Autor: Hermosilla, Ramón. 
   Las policías autónomas     
 
 ABC.    17/07/1981.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Las Policías autónomas

Confieso que no sé dónde empieza la realidad y dónde termina la entelequia en el proceso de «racionalización» de las autonomías propuesto por la Comisión de expertos; como tampoco creo que nadie conozca hastá qué puntos o extremos el informe en cuestión va a servir de guía para la política autonómica que ha de seguirse de ahora en adelante.

Lo que sí sé es que uno de sus aspectos más delicados, que es el de las Policías autónomas, ya ha entrado, por lo que -a los vascos se refiere, en su proceso de organización concreta y que los dos boletines oficiales, el del «Estado Español» y el del «País Vasco», han recogido las convocatorias para las plazas de jefes, oficiales y contingente que conformarán de un modo físico y real la existencia de los modernos «gudaris», cuerpo que en la última guerra civil fue empleado como tropa regular combatiente.

Los estudios y las conversaciones acerca del tema autonómico van, pues, por un lado entre apacibilidades contemporizadoras o tensiones distanciadoras; pero el hecho es que por otro lado cada día queda apretada una tuerca más de la maquinaria autóctona. El cuerpo armado del novísimo Estado vasco desfilará pronto al son de sus chirimías, bajo su ikurriña, con sus uniformes, y quedará así diferenciado aquel pedazo de la tierra española del resto del territorio nacional. Quedará diferenciado en uno de los aspectos más concretos, visibles y conflictivos, que es el que tiene que ver con el orden público, la regulación urbana del tránsito y el movimiento de vehículos y personas por las redes viales.

Con todo esto quiero señalar que se acentuará aún más la sensación que se quiere poner en nuestro ánimo de que entrar en el territorio vasco es como cruzar una frontera no ideal que separa a una nación de otra.

Ya he dicho en otros sitios cómo a mí me pareció siempre que el proceso autonómico, tal como había sido concebido y estaba siendo realizado, conducía a la exaltación de sentimientos de insolidaridad entre las diversas zonas geográficas españolas; que promocionaba realmente el sentimiento insolidario de unos frente a todos los demás, ya que era lógico que en la escala de prioridades figurasen los Inmediatos de la aldea sobre los generales del común.

Pues bien, estas manifestaciones externas que ocurren confirman aquel pronóstico y configuran una realidad: la unidad española, desprovista de solidaridad entre todos los connacionales, que es uno de sus ingredientes básicos, se está convirtiendo de hecho en pura abstracción, en un concepto meramente intelectual; que la dinámica de los hechos reales y de las insolidaridades palmarias puede aventar de un soplo del alma de los españoles.

Algunos pensarán quizá que los temores son exagerados. Se dice por ahí que las Policías autóctonas son algo así como elementos sentimentales, de tono o ámbito más bien ornamental, simples coadyuvantes en tareas que se reservan a las fuerzas nacionales de orden público. Pero no es así. El Estatuto Vasco no ofrece dudas: el régimen de la Policía autónoma para «el mantenimiento del orden público dentro del territorio autonomico» corresponde a las instituciones del País Vasco, dice textualmente el Estatuto.

Bien, se me dirá todavía; pero, ¿en caso de una algarada descomunal, cuando se trate de reprimir una acción de guerrillas o un motín con barricadas en las calles?... Pues en tal caso, si el Gobierno Vasco lo entiende necesario, a solicitud suya, podrán intervenir los servicios policiales de carácter extracomunitario y supracomunitario.,

La intervención no cesará cuando lo dispongan los mandos de estos Cuerpos o el Gobierno de la nación, sino cuando lo crea oportuno el Gobierno vasco.

Cuando empezó este proceso de las autonomías dijo un ilustre hombre público, hoy ya retirado por su avanzada edad, que la forma más gráfica de explicar en qué consistía el riesgo o dislate era poner un ejemplo: ¿Qué se pensaría de un señor, padre de diez hijos, que porque tres de ellos fueron miopes, se empeñase en que los diez usaran gafas...? Con el lema y la táctica de «gafas para todos» se quiso encubrir o arropar la corrección de las marginaciones que habían sufrido los vascos en otras épocas.

Ahora, salvo que se realicen injustas discriminaciones a otras regiones españolas, que acentuarían el carácter separatista y de insolidaridad subyacente en la cuestión, seguir con gafas para todos significa que los andaluces habrán de tener su Policía autónoma de garrochistas de Bailen y los murcíanos su propio cantonal y marinero sistema de orden. Es decir: ocho Policías autonómicas distintas para una sola España verdadera: la España de las Españas; la de la Historia de España.

Si la Comisión de expertos que ha dirigido el catedrático García de Enterría no apunta los remedios; y si, aunque los apunte, se entretiene y emboba a las gentes con la música de los apuntamientos, pero entretanto no se aplica remedio alguno, tal como demuestran los boletines oficiales —el del Estado y el del País Vasco—, seguiremos avanzando, pero por un callejón que ya sabemos no tiene salida. Y encima a contrapelo del señor Garaicoechea.—Ramón HERMOSILLA.

 

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