Autor: Sauquillo Pérez del Arco, Francisca. 
   La insostenible situación de la asistencia sanitaria/1     
 
 El País.    08/09/1978.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

MADRID

EL PAÍS, viernes 8 de septiembre de 1978

TRIBUNA LIBRE

La insostenible situación de la asistencia sanitaria/1

FRANCISCA SAUQUILLO

El contacto diario con la proplemática sanitaria en los barrios y pueblos de la provincia me han dado una dimensión muy aproximada de la gravedad del problema. Han pasado ya las épocas en las que los vecinos aceptaban pasivamente las consecuencias de una asistencia sanitaria para pobres, que contrastaba con las altas cotizaciones que mensualmente pagaban a la Seguridad Social. Y así, en los últimos meses, hemos asistido a un proceso de contestación ante los déficit, mala asistencia y carencia de instalaciones hospitalarias que se han reflejado todos los días en la prensa. En Leganés, Móstoles, Alcalá de Henares, Aranjuez y más recientemente en el barrio de Villaverde —ante el retraso de las obras de la maternidad del 1.° de Octubre—, los vecinos han dado medida de esta preocupación con sus asambleas, entrevistas a organismos y grandes manifestaciones.

De todo ell>~> intento dar constancia en el presente artículo, avanzando en una interpretación crítica y en las soluciones al mismo.

El deterioro ya existente en la asistencia prestada por la Seguridad Social se ha agravado ostensiblemente debido a las medidas restrictivas impuestas por el Instituto Nacional de Previsión. Es una realidad cada vez más ampliamente conocida que el presupuesto de la Seguridad Social española (1,3 billones de pesetas para 1978, de los cuales el 34% se destina a la asistencia sanitaria) no venía traduciéndose en unas correctas traducciones, tanto a nivel infraestructural como en lo que se refiere a la calidad de la medicina impartida. Este hecho ha sido denunciado en múltiples ocasiones por los trabajadores sanitarios y por los propios asegurados, así como por la prensa diaria, sin que, hasta el momento, hayan obtenido ninguna respuesta por parte de los entes responsables de la gestión de la Seguridad Social.

Las principales deficiencias en la asistencia podrían centrarse hoy:

— Ausencia de una medicina básica «de primera línea», a nivel urbano y rural. Consultorios y ambulatorios se encuentran desbordados en su asistencia, y carentes de medios adecuados de diagnóstico y tratamiento.

— Escasez e irracionalidad en la distribución de los hospitales, que son los que cargan con la mayor parte de la asistencia. Sólo en la zona norte de Madrid existen tres grandes centros, mientras que todo el resto de la ciudad cuenta únicamente con cuatro hospitales propios o concertados con la Seguridad Social.

— Falta de medidas preventivas mínimas, así como de una educación sanitaria de la población, cuestiones ambas que agravan el problema, no sólo por aumentar la incidencia de enfermedades, sino porque los asegurados carecen de criterios suficientes para exigir una asistencia razonable.

— Abusivo consumo de fármacos (la Seguridad Social destina el 51 % del presupuesto sanitario a la compra de medicamentos), política acorde con los intereses de los monopolios químicos, protegidos por la permisiva legislación española en este terreno (repetición de especialidades, etcétera).

Las causas de una mala asistencia sanitaria

Desde que la Seguridad Social española se constituyó en 1944 recaba los fondos en un 87% de las cotizaciones (5/6 de los empresarios y 1 /6 de los trabajadores), aportando el Estado sólo un 4% y obteniéndose el resto de otras fuentes. Así pues, la Seguridad Social es prácticamente sostenida por los trabajadores, ya que la aportación de los empresarios repercute de forma inmediata sobre los precios y salarios. La aportación estatal es la más baja de Europa, y ello hace también que la Seguridad Social no sea un sistema de redistribución de las rentas, como en otros países europeos, al ser mínima la participación de los impuestos directos.

Desde su creación, la Seguridad Social ha sido gestionada económicamente por el INP, sin la menor participación democrática de los trabajadores sanitarios y los asegurados. Al amparo de ello se han venido produciendo irregularidades con los fondos que, en ocasiones, se han dedicado a subvencionar sectores poco rentables del INI, e incluso a reservas disponibles para la banca privada. Así pues, y como se dice en frase ya célebre, «la Seguridad Social ha sido el banquero barato del sistema». En 1975 mostró sus últimas cuentas, en las que aparecen grandes contradicciones y desajustes en la explicación de los gastos, con partidas de hasta 2.000 millones de pesetas sin justificar, en capítulos como «varios», «otros», etcétera.

Con la apertura del proceso democrático español, la publicación de las cuentas y la intervención en el control de la Seguridad Social se planteó como una exigencia impostergable. Ya en octubre, en 1977. al presentar el señor Sánchez de León, ministro de Sanidad, los presupuestos para 1978, se constató la protesta general por la falta de debate parlamentario sobre un presupuesto que iguala al del Estado; protestas que cayeron en el vacío más absoluto. La deficiente asistencia ha conocido escasas mejoras desde entonces. Por el contrario, el Ministerio dictó un decreto en el mes de diciembre pasado sobre limitación de las plantillas sanitarias, hecho que contradecía la gran necesidad de ampliar el personal asistencial dadas las carencias existentes. Este decreto consiguió ser frenado por la lucha unida de los trabajadores sanitarios.

 

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