Autor: Vaquero, José Manuel. 
 La mitad de la industria pertenece al Estado. 
 La autonomía asturiana puede chocar con la empresa pública     
 
 El País.    14/03/1979.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

EL PAÍS, miércoles 14 de marzo de 1979

El 40 % de la población activa industrial de Asturias depende del INI, que si bien hace una quincena de años vino a salvar numerosas empresas en bancarrota, ha originado desde entonces problemas no menos graves: crecimiento salvaje en Gijón, fuga de pequeñas empresas por la imposibilidad de competir con el

Estado-patrono y posibles colisiones futuras con la autonomía asturiana. De todo ello informa desde Oviedo José Manuel Vaquero.

La mitad de la industria pertenece al Estado

La autonomía asturiana puede chocar con la empresa pública

El declive de Asturias, región privilegiada por las inversiones del Instituto Nacional de Industria (INI) y por sus recursos —está a la cabeza de la producción de carbón, acero, maíz, patatas, cemento, aluminio, cinc y energía eléctrica—, encuentra una difícil justificación ante el resto de la comunidad nacional, tentada a veces de poner sobre el tapete los elevados salarios de los mineros y siderúrgicos y las enormes pérdidas de Hunosa y Ensidesa. El siguiente dato es elocuente: en 1949, Asturias era la tercera provincia española en renta por habitante, mientras que hoy está por debajo de la media nacional.

El envejecimiento de las instalaciones mineras y siderúrgicas, la crisis del carbón en un momento en que su sustitución por otros combustibles líquidos o gaseosos parecía irreversible, el emplazamiento inapropiado de las plantas siderúrgicas de Mieres y Langreo —Fabrica de Mieres y Duro Felguera—, muy distantes del puerto de Gijón, unido a un fuerte movimiento obrero, aconsejaron al Estado a actuar en 1965 a través del Plan de Acción Concertado para evitar que los patronos cumplieran su amenaza de cerrar las explotaciones. El Estado recibió de la empresa privada el traspaso de su pasivo (pérdidas y mala gestión), que culminaría con la creación de Hunosa, en 1967.

El Estado había dado su primer paso como empresario en la industria básica en 1951, con Ensidesa, en Aviles, para resolver el problema de la escasez del acero. Las factorías asturianas, descapitalizadas, obsoletas, de reducida dimensión y escasa productividad, eran incapaces para atender la demanda nacional de productos siderúrgicos. La integración de Uninsa —factoría situada en Gijón— en Ensidesa consolidó, en 1970, el complejo siderúrgico más importante del país.

El papel del sector público en el desarrollo de la industria minera y siderúrgica asturiana ha estado subordinado a los intereses del sector privado. Las acciones concertadas en ambos sectores significaron una subvención al capital privado.

El período de expansión del INI en Asturias, región a la que ha dirigido un tercio de sus inversiones, coincide con el deterioro de la economía provincial, pero sería injusto culpar a la empresa pública de la crisis, porque sin la actuación del Estado la industria asturiana se habría derrumbado. El principio de subsidiariedad que ha presidido la filosofía de la empresa pública puede explicar, sin embargo, gran parte de los efectos negativos que ha generado. Las presiones de los grupos capitalistas, estrechamente ligados al INI, se orientaron a asegurarse el suministro de productos básicos. La siderurgia asturiana fue durante muchos años la fuente de abastecimiento de acero bruto —de escasa rentabilidad y muy contaminante— para el grupo de Altos Hornos de Vizcaya, monopolizador de los productos acabados, mucho más rentables.

Actualmente, más de 55.000 personas, aproximadamente un 40 % de la población activa industrial, trabajan en la empresa pública radicada en Asturias, la cual acapara el 45 % del valor añadido bruto (VAB) de esta región, que concentra el 24 % del sector nacional de metálicas básicas, el 26 % del sector de la minaría y el 6 % del sector eléctrico —en términos VAB—, lo que supone una quinta parte de la industria de cabecera del país. El INI, que ha creado unos puestos de trabajo bien remunerados y dé gran estabilidad, hace el papel de amortiguador de los ciclos económicos, retrasando los efectos de la crisis. El elevado nivel salarial de la empresa pública se emplea, también, como argumento para justificar la ausencia de una industria transformadora ante la imposibilidad de competir en salarios con el Estado.

