Autor: Aguirre Bellver, Joaquín. 
   Madrid-París     
 
 ABC.    25/11/1979.  Página: 27. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

MADRID-PARIS

EL espíritu viajero y cosmopolita det alcalde se ha colmado en esta ocasión tras su breve gira por París. No habrá, sin duda, la inexplicable fascinación experimentada en otro viaje memorable: el de Belgrado. Seguramente, su impresión es más real, y su hartazgo, más legítimo, porque e! manjar es más auténtico y exquisito. Sin entrar en un proceso de intenciones ni leer en el subsconsciente de nadie —menos en el del alcalde— parece que objetivamente el optimismo de lograr un marco de. cooperación con París es más justificado que el de abordar un proceso de imitación de Belgrado. Aunque para ello se superen ideologías, muy respetables, pór supuesto, pero radicalmente desmentidas por la realidad de una capital como París frente a la de otra como Belgrado. Son mundos distintos... "afortunadamente para París. Por lo demás Tierno entraba en París, «Ville Lamiere» como alcalde de Madrid, «Villa... ¿de qué?» De poco, por desgracia, en comparación, y ciertamente, no por culpa suya, reconózcase en justicia. Sin embargo, la coincidencia de culturas, insertas en el mismo mundo ético y espiritual y —de momento— económico, social y político, crea lazos y zonas comunes imborrables, básicas para cimentar cualquier cooperación. Y cooperación implica paridad, aunque no sea exactamente «jume/age».

Tierno ha llevado y le han acogido en principio su tesis de la Europa de los Municipios, complementaria o sustitutoria de la Europa de los Estados, allí donde desde la cúspide del Poder se propugnó la Europa de las Patrias, como alternativa a la federaHzación del continente. Porque —según su frase— cuando el Estado se a/e/a de la sociedad es el Municipio quien debe acercarla. Es curioso el proceso de atomización en entidades menores, inverso al de integración en entidades mayores, supranacionales.

Tierno ha advertido, entre otras diferencias, una que con ventaja separa París de Madrid: su potente físcalidad, que le permite superar en diez veces los recursos económicos de Madrid. Tierno habré advertido tambien, ahora como alcalde cómo antes lo haría como turista, la inteligencia con que París ha concillado un arrollador progreso urbanístico con un inmenso respeto a su fisonomía, una de las más bellas del mundo. Tierno ha elegido un buen eje para su capital, la nuestra. Que la haya elegido en una al menos aparente extralimitación de funciones, no sólo como edil, sino como político —en vísperas de análogo viaje del presidente de su Gobierno—, reviste al hecho de una singular importancia y característica. Importancia a /a que no es ajeno su carácter de miembro destacado de !a oposición en España que entabla contacto con su colega, también destacado adversarlo de su Gobierno, en Francia.

Esta blpclaridad, buscada o espontánea, del v/a/e del alcalde de Madrid a París hace de él un verdadero acontecimiento que, sin duda, no ha pasado inadvertido en el vecino país.

Solamente el giro de ciento ochenta grados del alcalde Chirac respecto a su recalcitrante posicion en tema tan conflictivo como la integración espolíala en el Mercado común, merece una atenta consideración en las dos capitales. Aunque sólo sea como pasible o futurible potenciación del Municipio •versus» /a Cancillería.—AGUIRRE.

 

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