Autor: Rodríguez, Pedro. 
   Tres avisos desde Aragón     
 
 ABC.    22/11/1981.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Jornada de reflexión

Pedro RODRÍGUEZ

Tres avisos desde Aragón

La oreja del César

Son, verás, «Alberto» / «Juan-tonto» / «Pió» / «Josepedro». Con Martín Villa y Rosón, El Sanedrín, La Cúpula, El Gobierno Sonmerso, el «lobby» feroz. Un ministro «normal» ve al presidente sólo en Consejo, en el «Club de los Viernes». Un ministro «super» dispone de una prima de poder: la cercanía, La Oreja del César. Para ellos La Moncloa no tiene puertas, sobre todo los domingos por la tarde. Así empezó el secuestro de Suárez. Lo que pasa es que El Sanedrín de Suárez era de fontaneros y su Gobierno Sonmerso lo llevaba Lito/Aza. Ahora El Anturás se acerca a la oreja del cesar y machaca, machaca, machaca la misma canción: «No nombres a Rodolfo secretario general / Jaime, en cambio, es muy buen chico, disciplinado / Rodolfo es formidable, por supuesto, imprescindible en el Gobierno; se le debe dar una Vicepresidencia /. Pero no en el partido, por favor /. Por favor, por favor, por favor.» Cuando actúan juntos parecen «Los Luthiers».

No aprenden. Ni aunque el Rey les diga: «Eh, vosotros, los políticos», desde Aragón. La batalla para desalojar a Sahagún y al suarismo fue Versalles al lado de ésta para impedir que Martín Villa llegue al puente de mando de Ucedé. Cierto es que El Sanedrín, quitando, claro, a Rodolfo y a Rosón, luchó hasta el último segundo para que Calvo-Sotelo y Suárez se pusieran de acuerdo. Ahora es una pelea florentina, pero durísima. No es que a Calvo-Sotelo le enloquezca Martín Villa. Probablemente ni le hace gracia, porque ambos son de dos familias políticas distintas. Pero Rodolfo es su «tapado» para Ucedé desde la primavera pasada. Hacer un «ticket» Leopoldo-Rodolfo fue uno de los temas que en agosto se llevó, en la lancha, a Ribadeo, como el cese de Castedo, o el desgaste del suarismo. Como el Capitán Nemo, Leopoldo Calvo-Sotelo se sienta al piano y le llega la inspiración para la próxima maniobra, en sus veinte mil leguas de viaje absolutamente submarino. Sabe que Rodolfo es probablemente el único capaz de hacer estas tres cosas: 1) sacar el látigo y pacificar Ucedé; 2) redactar una oferta electoral. Escribir lo que en la jerga se llama «El Papel». 3) Montar y ganar las elecciones del 83. Rodolfo lleva un cuarto de siglo sin bajarse del coche oficial, y es el que tiene los planos de las calderas del poder de este país. Dale teléfonos y moverá el mapa. La Moncloa ha enviado emisarios al exterior y han vuelto con éste resultado: tos empresarios, que Rodolfo; la mayoría militar, que Rololfo; instituciones, Rodolfo; erados, Rodolfo; los fontaneros , Rodolfo; liberales, Rondientes/ Rodolfo; laPrensa, según y cómo, pero cualquiera antes que Sahagún. Entonces El Sanedrín le dice al César que no. Caídos Ordóftez y Suárez, el martinvillismo tiene ahora mismo el 25 por 100 de la empresa. Alberto/Juantonio/Josepedro/Pío, el uno por 100. (Pío no es que esté contra Rodolfo. Pío nunca está contra nadie. Simplemente, está a veces a favor del otro.

Tienen el 1 por 100, pero la sobreprima de La Oreja del César. Es el maleficio de La Moncloa. En tiempos del César Suárez las decisiones se tomaban, en la etapa final, en el jardín. Llegaba un amigúete de Bilbao, vertía algo en la oreja del César, y, zas: decisión de Estado. Llegaban un andaluz simpatiquete, soplaba en la oreja del César, y, hala: referéndum el día 28, que vaya redactando la pregunta Josepedro. Y así. Claro: secuestrar a Calvo-Sotelo es mucho más difícil. El sabe —creo yo— que 1) no hay nada que hacer en el 83 sin un maquiavelo lleno de cicatrices como Rodolfo, al frente de Ucedé. 2) Que no hay nada que hacer si el ministro del Interior, que es la otra columna electoral, no se entiende con el secretario general. Eso es lo que acaba de pasar en el desastre gallego. Si en pleno periodo electoral, Iñigo Cavero, o Jaime Lamo o el doctor Cabeza, —porque al Gobierno Sonmerso le da ya lo mismo un candidato que otro con tal que no sea Rodolfo— intenta dar órdenes del partido al ministro del Interior, es fácil que éste, si es Rosón, ni se ponga al teléfono. Y 3) Ucedé necesita un señor que saque dinero de debajo de las piedras.

La deuda es de cuatro mil millones, más intereses, más otra pasta gansa para financiar la campaña electoral. Sahagún llevó a comer a «Lhardy» a los banqueros para sacarles el dinero, y aún se están partiendo de la risa nerviosa que les entró. Y bien: la «batalla por Arlaban» está abierta. Hay un problema más: Martín Villa no quiere el puesto. Por lo menos no quiere dar la batalla, aunque, si se decide, la gana. El sabe que el Poder de este país ha vivido siempre en Castellana, 3. Con el ministro del Interior en Castellana, 5, y «Banesto» en Castellana, 7. Eso es una acera. En fin: al Gobierno Sonmerso de La Moncloa les preocupa más que Rodolfo Martín ViHa se haga con el partido, que la izquierda llegue a Moncloa. No tienen prisa por salir en busca del arca perdida. Ucedé es así: entre tener un partido o la Oreja del César, no lo dudan. Es lo que dice un ministro especialista en hacerse el muerto sobre el oleaje político: «Haced como yo: no me muevo.»