Algunos empresarios privados se lamentan de que sus mejores fresadores y torneros han abandonado su profesión para ingresar como peones en Ensidesa. Otros efectos negativos de la empresa pública radicada en Asturias son su alto poder contaminante y el crecimiento anárquico de Gijón y Aviles, convertidas en «ciudades fábrica».

Los municipios hulleros, en bancarrota

Las haciendas de los municipios hulleros —Aller, Bimenes, Langreo, Laviana, Lena, Mieres, Siero, San Martín del Rey Aurelio y Riosa— se encuentran en la más absoluta bancarrota desde la desaparición del canon del carbón. Recientemente, sus alcaldes han solicitado conjuntamente del Gobierno la adopción de medidas urgentes para actualizar la participación municipal en el producto bruto de las explotaciones mineras de hulla, cuyo ingreso quedó congelado desde 1967. La economía de estos municipios —argumentan los alcaldes— aporta al resto de la nación su riqueza sin contrapartidas. «Y lo que es más triste —agregan—, comprobamos cómo la hulla que sale de las minas, al ser transformada o utilizada en otros municipios, contribuye en forma destacadísima a la hacienda de los ayuntamientos, donde se consume o transforma: todo ello como consecuencia de un sistema fiscal que no tiene en cuenta los más elementales criterios de justicia.»

Las empresas mineras que por el régimen de protección no tributan por licencia fiscal producen un enorme deterioro en el paisaje y en los ríos de sus cuencas.

Los municipios mineros de Hunosa están situados en las cuencas de los ríos Caudal, Aller y Nalón.

Reside en ellos aproximadamente una cuarta parte de la población asturiana. Los más importantes son los de Mieres, en la cuenca del Caudal, y Langreo, en la del Nalón. Estos dos ríos confluyen en Soto de Ribera, a pocos kilómetros de Oviedo-capital. Mieres, con 65.513 habitantes, ha sido el municipio más castigado por la crisis. El esplendor de antaño, que le convirtió en una de las zonas más ricas del país, es ya historia que trata afanosamente de reavivar la coordinadora de asociaciones de vecinos. Hace más de un siglo se instaló en Mieres una de las primeras factorías siderúrgicas de España, hoy en trance de desaparición como consecuencia del abandono de sus obsoletas instalaciones, propiedad de Ensidesa. Las explotaciones mineras de la cuenca del Caudal ofrecen los resultados financieros más desfavorables, por las dificultades de extracción y por su menor riqueza en carbón coquizable. La potente industria de Mieres en otras épocas se ha visto deteriorada de forma progresiva y alarmante. El siguiente dato es significativo: su Ayuntamiento ha quedado reducido a un organismo inoperante, cuyo presupuesto apenas si alcanza para pagar a su personal y los gastos de funcionamiento.

La crisis de Langreo se remonta a los años sesenta, tras la ruptura de la autarquía. Se produce entonces el cierre de un buen número de minas y de las instalaciones de la planta siderúrgica de La Felguera. Entre 1966 y 1970, Langreo perdió más de 12.000 habitantes. En los últimos años la población permanece estancada y sometida a un proceso de progresivo envejecimiento. Sus explotaciones mineras, situadas en la cuenca del Nalón, son más ricas que las del Caudal, y sus instalaciones de Ensidesa no están tan próximas al cierre como las de Mieres, pero la inevitable reestructuración de la planta siderúrgica integral no hace concebir demasiadas esperanzas al futuro de la fábrica de La Felguera. Son previsibles, pues, nuevos trasvases de trabajadores, especialmente hacia Gijón, que se ha convertido en el primer núcleo de población de Asturias, con 253.294 habitantes de derecho.

