Autor: Fernández, Julio. 
 Asturias: del Principado al protectorado /1. 
 Regionalismo de clase frente a la dependencia económica     
 
 El País.    14/11/1980.  Página: 58-59. Páginas: 2. Párrafos: 53. 

Asturias: del Principado al protectorado

El Principado de Asturias padece una situación de protectorado respecto al poder central. La desescalada económica de la región, una de las potencialmente mejor dotadas del Estado español, ha sumido a sus más de 1.100.000 habitantes en una situación de dependencia que reviste las características de una sutil forma de colonialismo vergonzante, que —como se señala en los medios intelectuales de la región— «si en un principio parece respetar las peculiaridades ajenas y salvar de la bancarrota a la colectividad así dominada, constituye, de hecho, una forma de control de corte paternalista sobre los patrimonios protegidos por la deserción de los grupos a los que históricamente les correspondería las responsabilidades que ahora monopoliza la centralidad para proteger los intereses de las clases privilegiadas».

En este contexto, como han podido constatar los enviados especiales de EL PAÍS a Asturias, el Estatuto de Autonomía para la región centra el debate político entre las fuerzas parlamentarias, a propósito de la participación de la región en las empresas públicas que sustentan su economía.

Regionalismo de clase frente a la dependencia económica

JULIO FERNANDEZ, Asturias ENVIADO ESPECIAL

Quizá constituya Asturias el prototipo de incidencia de la crisis económica que afecta al mundo occidental en los últimos años. Desde 1975 a 1977, la región pasa del sexto lugar en la ordenación provincial española, según la renta per cápita, al veinte, o por debajo de la media estatal. El producto interior bruto (PIB) regional apenas supera un crecimiento del 200% en este periodo, mientras en su conjunto lo hace en más de un 245%; el número de empleos crece un 0,13% de 1955 a 1975, creciendo en el conjunto estatal en un 11,59%, mientras que la diferencia más grave se registra en el sector industrial, donde Asturias pierde un 2,3% y España crece en más de un 66%.

Es decir, el crecimiento del PIB regional no supone el mismo nivel de aumento en el número de empleos que el respectivo en el conjunto estatal. Si tenemos en cuenta que el valor añadido neto por empleo en Asturias pasa de estar por encima de la media del conjunto del Estado a estar por debajo se deduce que la disyunción número deempleos-PIB no redunda en una mayor eficiencia por empleo.

De manera esquemática, los principales aspectos del esqueleto de la economía asturiana, caracterizada por extremos desequilibrios intrasectoriales, intersectoriales y espaciales, pueden concretarse en los siguientes términos:

En el sector industrial, que ocupa el 37% de la población activa y genera el 52% del valor añadido bruto (VAB), se registra un elevado peso de las actividades productoras de bienes de consumo industrial, es decir, producciones que necesitan pasar por sucesivas fases ulteriores de transformación para ser considerados productos terminados. Estas actividades representan dos tercios aproximadamente de la producción industrial, lo que supone que en su mayor parte han de salir de la región para ser completado su ciclo productivo.

Si se considera que estas actividades son las más costosas por puesto de trabajo creado y de escasa rentabilidad, además de sus costes sociales en contaminación y saturación del suelo industrial y sobreutilización del equipamiento colectivo, se puede concluir que Asturias no rentabiliza su esfuerzo productivo industrial.

No obstante, la principal característica de la economía asturiana es su dependencia de la empresa pública, centrada fundamentalmente en los casos Ensidesa y Hunosa. En su conjunto, el sector público representa casi la mitad del VAB industrial de Asturias, dando empleo a un tercio de la población activa regional. La inversión pública en Asturias supone aproximadamente dos tercios de la inversión total.

Como elemento característico de la empresa pública —generalizado al ámbito estatal- aparece su gestión subordinada en función del principio de subsidiariedad a los intereses privados. Por su peso en

la economía regional, esta circunstancia supone que gran parte del esfuerzo productivo asturiano es dependiente de intereses minoritarios y privados.

