Autor: Pérez Fernández, Herminio. 
   La Ley Sindical, aprobada por el pleno de las Cortes españolas con once votos en contra y seis abstenciones     
 
 ABC.    17/02/1971.  Página: 15,17-18. Páginas: 3. Párrafos: 27. 

LA LEY SINDICAL, APROBADA POR EL PLENO DE LAS CORTES ESPAÑOLAS CON ONCE VOTOS EN CONTRA Y SEIS ABSTENCIONES

«Nuestro sindicalismo-dijo el señor García Ramal en defensa del dicfamen-es la forma más realista y práctica para que tenga efectividad la participación»

EL MINISTRO DE INDUSTRIA, SEÑOR LÓPEZ DE LETONA, EXPUSO LAS LINEAS GENERALES DE LA POLÍTICA SIDERÚRGICA, EN RESPUESTA A IA INTERPELACIÓN FORMULADA POR EL PROCURADOR DON SALVADOR SERRATS

Madrid. (De nuestro redactor en las Cortes, Herminio Pérez Fernandez.) El primer Pleno de la Cámara legislativa, correspondiente al año en curso, presentaba, en el orden del día, dos temas que bastaban por sí solos para darle un especia] interés: la aprobación de la tan debatida y esperada ley Sindical y ana interpelación del procurador don Salvador Serrats Urquiza al Gobierno—en relación con la política siderúrgica nacional—, que había de contestar el ministro de Industria, señor López de Letona. La expectación era evidente: primero, se percibía en el lleno que registraban las tribun? ; reservadas al público e invitados, entre los que había algunos representantes extranjeros; después, en la concurrencia de procuradores, tan numerosa que e] hemiciclo casi quedó totalmente ocupado cuando, a las once menos veinte de la mañana, el presidente de las Cortes, don Alejandro Rodríguez de Valcárcel, declaró abierta la sesión.

El Gobierno asistió completo, con su vicepresidente, almirante Carrero Blanco, ocupando los escaños que le están especialmente reservados. En la mesa presidencial, con el señor Rodríguez de Valcárcel, los dos vicepresidentes, los secretarios y el oficial mayor, acompañados por los presidentes de las diferentes Comisiones.

Los trámites previos se cumplieron en pocos minutos: lectura y aprobación del acta del Pleno anterior:

excusas de asistencia y modiflca-ciones operadas en la lista de procuradores, que acusa las bajas de los señores García Moreno. Huarte Goñi, Lerma Andreu. Molina Horta y Soler Llorca.

A las diez y cuarenta y siete minutos, el procurador don Jesús Lample Operé, en nombre de 1» Ponencia que tuvo a su cargo el Informe del proyecto de ley Sindical, inició la defensa del dictamen subrayando que «pocas veces, en la historia del sindicalismo, un trabajador del campo español se había enfrentado con la alta misión de hablar desde el lugar donde lo han hecho grandes tribunos y hombres de leyes».

Trazó una breve historia del proceso seguido por el sindicalismo en España hasta llegar al momento actual y afirmó que, en algunas de sus características esenciales, nuestro sistema sindical, susceptible de perfeccionamiento, se ha adelantado, en el tiempo, gracias a la visión certera de los hombres que lo concibieron. Justificó luego la necesidad de actualizar la legislación sindical y resumió la historia de este proyecto de ley. desde la consulta-Informe hasta el debate en las Cortes. Analizó la nueva versión .realizada por la Ponencia, trabajandosobre el proyecto remitido por el Gobierno, y puso de manifiesto que la contribución más Importante radicaba en distinguir las organizaciones profesionales, por un lado, y los Sindicatos y los órganos de composición y coordinación, por otro. Se detuvo luego el señor Lample Operé en atinadas consideraciones sobre los temas que suscitaron los debates más apasionados en el seno de la Comisión, tales como el de la pluralidad asociativa: las organizaciones profesionales; el reconocimiento de la personalidad jurídica de las Uniones; la acción sindical en la empresa; la sindicación de loa funcionarios; la provisión de la presidencia de los Sindicatos nacionales; la figura del ministro de Relaciones Sindicales y sus atribuciones; el Congreso Sindical; las bases para un proceso de descentralización de la vida económica y administrativa del sindicalismo, y la incorporación de las entidades asociativas, con la excepción del sistema especial establecido para las Cámaras Oficiales de Comercio.

