Sobre el importante cargo de los presidentes nacionales     
 
 ABC.    13/03/1964.  Página: 55. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ABC. VIERNES 13 DE MARZO DE 1964. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 55.

SOBRE EL IMPORTANTE

CARGO DE LOS PRESIDENTES NACIONALES

Dada la importancia económico-social de los actuales Sindicatos españoles, los sistemas electorales que designen a, los hombres encargados de regirlos encierran una decisiva importancia que no tenemos inconveniente en calificar de nacional, puesto que el carácter automático de la sindicación vigente encuadra en los Sindicatos Verticales a la totalidad de la población activa española.

La designación de los enlaces sindicales, de los Jurados de Empresa y de las Juntas Sociales y Económicas señalan las diferentes etapas de ese proceso indirectamente representativo, a través del cual se procura consultar la opinión de la masa afiliada. Más de 400.000 hombres resultan así elegidos en representación de los casi dies millones de trabajadores y de los tres millones y medio de empresas encuadrados en la Organización Sindical, y resulta imprescindible añadir que el sistema electoral, aunque, naturalmente, pueda ser perfeccionado, ha prestado a la Organización un sensible prestigio.

Pero en este proceso representativo se sabe que la elección se detiene cuando se trata de designar el presidente nacional de un Sindicato, atribución que sigue estando reservada a la Delegación Nacional, y en las sesiones de trabajo de la I Comisión hemos asistido a un animado debate sobre las razones que, según los redactores de la ponencia, apoyaban este sistema, en lugar de extender también hasta la cabecera de cada Sindicato el procedimiento electivo que sirve para seleccionar electoralmente a los escalones jerárquicos inferiores. Este "ecuador" de la representatividad era tema de gran interés y, ciertamente, no hemos quedado defraudados por la minuciosidad de las discusiones.

La ponencia admitida como base de los trabajos en la I Comisión dice textualmente:

"Sentimos firmemente, como el que más, el deseo de ampliar en lo posible el sistema de elección. Pero rechazamos esta posibilidad en el caso de los presidentes de los Sindicatos Nacionales. La razón es muy clara: el cuerpo electoral habría de ser, en todo caso, el constituido por la Junta Sindical, donde se conjuntan las representaciones empresariales y de trabajadores en proporción paritaria. Lo natural sería que cada grupo presentara su candidato y que el resultado fuese empate. De no ser así, el elegido ocuparía el cargo con el prejuicio de la tendencia incompatible con las características que han de adornar la personalidad de cargo tan fundamental en la Organización.

El presidente no se limita a ostentar la representación del Sindicato, sino que actúa como elemento de concordia entre las partes que contienden. Los intereses de los empresarios y trabajadores se oponen con frecuencia, y es indispensable contar con la intervención de quien sin mácula, nacida de las vicisitudes de una elección, actúe con independencia.

Ahora bien; como no somos nadie perfectos, hay que admitir la posibilidad de error en una designación o que quien ostente el cargo de presidente incurra en negligencia o en manifiesta incompetencia. Ante esta contingencia, la Junta Sindical debe tener facultades para proponer la sustitución condicionada, siempre que lo soliciten más de las tres cuartas partes de los que la componen."

Hemos reproducido el texto en toda su extensión porque representa un intento de limitar la autoridad del presidente del Sindicato haciéndole responsable ante las Juntas Sindicales, que si bien no podrán intervenir en su designación, sí estarán capacitadas para revocarle en determinadas condiciones de votación al 75 por 100 de sus miembros. La ponencia representa un avance respecto a la situación anterior que sólo merece alabanzas, aunque podrían, naturalmente, ser discutibles los argumentos que emplea para limitar el carácter representativo del presidente de un Sindicato Nacional.

Que los intereses de los trabajadores y de los empresarios sean a veces contradictorios no quiere decir que deban serlo permanentemente, como si la lucha de clases continuase operando en el interior de las fuerzas de producción, cuando estamos viendo que la evolución mundial del sindicalismo se realiza en la dirección de esa participación en la vida económica, que ha superado los románticos sueños revolucionarios del arqueosindicalismo, que encontraban en la Carta de Amiens su primera declaración sustancial proponiendo la "expropiación capitalista".

Por fortuna, el fracaso de las tesis marxistas sobre el empobrecimiento progresivo de la clase trabajadora ha desmontado la lucha dé clases para realizar la confrontación de los diversos intereses que intervienen en la producción en un clima de participación. Lo que se ha llamado "colaboración tripartita" del Estado, del patronato y de los trabajadores sustituye a los viejos rencores anarquistas para realizar de una manera o de otra—que hay miles de fórmulas, entre las cuales la actual española es una de ellas—la necesaria asociación del capital y el trabajo.

Parece lógico, por lo tanto, pensar que esa empatada rivalidad, temida por la ponencia, no se realizase fatalmente, y que determinados empresarios o determinados productores adquiriesen el prestigio suficiente para ofrecer su calidad de arbitros en los posibles conflictos de intereses. Sin caer en un análisis teñido de optimismo panglossiano parece lógico admitir que si bien la ponencia adelanta determinadas rosones para sostener el sistema de designación actualmente en vigor también hay razones no menos atendibles para ampliar al escalón del presidente del Sindicato Nacional el criterio representativo que tan buenos resultados ha prestado a la propia Organización Sindical en escalones subalternos de su armazón.

Las tesis conservadoras son, al menos teóricamente, tan sólidas como las reformistas.

 

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