbolo de una unión que no me cansaré de exaltar y de pedir en todos los lugares y en todas las ocasiones. Unión de los que mandan y de los que obedecen, en aras de una disciplina ineludible en la milicia. Unión del Ejército de Tierra, con los de Mar y Aire. Unión de las fuerzas armadas con el pueblo del que proceden y por cuya seguridad han de velar.

Sólo con ese sentido de unidad podremos conquistar nuestro futuro.

Yo pido a Dios que aleje de nosotros la necesidad de que para defender la bandera nacional, como habéis prometido, sea preciso derramar hasta la última gota de nuestra sangre. Pero no olvidéis que

a la bandera y a la Patria se las defiende y se las sirve también en la lucha y en la actividad de todos los días; velando por la tranquilidad de nuestros conciudadanos, por la defensa de nuestras familias, por la conservación de nuestras glorias, de nuestras tradiciones y de la unidad e integridad territorial española. Se la sirve también con el trabajo firme y la dedicación a nuestros deberes; con la decidida aspiración de conquistar un porvenir de felicidad en el que puedan vivir en paz nuestros hijos, los hijos de nuestros hijos y cuantas generaciones hayan de escribir a través de los años la Historia de esta España inmortal.

Con esa esperanza, con la segundad de que cumpliré, fielmente vuestro juramento soldados, gritad conmigo: ¡V va España!»

Por último, las fuerzas que habían rendido honores y lo cuatro mil reclutas que habían jurado bandera desfila ron ante Sus Majestades, el medio de los aplausos y vitores de las casi quince mil personas que presenciaron e emotivo y brillante acto de la jura y que durante todo e: tiempo que los Reyes de España estuvieron en el recinto campamental les hicieron objeto de vivas muestras de cariño, simpatía y afecto.

En el «Hogar del Soldado» del campamento, los Reyes, el ministro de la Defensa, el capitán general y las restantes autoridades civiles y militares departieron durante largo rato y en el transcurso de un vino de honor, con los soldados, en un simpático y grato acto de convivencia y confraternidad.

A la una y media de la tarde los Reyes de España volvieron en helicóptero a su residencia en Madrid, en el palacio de La Zarzuela, acompañados del teniente general Gutiérrez Mellado.

 

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