Y es esta última consideración la que puede resumir y calificar la situación de la economía asturiana como de dependencia de intereses ajenos a la región. Esta dependencia se identifica con la idea de protección que antes se apuntaba y ante la que se erige el sentimiento regionalista que se afianza en los distintos sectores de la actividad asturiana.

Regionalismo de clase

La ausencia de una burguesía empresarial regionalista, similar a la que en el País Vasco se conforma en torno a un partido de carácter nacionalista como el PNV, vacía de contenido nacionalista el regionalismo asturiano. La dependencia económica asturiana del poder central tiene su origen en la deserción de la derecha regionalista ante las responsabilidades económicas que en el proceso de desarrollo español le habría correspondido.

De otra parte, la ausencia de una cultura autoctona, una region sin fueros ni tradiciones y sin instituciones autónomas arraigadas en el pueblo, imposibilitan la existencia de un sentimiento regionalista que no tenga su origen inmediato en una concreta situación socioeconómica.

De esta manera, «cristaliza un regionalismo de clase que nunca puede ser un regionalismo diferenciador como el que registran otras zonas del Estado, que conforma un vasto movimiento de protesta que trata de recuperar el grado desarrollista del que paulatinamente se ve descabalgado por la desacertada política del centralismo capitalista y monopolista de un Estado que nunca se ha parado a valorar la rentabilidad política, económica y social del país en función de la valoración, la transformación y la utilización regional de los recursos regionales».

Así, como señalan los medios económicos y culturales más concienciados ante la situación, se ha fomentado un colonialismo interno mediante el sistemático sacrificio de ciertas áreas geográficas en base al principio del máximo beneficio, el mínimo coste y satisfaciendo el precio de esta operación las regiones menos desarrolladas.

Con todo, la experiencia asturiana ni siquiera es comparable con el caso andaluz, donde la política estatal ha acentuado hasta límites de miseria el subdesarrollo que caracterizaba a esta región, sino que, por el contrario, se ha convertido a la Asturias desarrollada que en época no muy lejana constituía la región en una Asturias deprimida que toma conciencia de su declive socioeconómico y reivindica un sentimiento regionalista para recuperar su pasado.

Y es en este punto donde las fuerzas vivas de la región muestran mayor preocupación ante la conformación práctica que dicho sentimiento regionalista encuentre en el contexto del nuevo Estado democrático. Se es consciente del peligro que corre la región de ver re-conducido su incipiente regionalismo, si no por la vía de un folklorismo que no hace al caso, por la vía del regionalismo tecnocrático.

El sentimiento al respecto generalizado en las fuerzas políticas de izquierda es expresado por el escritor asturiano Juan Cueto como el temor a que se intente buscar únicamente soluciones económicas y administrativas a la crisis asturiana, dado que «no es improbable que Asturias sea escogida por los reformistas como conejillo de Indias de un regionalismo pasado por agua, desprovisto de su verdadera carga política y que no atente contra el mito de la unidad nacional tal y como lo entienden los totalitarismos derechistas».

Contenido político

Esta sospecha se ve favorecida por la ausencia de cualquier atisbo de separatismo en la colectividad asturiana. Juan Cueto añade que, en este sentido, es todo un elemento a tener en cuenta el que desde las instituciones oficiales asturianas ya se hable con cierto desparpajo de la necesidad de un regionalismo.

Desde esta perspectiva, las fuerzas de izquierda asturianas mantienen el empeño de dotar de contenido político el sentimiento regionalista que reivindica desde la recuperación económica hasta la afirmación del bable. La lucha, pues, trata de enmarcarse en un contexto político, pues político se considera el origen de la declinante situación socioeconómica que sirve de aglutinante al regionalismo que trata de superar la dependencia proteccionista en la que hoy se encuentra sumida Asturias."

Una economía en declive.

