Un texto de prudente realismo     
 
 ABC.    03/10/1969.  Página: 29-30. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

UN TEXTO DE PRUDENTE REALISMO

Madrid. (De nuestra Redacción.) La presentación del texto de la Ley Sindical realizada por el ministro secretario general del Movimiento, señor Solís, marca una fecha importante en el proceso institucional abierto por la I/ey Orgánica del Estado, que se corona así con la norma >te más alcance socio-económico de todas las que componen el edificio constitucional español. £1 texto que el Gobierno envía a las Cortes, y que debe ser discutido en el cuadro legislativo nacional, es un texto con méritos indudables de prudencia, que Quizá puedan parecer insuficientes a ciertos abogados del utopismo ongelista, pero que corresponden a la realidad española, preocupada por encuadrar su propia vida dentro de un proceso siempre abierto de perfeccionamiento constitucional, en cuyo cumplimiento nadie puedo negrar que el proyecto de Ley Sindical representa un paso adelante respecto » la situación anterior. Que no sea un texto perfecto no quiere decir que no sea un texto positivo.

La Ley Orgánica del Estado de enero de 1967 desmontaba el indudablemente superado esquema legislativo sindical, que coa las leyes de Unidad Sindical del 26 de enero de 1940, la ley de Bases de 1a Organización Sindical del 6 de diciembre de 1940, la ley de Clasificación de los Sindicatos Nacionales de 1941 y la ley de Unidad Sindical Agraria, del mismo año, habían or deaado en función de determinadas circunstancias específicas el sindicalismo nacional. Todo lo que había de provisional y casi de improvisado en aquellas leyes hijas de su tiempo quedó radicalmente renovado en la Ley Orgánica, que desmontaba la verticalidad sindical insistiendo en la necesidad de ofrecer un cauce a la agrupación de toa Consejos de empresarios r detraborganizados momentáneamente unificados en e1 sindicalismo vertical de la posguerra, pero que podían dialogar dentro de la unidad sindical mucho más provechosamente organizados, en líneas horizontales más acordes con la realidad de una España que iba incorporándose al desarrollo economico de los restantes países europeos a m ritmo de crecimiento verdaderamente espectacular. La España de los 630 dolares de renta "per cáplta" tenía necesariamente que tener otra estructura sindical que la lejana y doliente España de los años ooarenta, eon ros menguados 100 dólares por Individuo.

LA REALIDAD ESPAÑOLA

Planteada la necesidad de renovar un armazón sindical que había quedado desbordado por la realidad •española, fueron los propios Sindicatos quienes, dando un ejemplo de dinamismo infatigable, modificaron, al margen de los textos, sus actividades, y así vimos nacer una serie de realidades sindicales que no tenían respaldo oficial. El Congreso sindical de 1964 quizá pueda considerarse a este respecto como un verdadero acontecimiento en la evolución de la mecánica sindical, más preocupada por sintonizar con la realidad de España que con la servidumbre puritana a unas disposiciones desfasadas con la realidad. El primer motor de la renovación sindical han sido los propios Sindicatos, y esta capacidad de adaptación debe apuntarse en el balance de la operación que se coronará con la aprobación por las Cortes de la Ley Sindical, una vez que los procuradores hayan corregido en ella lo que consideren merecedor de perfeccionamiento.

LA CONSULTA-INFORME

Siguiendo las líneas magistrales dibujadas en la Ley Orgánica, inició la Organización Sindical una amplia consulta-informe entre sus miembros, que alcanzó la cifra impresionante de 170.000 respuestas directas, con cuyos resultados se redactó un anteproyecto según les resultados del Congreso de Tarragona de la primavera de 1968, donde por primera vea se reglamentaron de manera orgánica los resultados de varios días de discusiones, a veces muy vivas, entre los representantes del sindicalismo nacional. Unos partidarios de la renovación y otros más conservadores. La Organización Sindical elevó al Gobierno en un anteproyecto el 3 de octubre del año pasado, y desde entonces ana Comisión Interministerial ha estado estudiando con todo detenimiento los detalles del proyecto definitivo que el Gobierno debe enviar a las Cortes para su discusión,

SI tenemos en cuenta que las primeras bases de una renovación sindical traducida en textos se remonta al Congreso sindical de 1964, y que tan sólo en 1969 iniciaran las Cortes la discusión sobre el proyecto de ley, se mide temporalmente la concienzuda preparación de una ordenación que Influye sobre el ajuste social de la mayoría de la población activa española, encuadrada obligatoriamente en un Sindicato único cuya unidad consideran como provechosa todos sus miembros y se presenta como un objetivo deseable por todos loa movimientos sindicalistas europeos.

El texto elaborado en Tarragona Instrumentaba, al menos parcialmente, las directrices generales que la Ley Orgánica había establecido con carácter solemne, dada su superior condición de norma constitucional, pero era evidente que las versiones concretas que allí se dieron de algunos temas Importantes podían, prestarse a Interpretaciones muy diversas, como sucede siempre que quieren aplicarse preceptos generales. Tarragona ofreció una versión que no tenía por qué ser la "única" versión posible de la nueva ordenación sindical que corresponderá, como es natural, a las Cortes Españolas, cuyos debates son los únicos que pueden perfilar la ley. Anteproyecto interesante el texto presentado hoy por el Gobierno, sigue en gran parte sus conclusiones, aunque se aparte en otros muchos de su redacción, siguiendo un proceso de colaboración entre los diversos engranajes políticos españoles, de cuya colaboración debe salir el texto legal aprobado por nuestros parlamentarios, cuya última palabra será la que decida, como es de precepto constitucional.

LA PALABRA DE LOS OBISPOS

Mientras tanto, la Conferencia Episcopal española en julio de 1968 dictaba un documento sobre los principios cristianos relativos al sindicalismo, que aportaba un importante elemento al debate, sentando una doctrina particular sobre los principios a que debía «justarse la nueva Ley Sindical, según una versión de las encíclicas pontificias, que Indudablemente aportaban un nuevo bagaje documental al proceso de redacción. Desde otro ángulo de la vida española, y envueltos en la clandestinidad también las Comisiones obreras elaboraron varios informes sobre lo que ellos consideraban necesario que la Ley Sindical aportase al mundo laboral. La cantidad de editoriales de periódicos, de comentarios o apostillas a la posible norma sindical cierran así un ciclo de intervenciones públicas, donde puede decirse con razón que aun siendo muchas contradictorias o produciéndose entre ellas sorprendentes y chocantes coincidencias, han movilizado a una Inmensa cantidad de españoles en su disensión o reflexión. La Ley Sindical presentada por el Gobierno a las Cortes podrá ser buena o mala; lo único que no ha sido es un texto sobre el cual no hayan opinado de alguna manera casi todos los españoles.

 

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