Autor: González Muñiz, Antonio José. 
   Breve, pero dramática sesión     
 
 Ya.     Páginas: 1. Párrafos: 11. 

• Breve, pero dramática sesión. Por cuanto se dijo. Por cuanto se pensaba. Por cuanto no se quiere para España. El estado emocional en que se encontraban sos señorías llevó, como prudente medida, a levantar la sesión en señal de duelo por la muerte alevosa del Joven policía don Juan Antonio Fernández Gutiérrez. La tarea legislativa impone serenidad. Sus señorías no estaban ayer serenos.

• El señor Puig Maestro-Amado, que abrió el turno de oradores para condenar los ocios violentos, es hombre fácil al buen humor, que no está reñido con la responsabilidad legislativa. Ayer estaba emocionado. A punto de saltársele las lágrimas. "No me da vergüenza llorar como hombre", dijo. Se le escuchaba en un estremecedor silencio. El silencio estremecedor de la primera parte de la sesión imponía.

• El señor Puig Maestro-Amado, en función de periodista-parlamentario, describió, con acento humano, la muerte de un joven de veintiún años de edad, hijo de un minero, caído en acto de servicio en la conmemoración de la fiesta del Trabajo. La oratoria castrense del general De la Torre Galán—teniente de la Legión el 17 de Julio de 1986 y el hombre que con su grito "¡A mí la legión!" iniciaba en Melilla el Alzamiento Nacional—puso patetismo con recuerdos históricos aleccionadores.

• Los señores Gallegos Romero, Carozo Hernández, Satrústegui Aznar, "hombres que no hemos hecho la guerra, pero que disfrutamos de la paz", abaron mis voces para condenar violencias, vengan de la derecha o vengan de la izquierda. Señalaban la inquietud del pueblo español. Pedían remedios urgentes para que la convivencia no se quiebre.

• El señor Alonso Sánchez-Lombas, presidente de la Diputación de León, se emocionaba y ponía emoción en la sala, al agradecer aquel homenaje al joven policía leonés a quien se estaba honrando con un acto de urgencia postumo. "No estamos dispuestos—decía—a que se altere la pos que tanto nos costó. No nos valen el tratar de alzar viejas banderas vencidas y enterradas para sembrar la discordia entre los españoles."

• La paz social—decía con noble indignación el señor Pedrosa Latas—no reposa en el orden público, pero es evidente que él orden contribuye a la paz y éste puede quebrarse sin remedio si aquél se altera en demasía. Es menester, subrayaba, que al mismo tiempo nos cuidemos de impregnar de confianza ideológica y de idealismo político, en el servicio de la justicia social, a las Instituciones del Estado y del Movimiento.

• Basta de cantos elegíacos, decía el señor Serrats Urquiza (don Salvador). Puesto que reiteradamente—y ponía energía en su voz, reforzando sus palabras—manifestamos nuestra sorpresa y condena por los actos violentos y no recibimos la seguridad que el pueblo y sus representantes consideramos irrenunciables, propongo que la Comisión eleve al presidente de las Cortes la propuesta de designación de una comisión Informativa y de encuesta sobre el orden público.

• Una comisión informativa y de encuesta, que, previo el estudio preciso, redacte una, memoria y se eleve a la presidencia a los efectos oportunos. Asi el pueblo español, sensibilizado, tendría conciencia de que las Cortes son su imagen y que desean colaborar con el Gobierno en un acto de servicio más. Aquello que preocupa al pueblo nos preocupa a nosotros.

• El presidente de la Comisión, señor Labadie Otermín, se sumó a todas estás manifestaciones. La paz, dijo, está tratando de ser alterada por los enemigos de España. Constaran en acta las muestras de pesar y se dará cuenta de cuanto se dijo en la sesión al presidente d« las Cortes para que lo «leve al Gobierno. No a la violencia. No a romper la paz y la convivencia entre los españoles.

• Después, a propuesta del señor Puig Maestro-Amado, todos los presente», puestos en pie, guardaron un minuto de silencioso duelo. "Mientras—dijo el señor Puig—, que cada uno rece por el alma del policía muerto." Patético silencio. Emocionante silencio. El silencio era la mejor repulsa, era una carga emocional que obligó a suspender la sesión unos minutos.

• ¿Quién tenía ánimo de discutir preceptos de una ley? Aprobado el articulo décimo, el señor Pedrosa Latas, ante aquella situación sin serenidad legislativa, apesadumbrada, propuso, y se aceptó, levantar la sesión. Dolían unos sucesos. Fue una breve, pero dramático sesión.

 

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