(Y bien: se Jucha, despacho por despacho, cuerpo a cuerpo para desalojar al suarismo. ¡Ay de los vencidos I Desde la salida del «Opus» en el 74 no se recuerda «purga» igual. Por ejemplo: Luis Herrero, hijo de Fernando Herrero Tejedor y amigo íntimo del ex secretario de su padre, era, hasta el viernes, el director de periódico más joven de España. Fulminantemente ha sido cesado al frente de «Mediterráneo», de Castellón. Diario de propiedad del Gobierno, obviamente.)

Aragón, tres: Huesca, Zaragoza v Teruel

Al Rey no se le va la lengua en público, jamás. Por eso lee casi siempre. Pero antes, piensa´ lo que escribe. En enero, en la Pascua Militar, dio un aviso. Suárez lo cogió en el aire y abrió su dimisión. El 24 de febrero llamó a los líderes que salían del secuestro de Tejero y les leyó la cartilla. Dicen que el compromiso firmado por todos ellos lo guardó Sabino Fernández Campo en la caja fuerte de Palacio. A los nueve meses de aquel día, el Rey ha largado unos buenos latigazos sobre las espaldas de la clase política, desde las tres provincias aragonesas. Nadie lo esperaba. Como niños, los líderes se agachaban en los pasillos del Congreso, como si jugaran a «la pita»: «a mí no me toca». Disfrutaban como enanos cuando el Rey envió su dardo más directo: el de «perpetuarse en los cargos». Le decían con los ojos a Suárez: «Chínchate, va por tí, majo». El Duque se agachaba ante el tremendo pelotazo -^que probablemente no iba por él en concreto—, se reía ante los fotógrafos y dejaba que el «passing shoot» saliera fuera de la pista.

Pero el «test» del viaje a Aragón es otro. Mañana salimos del embarazo del golpismo: nueve meses. Y bien: el Rey Juan Carlos ya no es el «Rey desplumado» por una Constitución en la que se limitan sus poderes. Al final, el 23-Fel que se tuvo que poner la guerrera y sacar un Poder que los políticos le habían regateado, fue él. Juan Carlos no pidió más poder cuando los partidos chalaneaban en la redacción de la Constitución. Pero ahora ha recordado sus limitaciones constitucionales, desde un balcón de Huesca. El viaje a Aragón ha demostrado que es el Hombre-Fuerte de la democracia. Los alcaldes comunistas y socialistas se despepitaban aplaudiéndole. La gente, no digamos: se lo rifa, quieren tocarle, vitorearle, todo eso. El Rey tiene ahora mismo todo el capital popular, el de la política, el del extranjero. ¿Dónde ha bajado su «cachet»? Bueno, parece claro: en algunas salas de banderas. Esa era la trampa diabólica del 23-F y a veces pienso que el golpe se dio sólo con ese objetivo: obligar al Rey a tomar partido: o con sus compañeros de armas o con los políticos «que-llevaban-al-país-al-caos». Le pusieron El Golpe encima de la mesa, como una granada con la mecha encendida. Bueno, está claro: él no dudó. Ni con unos ni con otros: con la Constitución. Pero la Corona sabía que en esa decisión, inevitablemente, perdía o con unos o con otros. Parece que esta mañana se quiere «arrastrar al Ejército» a la plaza de Oriente. Ese es el plan: grandes palmadas en la espalda de los militares, grandes invocaciones en los discursos. Pero, claro: ¿quién fue más militar el 23-F? ¿El Rey que le echó el coraje de un teniente, que rechazó el avión de Giscard, que se pone los galones —un Jefe de Estado civil no hubiera parado el golpe— y que hace de esa noche su guerra, su bautismo de fuego, al pie del cañón, que saca a relucir todas las virtudes del militar «de libro»: serenidad, valor, estrategia, o los conductores del golpe que se pasan la castaña caliente en los careos? El espectáculo es penoso: no hay gallardía en aceptar las culpas. Alguien, obviamente, miente para salvarse, cuando decían que querían salvar a la patria. Como ha dicho Tejero en un careo: «Si esto sigue así voy a tener que demostrar que estuve en el Congreso el 23-F». Si ahora altos jefes militares se pelotean las culpas, asusta pensar cómo se hubieran disputado el poder. El Ejército español es, gracias a Dios, otra cosa, llena de virtudes. Y la mayoría de los españoles lo reconocemos mucho más en la noche de su joven Capitán General, que en la penosa reyerta de los careos.

(Dicen que dos viejos camaradas del SEU se pelearon telefónicamente a cara de perro por un quítame allá esas vallas: el socialista Barrlonuevo, que quena abrir zanjas en la plaza de Oriente para que hoy se pegara el trastazo la derecha, y Juan José Rosón, que quería evrtar, la furia consiguiente de los ultras. Por lo demás, la gente, que muy tonta no es, ha tomado nota de los dos sucesos del chou del «Scala» madrileño: la mayor ovación de la noche, para si general Sáenz de Santamaría —teniente general dentro de unas semanas—, y que a Fraga le quitaron el reloj comente quitaron la Apertura, el Centro y le quitarán la Derecha)

 

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