El valor de la producción total generada en Asturias en el año 1975 ascendía a 345.306 millones de pesetas, de los cuales 231.155 millones procedían de la actividad industrial, 86.011 millones provenían de los servicios, y solamente 28.140 millones se originaban en el sector primario, según datos del informe elaborado por la Confederación Española de Cajas de Ahorros sobre «La economía asturiana ante la autonomía regional».

El producto interior bruto ascendió en aquel año a 160.072 millones de pesetas. La procedencia sectorial del PIB está fuertemente desequilibrada, dada la preponderancia del sector industrial sobre los demás. En valores porcentuales, la industria origina el 51,9% del PIB, mientras que los servicios generan el 38,4%, y el sector primario tan sólo el 9,7%.

La grave situación del sector primario viene definida por el hecho de que para obtener el 9,7% del PIB, ocupa al 26% de la población activa. Paralelamente, la participación del sector primario en el PIB está decreciendo en términos relativos, lo que revela el deterioro económico del sector:

La actividad agraria ha venido caracterizándose por registrar un porcentaje muy alto de población ocupada (algo más del 25%) que, por el contrario, sólo contribuye a la formación de la renta provincial en una reducida proporción (menos del 10%).

El problema fundamental que aqueja al sector agrario asturiano y constituye su principal estrangulamiento es el de un minifundismo acentuado. Según el censo agrario dé 1972, en Asturias existían 88.179 explotaciones agrarias y 811.242 parcelas, con una superficie media de menos de diez hectáreas por explotación, y de 1,1 hectáreas por parcela, indicadores muy por debajo del conjunto nacional, que se sitúan en 18,1 y 1,7 hectáreas, respectivamente, en el año mencionado.

No obstante la base estructural inadecuada, Asturias ocupa un destacado lugar como región productora de leche, madera, manzana, maíz y patata. Sin embargo, la dedicación regional a la producción láctea no está en relación con el potencial con el que cuenta la zona. También en este subsector agrario destaca la fragmentación productiva, siendo la característica principal la abundancia de explotaciones lecheras que no pasan de estar constituidas por dos o tres vacas, cuya producción media anual de menos de 10.000 litros representa el 50% de las explotaciones lecheras censadas en la región.

La inversión pública efectuada en la agricultura asturiana durante el cuatrienio 1968-1971 supuso solamente 286 millones de pesetas, cifra que viene a representar el 1,59% de la inversión del conjunto del país en el sector y que sitúa a Asturias en trigésimo lugar provincial.

Según datos de la Cámara de Comercio, la producción de leche en 1979 fue inferior a la de 1978 en un 1,2%, a la vez que las entregas a las centrales aumentaron en un 5,2%. La carne sacrificada en mataderos asturianos registró un avance del 1,3%. Hay que destacar el incremento de la carne de bovino

Un paro aún no "excesivamente preocupante9

Él número de parados en el segundo trimestre del presente año, considerado el total de activos a partir de los dieciséis años, edad mínima para el trabajo de acuerdo con el Estatuto de los Trabajadores, se elevaba a 33.800, lo que supone una tasa del 8% de la población activa

Este porcentaje, pese a reflejar la tendencia alcista que el número de parados viene registrando en los últimos años, no se considera aún excesivamente preocupante si se considera con el total nacional, situado en el 11,7%.

La distribución sectorial del paro muestra un acusado incremento del registro de personas sin empleo anterior, que ya representan el 35,8% del desempleo total. Los parados del sector industrial representan el 21,4% de la cifra total; el 25,9% corresponde a la construcción, y el 16,5%, a los servicios.

Por edades, el mayor número de parados se registra entre los veinte y los veintinueve años, con un 54,5% del total; los menores de veinte años sin empleo suponen un 29,2%, mientras que los desempleados de entre cuarenta y 54 años representan un 12,7%. Los mayores de 55 años en paro suman un 3,6%.

en un 9,5% y el descenso de la de porcino en un 7,5%.

En el sector pesquero las cosas ño marcharon mejor durante el pasado año. Los desembarcos en peso registraron una tasa anual negativa del 8,8%. El valor de la pesca desembarcada se aproximó a los 2.000 millones de pesetas.