«cSe ha trabajado con ilusión y con fe —terminó el señor Lample—en la realización de un texto que puede ser fundamental para el futuro de España. Tenemos la esperanza de que este Cuerpo jurídico que se somete a la aprobación de las Cortes sea de verdad asiento del bien común, camino del entendimiento, campo abierto para la dialéctica y sendero de la fraternidad..*

Una prolongada ovación acogió las palabras del señor Lample Operó que. a las once y treinta y cinco minutos, era sustituido en el podio de los oradores por el ministro delegado nacional de Sindicatos, don Enrique García Ramal,

«LA LEY SINDICAL HA DE HACER POSIBLE UNA TRANSFORMACIÓN PROFUNDA Y COMPLETA DE LA PRODUCCIÓN Y DE LA SOCIEDAD» (GARCIA-RAMAL)

«Nadie va a pedir a ¡os Sindicatos que sean domésticos, pero siempre se fes va a exigir que sean responsables y nacionales»

Comenzó diciendo el señor García-Ra-mal que la presentación de esta ley Sindical «rebasa los limites de una defensa exclusiva de su contexto—cosa que, por otra narte, ha hecho magníficamente el procurador señor Lample—, ya que constituye pilar fundamental de] Régimen nacido e! 18 de julio de 1936 y la más valiosa aportación política de España a las nuevas formas de poder y de representación, que viene a superar mecanismos anticuados o en quiebra, de soluciones que se han desplomado en esta segunda mitad del siglo XX, ofreciendo nuevas fórmulas y respuestas que se correspondan a los problemas y a la mentalidad de nuestro tiempo».

«La aportación de nuestra idea del sindicalismo—prosiguió el ministro—-es una respuesta institucional a las insuficiencias delatadas por los propios demócratas 7 liberales europeos y un hallazgo de gran valor para afrontar y resolver pacíficamente los graves disentimientos sociales de los intereses en pugna en las sociedades industriales y de economía de mercado. Aidemás de todo esto, y por si todavía fuera poco, nuestro sindicalismo es la forma más realista y práctica para que -tenga efectividad esa nueva empresa de alcance político decisivo que es la participación.

Nuestro deber está, en todo caso, en cumplir las exigencias de nuestro pueblo, y que no son otras que las de implantar la justicia social, hacer resplandecer los derechos de la persona humana, entender y cumplir la función social de la economía y liquidar lo antes posible cualquier forma clara o encubierta de opresión económica o de explotación del hombre, propósitos que, por otra parle, constituyen una aspiración mundial.

El sindicalismo de clase, que se corresponde en nuestro país con las agrupaciones de patronos, arroja un balance dramático de víctimas y de ´miseria social, que repugna a cualquier conciencia hott-rada que se asome al conocimiento de la Historia con ánimo de impedir la repetición de hechos cerno aquéllos. No es éste el momento de hacer juicios de valor, sencillamente porque La Historia los ha hecho cumplidamente.

TRANSFORMACIÓN PROFUNDA Y COMPLETA

No entendemos que la misión d« esta ley Sindical sea, desde el presente y cara al futuro, una misión estática, sino que la ley Sindical ha de hacer posible desde las raíces esenciales de sus principios una transformación profunda y completa de la producción y de la sociedad. No podemos hablar por ello de que esta ley sea de transición. Está elaborada de acuerdo con los mandatos de nuestra constitución política, y nuestra constitución política no e* de transición, es el resultado de treinta años de experiencia del nuevo hecho sindical español.

Desde el sindicalismo de clase ya nadie discute su conveniencia para acabar con las diferencias obreras y potenciar su estrategia de reivindicación. Pero nosotros hemos alcanzado una nueva dimensión de la unidad, eomo la de reunir a todos los factores y elementos de la producción. Esta unidad permite en sa seno la variedad y la diferenciación, porque si ello no fuera así sería uniformidad y totalitarismo, y con la sociedad pluralista que tenemos delante el sindicalismo na puede ser ni uniforme ni totalitario. Este unidad se distingue cla-ramejiíe de la uniformidad, pues lis intereses economices y los sncteJes no son igua-

les, de ahí las respectivas uniones; aunque pueden ser armonizados, de ahí los órganos de composición; los Sindicatos, con presencia social y económica paritaria. La unidad es´la eran recomendación de Franco para todos los ámbitos de la vida política española. Treinta años de unidad sindical, con nn reconocimiento de un cierto pluralismo interior, nos ha permitido obtener la legislación social que disfrutamos, elevar e! nivel de vida de los trabajadores, construir un sindicalismo poderoso como el que tenemos y haber contribuido a la paz social. Si nadie duda en estos instantes sobre la eficacia y la fortaleza de los Sindicatos españoles, a la unidad sindical se debe. Habría sido inadmisible que hubiéramos hecho almoneda de nuestra anidad precisamente en unos momentos en los que se encuentran deseando más que nunca su logro los sistemas sindicales pluralistas.

