Autor: J. P.. 
   Antonio García López  :   
 Secretario general del Partido Socialista Democrático. 
 ABC.    07/02/1976.  Páginas: 6. Párrafos: 56. 

ANTONIO GARCÍA LÓPEZ

Secretario general del Partido Socialista Democrático.

«No le tengo ningún miedo ni al "bunker" ni a Carrillo»

«Es una tontería querer presumir de que se está más a la izquierda que el vecino».

ES rotundo Antonio García López: «No le tengo ningún miedo ni al "bunker" ni a Carrillo. Son residuos

de una guerra civil que el país quiere olvidar o leer en memorias. El "bunker" obtendrá en unas elecciones

democráticas un 2 por 100 del voto y el P. C. de un 10 a un 14 por 100. Ni en las zonas de mayor

concentración obrera e! P. G. obtendrá mayorías por sí solo, como no

sea con la ayuda del Frente Popular de turno». El líder del Partido Socialista Democrático Español lleva

muchos años en la brecha política y asegura que jamás ha sido marxista. Nació en el año 29 en

Pampliega, Burgos. Su madre, maestra, y su padre, abogado de provincias, crearon una familia católica,

tradicional y de ascendencia liberal y no carlista. Bachillerato en el madrileño Colegio de San An-

"Ha sido un grave error que la Internacional Socialista no haya alentado o ayudado los demás grupos

socialistas".

"Yo no quiero que vengan aquí las alas extremas de todos los partidos europeos a su safari

político y que España se transforme en una especie de laboratorio político de la utopía para los

insatisfechos de la sociedad de consumo europea".

ton, con los escolapios, y muy pronto, en primero de Universidad, la vocación política cuando la época de

la reforma del S. E. U. Gana una beca para Estados Unidos y estudia relaciones internacionales y Econo-

mía en la Universidad de Virginia. Permanece en Canadá como profesor y retorna a España en el 55. Ya

ha contactado con Llopis, mantiene relación con Prieto y Araquistáin, participa activamente en la política

socialista, representa al P. S. O. E en misiones en España, en el Congreso del Partido Socialista Francés

(S. F. I. O) de Lille de 1956 y en el Congreso de la Internacional Socialista de Compiegne, y marcha

nuevamente a Norteamérica como economista. Trabaja en la Oficina Internacional del Trabajo en

Ginebra, y en la O. C. D. E. de Paris. Diversas peripecias con el socialismo del exilio: García López

defiende la tesis de que se debe intensificar la actividad en el interior. En 1962, ruptura con el P. S. O. E.

histórico y creación del Comité de Coordinación Socialista con Catalanes (Pallach), Gallegos (Piñeiro),

Vascos y Valencianos. Observador en el Congreso de la Internacional Socialista de 1966. En el año 72

comienza a vislumbrarse la creación de un partido socialdemócrata y el distanciamiento del socialismo

histórico. En el 74 nace la U. S. D. E.: «Ridruejo y yo éramos copresidentes y, por tanto, fundadores

simultáneos del partido. A la muerte de Ridruejo, una facción se apresuró a presentar el problema de

confianza sin contar ni con la mínima base organizada ni con las provincias. Decidimos que mantener sin

Ridruejo el acuerdo inicial no era posible. Convocarnos a las provincias organizadas, consultamos a

nuestros compañeros catalanes y adoptarnos la denominación de Partido Socialista Democrático Español,

que en el fondo debería haber salido del I Congreso, Antes el carro que los bueyes. Por ello sufrí una

campaña de ataque personal a la que yo ni siquiera he contestado».

—¿Cuál es la situación del Partido Socialista Democrático Español ahora mismo?

—Estamos celebrando una serie de reuniones preparatorias del Congreso. Por el momento han asistido

representantes y observadores de treinta provincias. Tenemos grupos en preparación en otras diez. El

Congreso será posiblemente en junio y queremos presentarnos ante el país con unas bases de programa

democráticamente discutidas, con la asistencia de centenares de delegados de toda

oíase de grupos y clases sociales.

—Respecto al programa: ¿cabe afirmar rotundamente que el P. S. D. E. no es marxista?

—No es marxista. Habrá grupos o personas que lo sean, pero el partido no lo es. España es un país

variopinto y el P. S. D. E. quiere ser un fiel reflejo de sus gentes. En Cataluña, nuestro Partido hermano,

el «Reagrupament» Socialista y Democrático, está en la misma línea. Todos somos trabajadores: obreros,

campesinos y clases medias. Todos están convencidos de que no se trata de revocar la fachada después de

Franco, sino de que hay que ir a una reforma profunda de! país que sirva para el próximo siglo. El P. S. O.

