Las asociaciones y agrupaciones constituyen el centro de gravedad de la nueva Ley Sindical  :   
 De su buen funcionamiento dependerá el juicio definitivo que merezca la vida sindical. Debe procurarse que las aspiraciones de la base lleguen por el camino más corto hasta los órganos superiores. 
 ABC.    05/10/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LAS ASOCIACIONES Y AGRUPACIONES CONSTITUYEN EL CENTRO DE GRAVEDAD

DE LA NUEVA LEY SINDICAL

De su buen funcionamiento dependerá el juicio definitivo quemerezca la vida sindical

DEBE PROCURARSE QUE LAS ASPIRACIONES DE LA BASE LLEGUEN POR EL CAMINO MAS CORTO HASTA LOS ÓRGANOS SUPERIORES

Madrid. (De nuestra Redacción.) El centro de gravedad del proyecto de Ley Sindical enviado por el Gobierno a las Cortes se sitúa, hablando con seriedad y realismo, en el capítulo U. que engloba los artículos del 17 al 23, y donde se regulan las asociaciones y agrupaciones sindicales, verdadera novedad del ^proyecto y pieza decisiva en la articulación del nuevo sindicalismo, de cuyo buen o mal funcionamiento dependerá, efectivamente, que la nueva Ley haya aportado a la vida sindical española un elemento positivo, o merezca la crítica general. Perderse en bízanti-nismos sobre la oportunidad de una palacra deslizada en el texto conocido o pretender que la vida española cambie de la noche a la mañana por arte de birlibirloque, son dos actitudes tan ausente! de la realidad que no corresponden a un debate alrededor del cual parece obligado emplear la formalidad.

La Ley Sindical, como reguladora del nuevo sindicalismo español, va a ganarse la estima o el desdén del país, según funcionan efectivamente las propuestas asociaciones y agrupaciones que por primera vez se admiten globahncnte dentro del cuerpo sindical, porque ya había ciertos precedentes que han funcionado muy bien dentro del sindicalismo oficial en el sector agrícola, donde una verdadera constelación de Hermandades, Grupos y Subgrupos han servido como útil banco de ensayo para esta nueva geometría sindical, donde las líneas horizontales deben animar unas estructuras que, al menos oficialmente, estaban ordenadas según un orden de anacrónica verticalidad.

En fin de cuentas, la nueva Ley Sindical será buena si -resulta capaz de convertirse en una buena ley de asociaciones sindicales, cuyo motor democrático se sitúe en una viviente y sincera animación de agrupaciones, donde tanto patronos como obreros o técnicos puedan libremente encontrarse y decidir en común lo más conveniente para ellos. Todo dependerá de la limpieza con que se autorice el juego de las agrupaciones y de la posibilidad que tengan para ser escuchadas, aguas abajo del proceso sindical.

El mecanismo de estas entidades sindicales merece ciertas explicaciones, porque el texto de la Ley resulta gramaíicalmen-te un poco confuso, al menos en una primera lectura. El artículo 17 regula la creación de tres asociaciones dentro de cada Sindicato, una de obreros, otra de técnicos y otra de empresarios, dándole una estructura ejecutiva a las tareas da los Consejos de Trabajadores y de Empresarios, que hasta ahora venían cumpliendo esta misión, aunque su figura fuese mucho más la de un órgano deliberante que el de un instrumento ejecutivo. Con la creación de estas tres asociaciones por sindicato se horizon-taliza formalmente la vieja estructura y cada elemento de la producción podrá defender mejor sus intereses porque los cauces serán más amplios y coherentes que lo eran hasta aquí.

Excluidas de la ley de Asociaciones y consideradas de utilidad pública, tendremos a las asociaciones sindicales como puntos de encuentro, para las agrupaciones donde se sitúa la verdadera actividad de la base d/antro del nuevo esquema sindical, y que constituyen la novedad de texto publicado y una clara innovación positiva, porque las agrupaciones podrán constituirse libremente dentro del ámbito territorial de cada sindicato, y porque podrán encarnar a sus afiliados para la defensa de los intereses profesionales, incluso a efectos de negociación colectiva. La situación es—al menos en teoría—completamente distinta a la actual, donde el sindicado sólo gozaba de esa libertad al nivel del sindicato de empresa, pero debía encomendar a las autoridades superiores del sindicato, generalmente pertenecientes a la línea de mando, la defensa de sus pretensiones laborales.

Si todo esto constituye el activo, será preciso apuntar en el pasivo que la peir-vivencia de las sesiones sociales dentro del sindicato coronando las asociaciones de técnicos y obreros, incluso si se ha empleado para designarlas un término más ambiguo que cíl elegido en las conclusiones de Tarragona—órgano de coordinación, en lugar de sección social—, representa un inútil escalón intermediarlo entre la base y la dirección, y puede levantar, por lo menos, la sospecha de que el flujo ascendente de los deseos de la base se entorpezca, al resultar filtrado por tres niveles sucesivos de órganos superiores. La agrupación elevará sus propuestas a la asociación, quien, a su vez, la transmitirá a la sección social o centro coordinador, último relevo antes de llegar a la Junta central y al presidente del Sindicato Nacional. El mecanismo resulta muy pesado y puede prestarse a demasiadas fiscalizaciones o, por lo menos, retrasos.

Es cierto que en el Congreso de Tarragona la pervivencia de las antiguas secciones sociales, qis» debían en buena teoría desaparecer una vez que nacían las asociaciones y agrupaciones, fue reclamada por algunos representantes del sector obrero, empeñados en sostener un punto de contacto entre técnicos y obreros dentro de cada sindicato. La argumentación parece poco convincente, porque semejante contacto podía haberse establecido sin un molde orgánico que entorpecerá, en el mejor de los casos, la deseable agilidad del nuevo mecanismo. Es un punto qua deberán discutir las Cortes a su hora.

Dentro de la realidad española, que tiene sus especiales características y sus limitaciones, junto con sus ventajas, como toda situación política del mundo, el debate parlamentario sobre la Ley Sindical parece que debe dedicar su esfuerzo principal a mejorar el funcionamiento de csa,s agrupaciones y asociaciones que conservan la unidad sindical, permitiendo, sin embargo, un diálogo fecundo y libre entre obreros y patronos, quizá como etapa intermedia hacia otras fórmulas que podrían nacer precisamente después de la experiencia de este primer ensayo de horizontalización, cuyo resultado final será, en definitiva, quien descalifique o no a la Ley.

 

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