Dentro del contexto económico regional, la industria es el sector más relevante, dado que en 1975 representaba el 52% del Valor Añadido Bruto asturiano. Su importancia se detecta también en el hecho de que Asturias es la primera productora de hulla, acero, espato flúor, aluminio, zinc y energía eléctrica.

No obstante, a lo largo de los últimos años, la industria asturiana registra un ritmo de desarrollo sensiblemente inferior que el obtenido por el conjunto del país, alcanzando, en el período 1960-1975, una tasa de expansión del 13,6% anual acumulativo, frente a un 17,4% a nivel nacional. La reestructuración de la minería del carbón y de la siderurgia, junto con el escaso grado de diversificación de la estructura sectorial, constituyen la explicación fundamental de ese menor ritmo de crecimiento.

El desequilibrio entre industrias básicas e industrias transformadoras es el factor que caracteriza al sector industrial asturiano.

Por lo que se refiere a la infraestructura viaria, Asturias continúa siendo una región aislada. Las comunicaciones por carretera y vía férrea se ven dificultadas enormemente por una orografía difícil, que tiene su máxima expresión en el puerto de Pajares.

En este sentido, el retraso que registran las obras de construcción de la autopista que comunicará Asturias con Castilla, cuyo coste adicional por cada año que supere los plazo previstos oscilará entre los 2.000 millones y los 4.000 millones de pesetas (véase EL PAÍS del pasado día 8), constituye una nueva preocupación para las esperanzas asturianas de ver comunicada su región con el resto del Estado.

En el capítulo de finanzas, la recaudación impositiva creció en 1979 a una tasa del 22,5%, mientras que los pagos presupuestarios lo hicieron al 24,9%. Del lado de los ingresos, destaca el crecimiento en un 28,6% del capítulo de impuestos directos, que contrasta con el más moderado del 13,7% de los impuestos indirectos.

Al concluir el año, los depósitos en las instituciones financieras arrojaban un saldo de 237.868 millones de pesetas, lo que supone un crecimiento anual de los mismos del 21,4%. Paralelamente, se produjeron cambios significativos en la estructura de depósitos, de forma que ceden terreno las cuentas a la vista y las de ahorro —las primeras en mayor medida que las segundas—, en beneficio de los depósitos a plazo que, tras un incremento del 30% en el año, llegan a representar el 40% del total de recursos ajenos de las instituciones financieras radicadas en Asturias.

En cuanto a la posible transferencia de fondos de la región al resto del Estado, la falta de datos sobre las cifras provinciales de crédito bancario distribuido no permite su determinación.

Sí se puede asegurar, sin embargo, que los recursos invertidos por las cajas en fondos públicos vuelve, en parte, indirectamente a la propia región a través del coeficiente de inversión obligatoria por la vía de las empresas públicas y compañías eléctricas ubicadas en Asturias.

Asturias, sin embargo, no ha sido una región desfavorecida por lo que se refiere a los intermediarios financieros que constituyen las entidades oficiales de crédito. Así, a finales de 1973, Asturias figuraba en segundo lugar en cuanto al saldo del crédito oficial por persona, que se elevaba en dicha fecha a un 219,44% sobre la media nacional. Hay que tener en cuenta que entre las líneas de crédito del Banco de Crédito Industrial, principal entidad inversora en la región, figuran los Polos de Desarrollo y la Acción Concertada, medidas de política económica ambas que han afectado a Asturias de manera notoria durante los últimos años.

Y, sin duda, donde más privilegiada resulta Asturias es en la inversión pública realizada directamente por la Administración central. Así, en 1973, la inversión realizada en la región representaba el 5,8% del total nacional, cuando en dicho año el valor añadido bruto generado en Asturias significaba el 3,3% del total nacional.

La empresa pública centra el debate sobre la autonomía

Aun cuando las distintas fuerzas políticas con implantación regional son conscientes de que el estatuto de autonomía, que habrá de posibilitar el gobierno autonómico del Principado de Asturias, no es la panacea para devolver a la región su grado de desarrollo anterior, es este proyecto de constitución regional quien centra los debates y expectativas de salida inmediata de la crisis económica que afecta a la región.