E. de Surennes, con sus conclusiones marxistas de lucha de clase, creía que tenía todas las respuestas.

Ahora descubre que las corrientes reformistas no marxistas en el socialismo son mayoritarias en España.

Los socialistas democráticos no nos avergonzamos de decir que somos reformistas. Es una tontería querer

presumir de que se está más

"No se puede defender durante años la ruptura o la huelga general revolucionaria y luego no ser capaces

de sacar un millón de personas a la calle".

"¿Mi partido protegido por la C. I. A.?

Eso lo dicen los ex franquistas de la Junta Democrática,

haciendo méritos con el P. C.

i la izquierda que el vecino. A a izquierda de una comuna nacista está la orden de San Benito. La realidad

es que algún 2ia habrá un gran movimiento socialista unificado en el país, Pero las corrientes socialdemó-

cratas en España son mayoritarias, debido, entre otras cosas, a la desintegración de los partidos

confesionales. De este fenómeno nosotros no somos responsables, es la historia que ha cambiado.

—¿Dónde está la legitimidad socialista?

—Sólo habrá legitimidad socialista cuando se celebren elecciones y las gentes paguen sus cuotas de

militantes y voten. Para nosotros la política no es

una secta religiosa o una marca industrial.

—Bien, pero los miembros del P. S. O. E. afirman que esta legitimidad está en el P. S. O. E....

—Eso tiene algo de triste y algo de irónico. Porque la mayoría de esos líderes proceden todos del

catolicismo político; algunos se incorporaron muy tarde —no quiero dar nombres— al movimiento

socialista. Aparte de lo que decidan las elecciones, está ahora eí testimonio de los cuadros: -el viejo

socialismo español fueron los líderes obreros. Los cuadros históricos son los viejos militantes con años de

cárcel y dos o tres generaciones de socialismo en la familia. Los Gómez Ossorio, de Madrid; Fernández,

de Sevilla; Losada, etcétera... Estos viejos militantes son menos agresivos que los conversos que hablan

de legitimidades y «sellos». El nuevo P. S. O. E. está formado preferentemente por profesionales y por

personas procedentes de cuadros administrativos, más que por obreros.

—Entonces, ¿no está la base con Felipe González?

—En el Congreso de Suresnes, ¡a base del interior eran 2.500 personas. No sé si habrá habido la

multiplicación del pan y los peces. Además, las militancias hoy día, incluso la del Partido Comunista, son

solamente indicios. Mientras no haya elecciones, la única realidad política son las corrientes de opinión.

Las urnas, las urnas lo demostrarán todo. La supuesta legitimidad, por el momento, la han otorgado los

partidos extranjeros. Me parece muy peligroso internacionalizar la política española. Yo no quiero que

vengan aquí tas alas extremas de todos los partidos europeos a su safari político y que España se

transforme en una especie de laboratorio político de la utopía para los insatisfechos de la sociedad de

consumo europea. & partido socialista español debe estar organizado por los propios españoles. Nada de

cheques extranjeros ni de homologaciones extranjeras, ni intervenciones ni injerencias, porque, en

realidad, todo eso son residuos de cuarenta años de complejo de inferioridad y va contra la tradición de

independencia del socialismo español. Nuestro siglo XIX ha tenido una tradición parlamentaria que, con

la inglesa, la francesa y la holandesa, es una de las grandes tradiciones democráticas y parlamentarias de

Europa. No hay italianos o alemanes que nos tengan que dar lecciones de democracia histórica. Hay que

quitar este complejo de inferioridad de que se nos tienen que organizar los partidos y dar los certificados

de «buena conducta» desde más allá de los Pirineos.

—Bien, bien, ¿y la Internacional Socialista? ¿Qué contactos ha tenido usted con la Internacional

Socialista?

—La actitud de la Internacional me parece correcta. El partido histórico debe ostentar la representación

de la Internacional. Pero lo que creo que ha "¿Ruiz Giménez? No veo cómo se compagina el

marxismo de ´Cuadernos para el Diálogo´ con el resto de los componentes de la D.C."

sitio en grave error es que la internacional no haya alentado, no se haya relacionado o ayudado a los

demás grupos socialistas porque si hoy se analizan todos los grupos o partidos socialistas, el P. S. O. E.

histórico, que tiene dos ramas, puede que sea minoritario. Y el socialismo del futuro deberá estar

integrado por todos estos socialismos del país, sin patente de importación o legitimidad.

—En ese sentido, ¿va a haber un pacto entre su partido y el llopismo?