EL PRINCIPIO DE REPRESENTATIVIDAD»

£1 principio de represeníatividad es la prueba más clara que el sindicalismo español puede mostrar. La representación nace de ahajo arriba, desde la misma empresa, y concluye en el más alto Cuerpo consultivo de la Nación, contó es el Consejo del Reino, La representación sindical en los Municipios es de 17.710 concejales. Son 10.325 los puestos de representación en las Mutualidades y Montepíos. En la Mutualidad Agraria hay 55.771. En las Comisiones del Plan de Desarrollo, más de 1.300, y 150 procuradores en Cortes. La representaneión alcanza igualmente a numerosos organismos, como el Consejo del Reino, Consejo Nacional del Movimiento, Consejo de Economía, Consejo de Estado, Consejo de Educación, etc. Centenares de miles son los enlaces sindicales y las representaciones en los tres niveles son numerosísimas. ¿Pero de dónde se han sacado nuestros críticos la debilidad de nuestro sistema representativo? Vaya nuestro reto a quienes se dedican a explorar nuestro sindicalismo, con buena fe. para que sa nos diga un repertorio más extenso e intenso de representación que el nuestro f una realidad de autogobierno más expresiva que la del Sindicalismo español. Toda la sociedad que forma parte del proceso productivo constituye la Organización Sindical.

Si antes el sindicalismo de las distintas tendencias políticas e ideológicas produjo la división de la clase obrera, juzgúese lo que ocurriría ahora con esa división dentro de las estructuras unitarias. Cuando más pronunciada es la división sindical, el grado de cohesión de los trabajadores es más débil. No negamos, en cambio, !a variedad; la pluralidad se distingue únicamente por las adscripciones ideológicas o políticas, mientras que la variedad es el reconocimiento de la realidad social.

EL PRINCIPIO DE PARTICIPACIÓN

Se ha dicho—y no falta razón—que se está dado en Occidente el fenómeno de la «integración de la clase obrera en el sistema capitalista», pero frente a esta realidad sociológica, no enteramente positiva, también se está operando la puesta en marcha de una estrategia: la del Sindicato participante, que puede convertir la- mera absorción, por los sistemas sociales, en una presencia activa, responsable y copartíci-pante en los logros y beneficios y responsabilidades del desarrollo. La Inclusión de este principio de participación en la ley Sindical nos obliga a retoodelar algunas actitudes, y a convocar urgentemente iniciativas y tareas para alumbrar esa nuera rerolnción humanística de Ja concordia en la Tierra, que se corresponde coa la revolución tecnológica del espacio.

Ello indica que la libertad de actuación es la savia que circula por su extenso sistema arterial. Los Sindicatos pueden seguir haciendo patente sus opiniones, quejas, insatisfacciones, críticas y también su aprobación por el logro de sus demandas, pero ello es compatible con su colaboración en las tareas d« la comunidad nacional.

servicio del destino político e histórico de España. Lo que deben ajustar las entidades sindicales, a través de sus dirigentes, es la medida de esa libertad. La libertad de actuación debe ser oportuna, serena, firme y con alteza de miras. Los sindicalistas más autorizados son los que han proclamado que ha terminado el tiempo de la locuacidad desenfrenada y de las peticiones disparatadas. No es la primera vez que digo que nadie va a pedir a los Sindicatos que sean domésticos, pero siempre se les va a exigir que sean responsables y nacionales.

Lo que resulta inatacable es la presencia sindical en el Consejo de Ministros. Las características de este sindicalismo, con su encuadramiento obligatorio, su presencia en organismos de decisión, el volumen gigantesco de intereses que mueve y que representa, hace inviable una actitud de alejamiento del poder, por un teórico y discutible respeto a los tópicos de la independencia y de la libertad, principios que, por otra parte, no parecen lo más mínimo. El sindicalismo necesita defender a d!ario sus intereses y ser eficaz, y no puede ser representado por intermediarios. El sindicalismo necesita sentarse a la mesa donde se fijan los rumbos de la marcha del país, y allí hacer oír su voz cuando se plantean los problemas económico-sociales por los diferentes Departamentos de la Administración Pública. Hemos pasado de la antigua situación de estar fuera del Estado—en el viejo sindicalismo de clase—a estar dentro, dando vida y haciendo pesar los legítimos intereses del mundo del trabajo dentro de todas las instituciones públicas, incluido el Gobierno de la nación. No se trata, pues, de un condicionante, sino de una conquista.

