Autor: LAWRENCE. 
   Pagar a la Seguridad Social     
 
 Arriba.    11/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

PAGAR A LA SEGURIDAD SOCIAL

En estas mismas páginas de ARRIBA («La Tesorería de la Seguridad Social», 3 de diciembre

de 1977), se daba la voz de alarma sobre tos peligros que encerraba la actitud de muchos

empresarios de no liquidar sus cuotas reglamentarias a la Seguridad Social. Escribíamos en

aquella ocasión que «se debe frenar de algún modo el aumento progresivo en el impago) de las

cuotas de la Seguridad Social por parte de los empresarios». Reiteramos hoy, con alarma,

aquel llamamiento, pues en los últimos seis meses del último año el volumen de dinero que no

ha ingresado en las arcas de la Seguridad Social se fue elevando paulatinamente, hasta

alcanzar niveles muy peligrosos para la buena marcha de la Tesorería de ésta, pudiéndose

cifrar en más de dieciocho mil millones de pesetas mensuales la cantidad que no pagaban los

empresarios.

La deuda de las empresas con la Seguridad Social parece que ahora mismo puede evaluarse

en más de doscientos mil millones de pesetas. La cantidad es tan exorbitantemente gigantesca

que no puede seguir creciendo Impunemente, sin que se tomen medidas enérgicas, pues

podría ponerse en peligro todo el entarimado de la propia Seguridad Social, que desde hace

años funciona en régimen solidario de reparto. Es obvio que si la Seguridad Social no percibe

las cuotas legal mente establecidas, base principal de toda su financiación, difícilmente podrá

hacer frente con eficacia, puntualidad y automatismo a los compromisos sociales irrenunciables

a los que tiene que atender. Es decir, de agravarse la situación, ya extremadamente delicada,

nos encontraríamos con que la Seguridad Social no tendría el dinero preciso para, por ejemplo,

pagar a los más de tres millones y medio de pensiones, no podría hacer frente a sus

compromisos en el terreno sanitario, con más de un noventa por ciento de la población

española protegida en este aspecto o dejaría de pagar e| subsidio de desempleo a los cientos

de miles de hombres que están sin trabajo. No son ganas de alarmar, aunque sí conviene

prevenir antes que la tormenta alcance proporciones tales que sea imposible detener las aguas

desbordadas.

Hay que apelar a la responsabilidad de los empresarios —las grandes empresas, en buena

lógica, son las que tienen unos descubiertos más gigantescos— para que pongan al día su

contabilidad, liquiden sus deudas a la Seguridad Social y se normalice con ello la Tesorería de

ésta, que pasa por momentos de apuro, aunque todavía no se haya alcanzado el límite de

resistencia. Dada la grave situación actual, hay que contemplar como un desacierto

administrativo profundo la posibilidad que se brindó a las empresas de pagar, por separado, los

devengos retenidos al trabajador, para hacer efectiva la cuota de éste, de las cantidades que

ellos mismos, como empresarios, debían pagar. Así, de hecho, se produce la curiosa situación

de que las empresas liquidan puntualmente la cuota del trabajador, que a éste le ha sido

retenida de su sueldo, pero quedan ai descubierto en los pagos que ellos mismos deben

realizar.

El derecho a la Seguridad Social es algo consustancial del ciudadano moderno. Así se

reconoce en los países más avanzados del mundo y a ello se tiende como aspiración básica en

todas las sociedades. Poner en peligro este derecho es un delito social de primer rango, por lo

que es difícil admitir excusas de poco peso, alegar razones de crisis económica inclusive, para

demorar, cuanto se pueda, los pagos que legítimamente hay que hacer como contribución

solidaria al soporte de la enorme maquinarla de la Seguridad Social, a la que todos, sin

excepción, debemos arrimar el hombro para evitar su deterioro o paralización. Los

responsables del Ministerio de Sanidad y Seguridad Social deberían pensar, de inmediato, en

la derogación de la Orden Ministerial de 5 de noviembre de 1975, por la que se dieron normas

sobre el ingreso separado de |a cuota empresarial y de la aportación de los trabajadores. Dar

facilidades, en la presente coyuntura, para retrasar los pagos de las empresas a la Seguridad

Social es, como se está viendo, una temeridad y, a la larga, podría ser una catástrofe. Así de

claro.

LAWRENCE

 

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