—Nosotros tenemos relación de amistad con el P. S. O. E. histórico y, a pesar de los errores y

arrogancias, con el de Felipe González. Y, por cierto, creo que algunos cometen gran error en sabotear el

trabajo de Felipe, que es lo mejor que tienen. En la etapa electoral que se presenta, cada grupo deberá

escoger sus programas y dejarse ya de ambigüedades. No se puede estar en un actitud revolucionaria y, al

mismo tiempo, decir que se está en la evolución gradual. Hay que terminar con el deseo de algunos

socialistas de ser todo al mismo tiempo: no se puede vivir a base de declaraciones y programas de

rupturas, lucha de clases y dictadura del proletariado y, simultíneamente, decir que es precisa una salida

gradual hacia la democracia e indespensable el pactar. No se puede hablar de ruptura revolucionaria y a la

vez afirmar que la ruptura democrática es un prodirigirse al país con alternativas claras para que el país

escoja y que se sepa quién es quién. Nuestro futuro democrático como pais depende de que las buenas

gentes sepan a dónde se va.

—¿Es viable ahora mismo la unión de todos los grupos socialistas?

—Las próximas elecciones obligarán a una serie de alianzas. Quien no acepte el compromiso será

minoritario o desaparecerá. El Socialismo Democrático, lo que la gente llama la Socialdemocracia, que

lucha por una reforma profunda pero no revolucionaria o caótica, es mayoritario y las posiciones de lucha

de clases, marxistes y de dictadura del proletariado, son minoritarias. Y no importa lo que digan en

Frankfurt o en Estocolmo, porque las posiciones ma-yoritarias —incluso sin ayudas exteriores ni fondos

exteriores—• serán aceptadas por la población, que las votará. Cuando se adoptan actitudes revoluciona-

rias hay que disponer de fuerza para mantenerlas; no se puede defender durante años la ruptura o la

huelga general revolucionaria y luego, a pesar de atravesar una terrible crisis económica, no ser capaces

de sacar un millón de personas a la calle.

—¿Se califica usted de «izquierda moderada»?

—Yo diria de «izquierda pragmática". La palabra «revolución» creo que está prostituida. Entre la

«revolución pendiente», la «revolución proletaria» y la «revolución nacional sindicalista» las genios ya

no saben qué es la revolución».

—¿Es su partido un partido burgués?

—En absoluto. Los sectores sociales son tan importantes como las clases sociales. Por ejemplo, aquí hay

dos millones de mujeres mayores de treinta años que viven solas o que han de mantener un hogar, que

trabajan; y más de dos millones de pequeños propietarios agrícolas con un nivel de vida inferior al del

obrero industrial; hay dos o tres millones de pensionistas que la sociedad tiene bastante olvidados y que

han contribuido de forma decisiva a -la España de hoy, que es mucho más próspera que la que ellos

encontraron, etc. O sea, que hay una serie de sectores sociales marginales qus no son burgueses, son

sectores proletarizados que en el esquema marxista no sé dónde serían incluidos. Después hay una serie

de obreros aprícolas para quienes las creencias son muy importantes. Desde luego, seremos un partido de

izquierdas y no burgués. Acogerá a obreros, a clases medias, al campesinado empobrecido... El

socialismo democrático unido tendrá tantos obreros en sus votaciones como pueda tenerlos el Partido

Comunista. Si en Francia el 33 por 100 de los obreros han votado a Gíscard d´Estaing, cuya posición es

realmente conservadora, en España la mayoría del campesinado y de los obreros industriales —al menos

un 50 por 100— votarán por partidos no marxistas ni revolucionarios.

—¿Es rotundamente contrario a posibles subvenciones extranjeras a partidos españoles?

—Realmente vivimos momentos de una confusión no sabe uno si organizada o sufrida y es difícil

dogmatizar. Nosotros ni hemos recibido ni hemos solicitado fondos de grupos o instituciones extranjeras.

En cuanto a otros partidos españoles, recuerdo la cita: «Conoceréis a! árbol por los frutos». La derecha

tiene abierta, de una forma u otra, las puertas del presupuesto y de las organizaciones paraestatales; la

izquierda, en esta semitolerancia, está sin posibilidad de organizarse y de solicitar fondos. Hay que

subrayar los peligros de internacionalizar la lucha política en España y llegar a una situación como la

portuguesa, donde los países del Este mandan decenas de millones de dólares y disponen de una especie

de mesnadas políticas; mientras Ios países occidentales hacen lo propio, los chinos tie-

nen a sus maoístas, y la C. I.A. tiene a sus protegidos, etc., etc.

—Más de una vez se ha dicho que su partido está protegido por la CÍA...

—Bueno, esos son los ex franquistas de la Junta Democrática, haciendo méritos con el P. C. Nuestro

partido vive de las contribuciones de cada uno de nosotros y, naturalmente, vivimos muy mal.

