Autor: Sáez, Raúl R. . 
 En su segunda jornada de visita. 
 Mensaje de esperanza de los Reyes hacia el pueblo de Aragón     
 
 ABC.    19/11/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

En su segunda jornada de visita

Mensaje de esperanza de los Reyes hacía el pueblo de Aragón

ZARAGOZA (Raúl R. Sáez, enviado especial). La segunda jornada de los Reyes de España por tierras aragonesas discurrió ayer dentro de un gran entusiasmo popular. En cada uno de lo» lugares por donde pasaron, los aragoneses se han volcado materialmente, manifestándoles su adhesión. En esas mismas poblaciones, los Monarcas han recogido los mil y un problemas y quejas que les han sido confiados.

La visita ha cubierto una gran área del Bajo Aragón, zona rica en materias primas, pero azotada por la emigración y con no muy abundantes recursos agrícolas. En Alcañiz, primera etapa del viaje, su alcalde, José María Pascual, resumió —como ya viene siendo costumbre desde el viaje de los Reyes a Huelva— las dificultades que está atravesando la población, haciéndose eco, asimismo, de las del resto de la comarca, y se mostró agradecido por la labor realizada por Don Juan Carlos en defensa de la Constitución y las libertades democráticas.

Esta afirmación, que se repite en todas las localidades que visita, es una de las más aclamadas por los miles de personas que aguardan horas y horas para ver de cerca a sus Reyes.

Don Juan Carlos expresó en su intervención su deseo de llevar a estas tierras un mensaje de apoyo y solidaridad. «De apoyo —dijo— a vuestros planes para impulsar la agricultura, los regadíos, las comunicaciones. De solidaridad con vuestra conducta de españoles que aman la paz y la libertad y que no han renunciado nunca ni renunciarán a luchar por ellas en cualquier circunstancia.»

EN LA VILLA DE ANDORRA

La siguiente etapa fue la turolense villa de Andorra, donde se reprodujeron los gritos de adhesión a Sus Majestades. En una pequeña plaza, que daba más intensidad y emoción a la visita, el alcalde de la localidad confirmó que «Andorra es decididamente un pueblo solidario que va a ayudar al desarrollo de otras zonas, poniendo a su disposición todos los recursos», pero pidió que la propia Andorra no quedara en el olvido. «Porque sería injusto —dijo el Rey— que Aragón, que vuestras tierras mineras y agrícolas, vieran pasar ahora ante ellas la energía que fabrican sin que puedan usarla en la medida que necesitan para su propia vida.»

Esta afirmación venía dada por la proximidad de la central termoeléctrica Teruel, de la Empresa Nacional de Electricidad (ENDESA), a pocos kilómetros de Andorra, y que ayer fue inaugurada oficialmente por Sus Majestades. Este fue el siguiente paso del viaje. Empequeñecido el paisaje aragonés por las tres gigantescas torres de refrigeración, la comitiva real fue recibida por el presidente del Instituto Nacional de -Industria, Carlos Bustelo, el presidente de ENDESA, Pedro J. López Jiménez, y otros altos cargos de la empresa, quienes mostraron a los visitantes las instalaciones.

De nuevo, a base de helicópteros y automóviles, los Reyes y sus acompañantes se han dirigido a Teruel. Pancartas, banderas, retratos, desfiles y siempre la gente volcada en las calles, han acompañado a Don Juan Carlos y-Doña Sofia en su breve estarcía en la capital turolense.-Ante el Gobierno Civil se apiñaba desde bastantes horas antes una abigarrada multitud, no sólo de la ciudad, sino de zonas próximas. Dominaban las pancartas de saludo y bienvenida de pueblos de tanta raigambre como Albarracin, Villafranca, Libros, Monreal del Campo, Sella.

El alcalde turolense, Ricardo Ecced, hizo hincapié en el caudal humano «que han buscado otras latitudes más adecuadas para incorporarse al desarrollo de nuestro país, pero

dejando al marchar un doloroso vacío entre nosotros. Pero vuestra presencia nos anima —añadió— y nos da confianza de que en vuestras responsabilidades encontrarán cabida todas las ciudades y pueblos de España».

A continuación, Don Juan Carlos pronunció un discurso de intenso contenido, en el que destacó su preocupación por las oportunidades que se han desaprovechado en estas tierras.

«Tenéis razón cuando reclamáis la atención de) Estado, de la sociedad y de los poderes socioeconómicos para vuestros recursos mineros, que no tienen la adecuada explotación.

Tenéis razón —añadió— cuando pedís la instalación de industrias que detengan la marcha de hombres y mujeres hacia otros lugares que consideran más propicios para desarrollar sus vidas. Tenéis razón cuando pedís una gestión eficaz y directa por parte de los políticos y gobernantes de vuestras posibilidades agrícolas. La vocación agraria y rural de las comunidades de estas tierras ha sido defraudada a veces. Ahora tenemos que intentar los remedios. Por eso —siguió diciendo el Rey—, en esa aspiración mantenida con tenacidad, como es propio de vuestro carácter, para remediar estas carencias yo vengo a deciros que contáis con el apoyo de vuestro Rey. Un apoyo institucional y personal que estoy dispuesto a hacer valer día a día y en cualquier momento.»

FIESTA EN CALATAYUD

Después de almorzar en el parador de Teruel, los Reyes se trasladaron, nuevamente en helicóptero, a Calatayud. Tal vez haya sido la villa bilbilitana la que más engalanada ha acudido a Sus Majestades. El gentío abarrotaba plazas y calles, y el mismo Don Juan Carlos pidió a su alcalde que abriera paso a ios cientos de personas que en su afán por acercarse al Ayuntamiento estaban a punto de provocar una avalancha. Grupos folklóricos, tunas, bandas de cornetas atronaban las calles de Calatayud en un ambiente de fiesta. El alcalde, José Galindo, apuntó las principales dificultades de la comarca, sus proyectos, y destacó la figura del Rey como garante de las libertades democráticas.

Por su parte, Don Juan Carlos afirmó conocer los males que padecen. «Para buscar soluciones —dijo— tenéis a vuestro Rey en línea con vosotros. En la Historia de Aragón, veinte Reyes afirmaron la unión de la Corona con el pueblo. Yo quiero ser el Rey constitucional que ampara vuestra voluntad de alcanzar los niveles de prosperidad y desarrollo a que estas tierras tienen derecho.»

Después, la jornada de Sus Majestades concluiría con la visita de diversas Comisiones, que le presentaron cientos de problemas, pero también cientos de proyectos e ilusiones. Y posteriormente, la cena oficial en el Ayuntamiento de Zaragoza.

Hoy, cuando el campesino aragonés se acerque de nuevo a su pedazo de tierra recordará la confianza que con su presencia transmiten los Reyes, y esperará con mayor ilusión, si cabe, que aparezcan, allá por el horizonte, las codiciadas nubes. A Sus Majestades y a sus acompañantes, mientras tanto, Tes restará una dura y apretada jornada, esta vez en el Alto Aragón.

 

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