Autor: García de Frutos, Juan Carlos. 
 Aborto: La vida en entredicho. Monseñor Elías Yanes, arzobispo de Zaragoza. 
 Admitir la permisividad legal del aborto es deshonrar la democracia     
 
 Ya.    15/03/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Monseñor Elias Vanes, arzobispo de Zaragoza

«Admitir la permisividad legal del aborto es deshonrar la democracia»

«El número de votos no justifica la muerte de uno sólo de los seres humanos inocentes que el proyecto de

despenalización del aborto provocado en ciertos casos pretende autorizar.» Así empieza la epístola que

monseñor Elias Yanes ha publicado en el semanario «Iglesia en Zaragoza», que edita la diócesis

zaragozana, informa nuestro corresponsal en Zaragoza, Juan Carlos García de Frutos.

La carta, dirigida a todos los feligreses,-continúa diciendo que «la defensa de la vida humana no debe ser

una cuestión de partido. Mientras sea una cuestión de partido, algo falla en la base misma de nuestra

democracia».

Monseñor Elias Yanes añade que «es función de la ley limitar el ejercicio de la libertad cuando ésta se

ejerce no sólo para eliminar la libertad de los demás, sino para eliminar la vida de los demás. Nunca

dejaría de ser un crimen horrendo—continúa diciendo— el exterminio de miles de seres humanos en un

campo de concentración, con una y otra bandera, por muchos que fueran los millones de hipotéticos

votantes que apoyaran tales acciones. Cuando está en juego la vida de un solo ser humano, inocente e

indefenso en el seno materno, no vale el argumento del número de votos, no vale el ejemplo de que se

hace en otras partes del mundo civilizado».

Bajo el título «Conservadores de la vida», el vicepresidente de la Conferencia Episcopal y arzobispo de

Valladolid, monseñor Delicado Baeza, publica una carta pastoral en la que afirma que la «propaganda

manipuladora en-favor del aborto, como se está comprobando, encadena una y otra vez los mismos

tópicos, pero en momentos muy bien estudiados para sorprender y en lo posible, "conmover" y

transformar la opinión pública. Llama hipócritas-o conservadores, según convenga, a los que defienden la

vida». «Pero —continúa— en el fondo es una trampa. También hablan de motivos "razonables", de plazos

de tiempo: sólo en estos casos dicen, porque en realidad no somos partidarios del aborto; nadie es

partidario del aborto, repiten.» Y añade que «para que las sociedades sean en verdad progresivas y no

represivas hay que conservar aquellos valores que dignifican la vida humana —en primer lugar, la vida

misma en sus orígenes— dotándola de la mayor calidad posible para "todos" los seres humanos. Lo

contrario sería signo de regresión y negatividad».

«Ante el proyecto de ley del aborto, nuestro silencio y nuestra pasividad podrían ser moralmente graves y

reveladores de una insensibilidad y de una falta de coherencia en nuestra fe, de los que tendríamos que ser

acusados por la historia», ha manifestado monseñor Briva Mirabent, obispo de Astorga. «No nos es lícito

´—añade— asistir impunemente al proceso de introducción en la legislación de nuestro ordenamiento

jurídico y social, del homicidio de miles de seres inocentes.e indefensos.»

Y prosigue diciendo: «Ya sabemos que la honradez de las madres y de los médicos que se sientan induci-

dos a provocar el aborto, por los motivos que sean, no se puede asegurar con ninguna ley, por muy

perfecta que sea. Pero las leyes nunca pueden dar por bueno lo que es intrínsecamente malo.»

Por su parte, monseñor González Moralejo, obispo de Almería, en una homilía pronunciada en la catedral

se refirió al tema del aborto con estas palabras: «Nadie hay más necesitado que el ser humano todavía no

nacido, cuya vida reclama en justicia y ´por derecho natural, amparo y protección eficaz de parte de la

madre, de la ciencia y de las leyes de la sociedad. La vida humana, don de Dios y fundamento de todos

los derechos humanos, es anterior a las leyes del Estado y a todo el poder de los hombres. De aquí que

cualquier disposición jurídica que abre las puertas al aborto, aunque se presente como "ley restrictiva y

modera1-da", es una ley gravemente injusta y del todo inaceptable. No es por este camino por donde la

sociedad se hace más justa y progresiva. Ha de ser por otras leyes y ordenamientos con los cuales se

ataquen a fondo las causas de las que brotan las situaciones a las que pretende responder la motivación

del proyecto de reforma del código penal sobre despenalización del aborto.»

 

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