Los ayuntamientos de Mieres y Langreo estarán previsiblemente dominados por la izquierda después de las primeras elecciones municipales democráticas, a tenor de los resultados de los tres comicios libres celebrados desde el 15 de junio de 1977. ¿Qué capacidad de gestión tendrán unos alcaldes y unos concejales, en su mayoría socialistas y comunistas, en ayuntamientos en situación de bancarrota? ¿Qué relación mantendrán —y qué ayuda recibirán— con un Gobierno de UCD, partido que en Mieres no ha conseguido superar la cifra de ocho militantes, y que estuvo a punto de no presentar candidatura propia a las municipales?

Oviedo, Gijón, Aviles: el triángulo central

Oviedo, Gijón y Aviles forman un triángulo en la zona central de Asturias, cuyas comunicaciones han mejorado sensiblemente con la apertura al tráfico de la «Y», autopista sin peaje que constituye «la calle mayor» de la región, en torno a la cual se situarán todos los servicios provinciales.

Oviedo, la capital, es la ciudad administrativa, con una calidad de vida superior a la del resto de la provincia. Gijón, principal centro de atracción de los inmigrantes, ha crecido desordenadamente. Su caótico urbanismo es el fruto de una especulación desenfrenada. Cuenta con una industria diversificada, pero registra, también, el fuerte impacto de la empresa pública desde la integración de Uninsa en Ensidesa. El proyecto de Uninsa debe su paternidad a las tres empresas siderúrgicas asturianas (Duro Felguera, Fabrica de Mieres y Sociedad Industrial Asturiana), que en 1961 se pusieron de acuerdo para explotar un tren de comerciales en Veriña (Gijón). Cinco años después, las tres empresas fundieron sus activos para crear una planta siderúrgica, esperanza de un renovado empuje del empresariado asturiano, desmentido en 1970, cuando el INI se hizo con la factoría en una ampliación de capital. Así, no tardaron en ser frenados los planes de expansión de Uninsa en beneficio de la creación de la cuarta planta siderúrgica en Sagúnto, promovida por el empresariado vasco y su asociado norteamericano US Steel.

La diversificación industrial de Aviles es importante, pero el municipio está supeditado en gran medida a Ensidesa, en torno a la cual se han montado numerosas pequeñas y medianas empresas que trabajan, en algunos casos, con carácter exclusivo, para la empresa nacional, cuya incidencia se extiende a los municipios de Corvera, Gozón, Carreño, Grado y Pravia. Después de Gijón, Aviles es el segundo núcleo industrial de la provincia, con un alto índice de contaminación y una deficiente calidad constructiva.

Directa o indirectamente, la empresa pública se ha convertido en el motor de la actividad industrial de la zona central asturiana en la que reside el 60 % de la población de la provincia.

El resto de la región, con las excepciones de pequeños centros industriales y mineros, es rural. El campo asturiano se encuentra en condiciones de subdesarrollo. El sector agrario, con un 22 % de la población activa, ofrece una producción muy baja. El minifundismo, la falta de mecanización y de racionalización de las explotaciones son obstáculos serios para potenciar este sector, que carece de redes de comercialización y de transporte de sus productos a los centros urbanos.

La polarización hacia la industria ha provocado en los asturianos la. asociación de la idea de progreso únicamente al desarrollo industrial, con abandono de otras actividades rentables y complementarias.

La autonomía y la empresa pública

¿Qué incidencia puede tener en la empresa pública mañana la autonomía, y hoy la preautonomía, cuyo organismo de gobierno se verá incrementado con otros catorce miembros procedentes de los ayuntamientos, después de las elecciones municipales? Esta es la pregunta clave para muchos asturianos, que temen que la autonomía obligue a la región a cargar con las pérdidas de Hunosa y Ensidesa. El carácter nacional de estas empresas despeja, sin embargo, cualquier duda. La responsabilidad de la gestión corresponde a la Administración central, que opera atendiendo a los intereses del Estado, Hunosa y Ensidesa son empresas estatales ubicadas en Asturias, región que se beneficia de ellas y las padece, a la vez. El Consejo Regional puede aspirar a estar representado en sus consejos de administración para facilitar una información recíproca y evitar fricciones entre los planes de las empresas nacionales y los planes regionales.

 

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