Autor: Urbano, Pilar. 
   Palabras de Rey     
 
 ABC.    19/11/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Palabras de Rey

El Congreso de tos Diputados era ayer una asombrada caja de resonancia de las palabras del Rey en Zaragoza. «La política, para que merezca el respeto de todos, no debe caer en la ineficacia, en la perduración de los cargos, en las luchas intestinas, sino que debe ser una dinámica enérgica y resolutiva.» Palabras que bien podrían figurar en el frontispicio de los muy distintos «templos de la política»: Parlamento, Gobierno, partidos..., porque dicen, concisa y precisamente, lo que debe ser y lo que no debe ser el oficio político. Ahora bien, las palabras del Rey, éstas o cualquiera otras, ni deben ser «encuestadas» como han sido, ni nadie puede «capturarlas», por creer que le agreden; ni tiene nadie derecho a «capitalizarlas», por estimar que le favorecen.

El Rey ha hablado como habla un Rey: para todos. Diré más (y por ello he transcrito el párrafo literal, espejo elocuente de los que «ja inmensa mayoría de los españoles» piensa hoy del trapicheo politicastro): el Rey ha hablado como hablaría cualquier español preocupado por el momento; el Rey ha hablado para todos y con la voz de todos. Y lo ha hecho desde la magnífica legitimidad de su papel de «moderador». ¿O acaso no estaba haciendo falta ese «toque de aviso» a los responsables de la «cosa pública»? Porque «moderar» no es «injerir», sino «corregir modos».

Y, como digo, en el Parlamento se acusó el eco. Un ministro, activísimo hasta hace veinticuatro horas en las «faenas» urdidoras del «empleo» y «desempleo» del alto «staff» gobernante, me reconocía: «Sí, ya está bien de tanto "maniobrerismo" político...; vamos a ir decididamente al "imperio de la Ley": a que en esta "casa" se hagan leyes, y en la "casa del Gobierno" se apliquen...»

Y un dato «plástico». Mientras en el hemiciclo se debatían los Presupuestos Generales del Estado, el gran instrumento de la política de un Gobierno, los diputados, al menos ayer, estaban más tiempo en sus escaños que zascandileando por los pasillos. Sí, el «toque de aviso» hizo diana.

En esta línea de «estar a lo que se debe estar», un diputado liberal me pronosticaba que «los liberales vamos a apoyar resueltamente la buena marcha de UCD, porque ése es nuestro sitio y ahí nos esperan nuestros electores». Y un Agustín R. Sahagún —«chapeau!» para la correctísima elegancia, naturalidad y discreción con que este hombre honrado ha bajado de la cumbre al valle^ sin destilar una gota de acíbar— me decía: «Mañana me voy una semana a Europa, pero estaré aquí para la elección de secretario general, porque debo estar... y no, no me voy de UCD, tú me conoces bien: yo no soy de quita y pon.»

Aún más —¡cielos, ayer parecía que todos habían hecho examen de conciencia y tenían dolor de corazón y propósito de enmienda!—, otro ministro, de los que se consideran «sustituibles», comentaba muy serio: Yo no sé otros colegas míos del Gobierno, pero, desde luego, yo ignora que nuevo Galssnete va a hacer Leopoldo. Ahora bien, aquí hay que dejarse de cabildeos "sotto voce". Hay que aceptar, noblemente, lo que decida. Porque, además, no va a hacer lo que le dicte el antojo o el deseo, sino la necesidad.» Un «enterado»: «Será el Gobierno de una UCD ampliada... que quizá encubra una UCD sustituida.» Y un ucedero, medio ardillamedio zorro: «Hay que desdramatizar la designación del "número dos": que sea un gestor para ganar las elecciones, no un abanderado de tal o cual familia.»

—Pilar URBANO.

 

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