Autor: A. J. G. M.. 
 Cortes españolas. 
 Acotaciones a la sesión     
 
 Ya.    28/01/1971.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Dice el tópico que los adióse» son tristes. Los adióse® legislativos, tío; son alegres; llenan el corazón de buenas obras; los rostros, de júbilo; las Intenciones de los señores ponentes, de comprensión y generosidad, A poco de abrirse la sesión, el señor Herrero Tejedor dio la buena nueva: "La ponencia está dispuesta a aceptar todas las propuestas que no afecten al fondo de la ley." Era el ambiente final, con sala casi llena de señores procuradores.

Todos salieron contentos, menos los señores Valero Bermejo y Palomares Días. ¿O se contentaron después, con esa, emoción de las despedidas después de tres meses y siete días (como una condena} de estar conviviendo los debates y las sorpresas del proyecto de ley Sindical? Al señor Valero Bermejo le había prometido la ponencia, en la sesión anterior, que trataría su enmienda, en la sesión de ayer. Pero no le dijo el trato que le iba a dar a> la enmienda.

El señor Valero Bermejo acaso pasó la noche meditando, preparando su intervención, llenándose más y más de espíritu de colaboración con el proyecto de le¡y. Habló extensa y claramente. Vino a pedir, ¡nada menos!, que los recursos contra actos políticos fuesen el Consejo Nacional del Movimiento y no a la jurisdicción contencioso-sindical. Se opuso a ello el señor Fernández-Cuesta. El señor Bau, después de escuchar complacido al señor Valero Bermejo, dijo que la enmienda no se podía someter a discusión.

Replicó el sefíor Valero Bermejo; acataba la orden, pero exponía también las motivaciones políticas sobre la enmienda que él consideraba Importante. Quiso hablar en apoyo del señor Valero Bermejo el Joven consejero nacional señor Palomares Díaz. Tampoco Je dejó la presidencia. Fueron las únicas negaciones en redondo que se hicieron en la sesión.

Las demás propuestas se fueron incorporando a los preceptos. IM ponencia, tal era el clima legislativo, deliberaba agrupada a la vista de los señores procuradores, y algunos enmendantes se acercaban a los ponentes para sugerir ideas. El señor Lamo de Espinosa estuvo por primera vez, desde que se discute el proyecto, de acuerdo con una enmienda que defendió el señor Esperabé de Ar-teaga. El señor Molina Jiménez vio complacido cómo su enmienda sobre las Cámaras Oficiales de Comercio era aceptada e incorporada O- la ley. El señor Muñoz Alonso, en frase médica del señor Bau, "seguía siempre dando en el trigémino". Quería decir el presidente que acertaba en sus propuestas. Era corno llamarle metafóricamente un doctor Asuero legislativo.

Al final, todos felices. Palabras de gratitud subían desde los escaños a la presidencia y de la presidencia bajaban a los estrados. Frases bonitas. Cánticos esperstrizadores y patrióticos. Lo normal en Ja última sesión de estudio de un proyecto Ae ley que duró meses y meses. Don Joaquín Bau es maestro en estas lides.

Se acabó el estudio del proyecto de ley Sindical, ¿y ahora? Ahora comienza algo trascendente, sin tanta publicidad: dictar los reglamentos de esta ley, que son múltiples y heterogéneos. En los reglamentos está, la auténtica efectividad de la ley. Los señores procuradores, cuando se habla de reglamentos, suelen recordar y repetir una frase feliz del conde de Romanones: "No me Importa quién haga la ley con tal de que me dejen a mí hacer los reglamentos."

I/os señores procuradores que hicieron la ley tío van a hacer los reglamentos. ¿Me autorizan tina cita?: "Recuerde el alma dormida,—avive el .seso y despierte..." El señor Muñoz Alonso puso en el aire de la sesión un aforismo de su dilecto San Agustín. El aforismo dice: "Guarda el reglamento, que así el reglamento te guardará a tí." Señores procuradores: Permítanme que les diga que la ley Sindical empezará ahora, con los reglamentos.

 

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