En este sentido, el consenso de las fuerzas de izquierda —PSOE y PCA— ha logrado un proyecto de estatuto de autonomía cuyo punto más conflictivo, por lo que se refiere al aspecto socioeconómico de la región, se centra en torno a su artículo 16, cuyo texto establece que:

«El Principado de Asturias propondrá al Gobierno las personas que hayan de formar parte de los órganos de gestión o administración de las empresas públicas del sector industrial implantadas en Asturias. Dicha propuesta cubrirá un tercio de la representación que en dichos órganos corresponda al Estado, organismos autónomos u otras entidades de derecho público que participen en las mismas, y se hará mediante terna motivada».

Sin pasar más adelante en el texto de dicho artículo, el grupo parlamentario de UCD ha presentado

una enmienda a la totalidad cuyo texto, como explica el presidente del partido centrista en Asturias, Emilio García Pumarino, defiende el principio de participación, pero no entra en la definición de la fórmula para posibilitar la presencia de la región en los órganos de decisión empresarial del sector público implantado en el Principado.

La enmienda ucedista se limita a afirmar que: «El Principado de Asturias participará en el sector público económico estatal radicado en su territorio, en los casos y actividades que procedan, de acuerdo con la legislación general del Estado». El resto del texto de la enmienda recoge el tercer párrafo del artículo en su redacción defendida por socialistas y comunistas, en el sentido de que el Principado podrá elaborar y remitir al Gobierno informes, estudios y propuestas relativos a la gestión de las empresas de dicho sector o a su incidencia en la socioeconomía de la región.

La concreción del PSOE, cuyo portavoz en la Comisión de Industria del Congreso, Pedro de Silva, viene manteniendo un duro enfrentamiento dialéctico con Industria a propósito, de la propiedad de la empresa pública, va más lejos aún y, en el segundo párrafo del artículo 16 del proyecto de estatuto, afirma que: «El Principado de Asturias emitirá dictamen preceptivo con carácter previo a la adopción por el Estado, organismo o entidades que tengan participación en dichas empresas, de acuerdos que impliquen modificaciones sustanciales en su estructura empresarial, financiera, industrial o de empleo, traslado de los centros de trabajo de las áreas geográficas de implantación o afecten significativamente a la socioeconomía de la región».

La oposición gubernamental a este planteamiento se sustenta sobre la base, defendida por el titular de Industria, de que la propiedad de la empresa pública, como sociedad anónima, es su accionariado, y mientras el Principado de Asturias no participe del mismo no podrá estar presente en su consejo de administración..

En este sentido, abunda el criterio del presidente de Hunosa, José Manuel Fernández Felgueroso, quien asegura que, dentro de la Constitución, Hunosa está dispuesta a posibilitar hasta el límite la participación en su gestión. «Pero, mientras las empresas sigan rigiéndose por la ley de Sociedades Anónimas, la participación viene definida por su propiedad».

En cuanto a las alternativas a la situación económica, al margen de las esperanzas depositadas en el estatuto de autonomía, los planteamientos de principio pueden parecer coincidentes entre los dos partidos mayoritarios de la región, en cuanto a la necesidad de impulsar la reindustrialización que active la economía asturiana y le devuelva el grado de desarrollo perdido.

No obstante, mientras los planteamientos ucedistas irían más por la constitución de una sociedad de desarrollo industrial para la región —«no queremos que se socialice Asturias», dice García Pumarino, «sino ir a una economía mixta, con presencia de la iniciativa privada, impulsada por la actuación en punta de la inversión privada»—, Pedro Silva explica que la salida socialista a la crisis pasa irrenunciablemente por la creación de un sector público regiona-lizado.

La fórmula socialista se desarrollaría en torno a un posible instituto de fomento regional, constituido al amparo del estatuto de autonomía.

 

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