REDUCE LAS FUNCIONES CONFIADAS AL DELEGADO NACIONAL

Con toda sinceridad, y sin pretender una fácil defensa de la ley que se somete a vuestra consideración, entiendo que podemos afirmar que, en lo que respecta a los cometidos que se reserva el Estado, esta ley reduce considerablemente aquellas funciones que al delegado nacional de Sindicatos se confiaban en la de 6 de diciembre de 1940. En tal sentido, el proyecto representa un paso llamado a permitir que nuestro sistema legal resista la confrontación con el derecho comparado.

Yo creo que si no le falta al sindicalismo la fe y dedicación de sus hombres, puede decirse en lo que es previsible que esta ley fortalece y sienta nuevas bases para la convivencia y paz de las futuras generaciones, ya que se aparta de todo inmovi

lismo y lleva en su seno los principios de adaptación y referida que el cambio social demande.

Esta ley Sindical, en suma, constituye nna respuesta al reto de nuestro tiempo en sus condicionamientos específicos del orden social, económico y tecnológico con proyección de futuro. Constituye un texto que representa la opinión mayoritaria del pueblo que trabaja y que produce.»

«He tratado de ofrecer una exacta uñaren de la ley—concluyó el ministro—. La gran empresa del sindicalismo es tarea de todos, y por ser un tema familiar para cuantos estamos Aquí, estoy seguro que habéis sabido disculpar la pobreza de mis palabras. Solamente me resta ya decir que en el marco de las leyes de 1940 ha tenido lugar la fundación, la evolución y el desarrollo de un sindicalismo genuino que ha •ido uno de los grandes resortes de la paz española. Todos confiamos que en el marco de esta ley de 1971 tenga lugar la con-•olidación de este sindicalismo como la gran palanca de la continuidad política del Régimen, porque será siempre un sindicalismo leal, cohesionado y fuerte, seguro de las conquistas alcanzadas y convencido de su constante y tenaz progreso.»

Cuando, a las doce y cuarto de la ma-fiana, el ministro delegado nacional de Sindicatos finalizó su brillante discurso —Interrumpido en cuatro ocasiones con cálidos aplausos—, una prolongada ovaron le acompañó hasta que ocupó nueva-

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Muchos procuradores se acercaron hasta allí para felicitarle.

RESULTADOS DE LA VOTACIÓN

El presidente de las Cortes anunció que se había formulado, por un número suficiente de procuradores, la petición de que el proyecto de ley Sindical fuera sometido a votación de carácter nominal; considerada pertinente esta solicitud, el señor Rodríguez de Valcárcel dio las normas para el desarrollo de la votación, que se iniciaría con los miembros del Gobierno, para seguir con los presidentes de las Comisiones legislativas, haciéndolo luego todos los procuradores, a medida que fueran nombrados, por orden alfabético.

A las doce y cincuenta minutos el señor Rodríguez de Valcárcel anunció que el proyecto de ley Sindical quedaba aprobado por 451 votos afirmativos. Se habían registrado 46 ausencias, entre ellas las de los tres prelados orocuradores; se abstuvieron de votar los señores Martin Artajo, Arrúe Arrúe, Cabanillas Gallas, Cabello de Alba. Conde de Ponte y Olmo Aires, y

se registraron 11 votos en contra, entre ellos los de los señores Ángulo Montes, Fraga Iribarne, Escudero Rueda, Goñi Do-názar. Bizarro Indart y Zubiaur Alegre.

INTERVENCIÓN DE DON VIRGILIO OÑATE GIL

Intervino a continuación el procurador don Virgilio Oñate Gil en la defensa del dictamen correspondiente a las retribuciones del profesorado de Formación del Espíritu Nacional. Educación Física y Enseñanza del Hogar, haciendo una brillante defensa del entusiasmo, la abnegación y el alto espíritu con que todos sus componentes vienen actuando desde hace muchos años sobre una parcela tan querida y predilecta como es la juventud española. Destacó las condiciones realimente insuficientes en que estos profesores venían siendo retribuidos y puso de relieve las mejoras que gracias a las nuevas disposiciones adoptadas se les otorgan desde ahora.

El proyecto fue aprobado con tres votos en contra y el señor Oñate recibió una prolongada ovación.

 

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