Intransigencia en los principios     
 
 ABC.    11/03/1964.  Página: 63. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

INTRANSIGENCIA EN LOS PRINCIPIOS

El mular de congresistas, reunidos en la Casa Sindical para las tareas del III Pleno del Congreso Sindical, empezaron ayer sus trabajos, distribuidos en Comisiones, como estaba previsto, y era perfectamente natural que la ponencia "Desarrollo sindical" concentrase el máximo interés de esta jornada inicial.

Una gran asistencia en el antiguo salón de actos para discutir la ponencia, que después de la intervención de don Luis Galdós García quedo sustituida por la que el propio señor Galdós presentaba y que la asistencia consideró como más adecuada para servir de base a las discusiones. Esencialmente, ambas redacciones insistían en la necesidad de efectuar el deseado desarrollo sindical, tema de la ponencia, en el interior de la más impecable ortodoxia del actual sindicalismo nacional. La unidad sindical, la sindicación obligatoria para todos los productores y la verticalidad de su estructura interior, en todo obediente a los principios del Movimiento, iban a ser tratados por los oradores insistentemente, sosteniendo las declaraciones y las conclusiones de la enmienda Galdós.

Es posible que existan en la Organización Sindical diversas interpretaciones sobre la manera de ejecutar prácticamente los principios esenciales del sindicalismo existente en España, pero la primera conclusión que puede desprenderse de las tareas iniciales del Pleno es que la Organización Sindical descarta toda posibilidad da modificar sus principios de base en nombre de ninguna presión ajena a ella misma.

Naturalmente, cuando los trabajos están apenas iniciados y las Comisiones no han recibido todavía los resultados de las discusiones para darles forma definitiva y ofrecer esas conclusiones a los sucesivos Plenos resulta imprescindible tomar todas las anticipaciones con cautela, pero es evidente que entre la mayoría del millar de congresistas seleccionados para las reuniones del III Pleno se observa una perceptible insistencia en separar lo que puede ser objeto de modificación, porque se refiere a simples aspectos de organización material, y lo que compone el núcleo central de principios que ellos estiman intocables—unidad, verticalidad, obligatoriedad—y sobre los cuales nadie parece allí dispuesto a ceder un solo paso.

Modernización de las estructuras e intangibilidad de los dogmas han sido las dos características de una jornada abundante en intervenciones y en debates, donde, sin embargo, se percibía que los celosos defensores de la actual doctrina sindical insistían en suprimir o en redactar nítidamente todos los conceptos cuya confusión pudiese autorizar cualquier vaguedad alrededor de los principios de la ley del 8 de diciembre de 1940, que ha regido los destinos del sindicalismo español en el último cuarto de siglo.

La ponencia que ordena los debates del Congreso, proponiendo ciertamente sistemas de actualización de los instrumentos sindicales, procura robustecer los organismos existentes, insertándolos con mayor jerarquía en el despliegue político de la situación española para hacer más fácil el cumplimiento de ese núcleo doctrinal de la organización.

El III Pleno aparece asi en su primera jornada como un fortalecimiento —podríamos emplear la palabra "endurecimiento"—de las posturas conocidas de la Organización Sindical y como un acto de fidelidad a sus principios. Evolutivos en lo accesorio o ambiciosos en lo institucional, los criterios parecen recalcar la inmovilidad de lo doctrinal. Al menos ésta es la impresión de partida. Hará falta esperar al desarrollo del recién iniciado Congreso para saber si los asistentes rectifican o ratifican esta tendencia.

La obligatoriedad sindical y su unidad, encuadrando casi diez millones de trabajadores, confieren a las reuniones del Pleno una importancia en la vida española we nadie seria capas de discutir, por la

sencilla razón de que estos debates pretenden fijar la forma en que nuestra organización laboral desarrollará sus futuras actividades en el marco de las instituciones nacionales. Que la doctrina esencial aparezca en la ponencia como un apretado núcleo de verdades indiscutibles y permanentes ya es un indicio político de alta significación, cuando por el hecho mismo de haber incluido en su programa de trabajo una ponencia sobre el desarrollo sindical se reconocía la necesidad de confrontar opiniones sobre tema de la mayor entidad. Si había ciertas opiniones reformistas partidarias de realizar modificaciones sustanciales en la instrumentación de nuestra política sindical, los primeros trabajos del III Pleno del Congreso parecen señalar que la actual Organización mantiene con firmeza invariable sus conocidos principios esenciales, cuyos resultados conoce por propia experiencia toda la comunidad trabajadora de España.

 

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