—¿Cómo son sus relaciones con el socialismo de Tierno Galván?

—Mantenemos relaciones y entendimientos en muchas cosas. Nuestro partido difiere del P.S.P. sobre la

necesidad de la alianza con el P. C.

—¿Por qué su grupo no ha entrado en la Junta Democrática?

—Estamos convencidos de que en toda democracia sana deben tener voz y voto todas las minoriás con

una cierta relevancia. Para el futuro, creemos en la conveniencia de la legalización del Partido Comunista.

Pero hoy día seria contraproducente una alianza con el Partido Comunista. En el esquema que se dibuja

en el país, un centro izquierda cuenta con la suficiente fuerza para llevar a cabo la reforma nacional, sin

ninguna alianza con los comunistas. Abogamos por el centro izquierda y esa fue nuestra intención al pro-

pugnar la creación de la Plataforma.

—Fernández Ordóñez, González Seara, se declaran ahora socialdemócratas. ¿Han mantenido contactos

con ellos? ¿O surgirá otra Socialdemocracia?

—La respuesta la tendrá el electorado. Me parece muy difícil que los que hayan figurado en posiciones de

preeminencia en la dictadura, puedan venir de dirigentes de la democracia. El país quiere claridad y

honradez política. Va a querer caras y actitudes nuevas. Hay siempre un rechazo histórico. Eso ocurrió en

España en ei año con todos los hombres de Primo de Rivera; en el año 39 con lo lo que había sido la

República y en el 1874, cuando a Cáncv le resultó muy difícil convencio al país sobra Sagasta.

—¿Aceptaría su partido a gentes procedentes del franquismo y que ahora se declaran social demócratas?

—Eso lo decidirán los milita tes y los Congresos. Personalmente, pienso que para mucho la

Socialdemocracia es una especie de salvavidas historicas. Los que llevamos más de veinte años en el

Socialismo Democratico no tenemos ningún derecho de veteranía o «pedigree», per el olfato de los

pueblos es mu fino en situaciones de crisis histórica. Y le molestará que le manipulen después de tantos

decenios de manipunación,

—¿Cuál ha sido el fallo de gran capital español?

—Que es insaciable. Y que siempre tiene miedo a todo. Es pero que el país no les dej continuar por esos

caminos.

—Hay mucha gente que dice situarse entre una tendencia Iiberal y una tendencia socialdemócrata. ¿Qué

puntos en común tiene con los Garrigues Walker?

—No tenemos mucha relación. Aprecio el esfuerzo que está realizando para movilizar la burguesía

industrial. Desgraciadamente, quitando a Cataluña, que posee una burguesía con tradicion —por ello creo

en la visibilidad de Trías Fargas—, so muy pesimista respecto a la importancia numérica e incluso social

de un partido liberal. £ industrial acomodado, el directivo, el profesional, etc..., si ideológicamente no se

«compróme te» con el cambio, con la izquierda, etc., es un conservado: Veo muy difícil que exista su

ficiente burguesía o suficiente tradición liberal como para formar un partido. Puede haber personalidades,

como los Garrigues pero pienso que en el momento de la verdad electoral, las fuerzas que en otros países

cristalizarian en un partido liberal, se rán el ala abierta de la derecha histórica. La derecha se unir porque

es minoritaria hoy día e España y se formará una unió de fuerzas como fue en su di la CEDA. Las fuerzas

sociológicamente conservadoras se presentarán en un frente unido. L democracia cristiana llega tarde a la

cita con la historia. Llega con treinta años de retraso. Si "Fraga es el único político que ha producido el

franquismo" "La Democracia Cristiana será muy reducida"

"Afirmar que la legitimidad socialista sólo está en el P. S. O. E. Tiene algo de triste y de irónico"

apoyo de la Iglesia y con la i de Franco a cuestas, la democracia Cristiana será muy deducida, ya

que se vuelve a las posiciones de hace ochenta os: el que sea de izquierdas hará socialista

democrático socialista marxista; y el que a de derechas, conservador, elve, está ahi. la

polarización Izquierda-derecha. Esas posiciones intermedias de liberales, demócratas cristianos, etc.,

van a :r muy reducidas. Y en este esquema, la social democracia jeremos ser un partido de iz-

quierdas.

—¿Dónde cree que estará ubicado Ruiz Giménez? —Eso es lo que a mi me gustaría saber. Parece ser que

entera en la nueva D. C., cuyo Congreso se ha celebrado. Pero no eo cómo se compagina el marxismo de

«Cuadernos para el diálogo» con el resto de los componentes.

—¿Cómo califica el ritmo democratizador que impone el Gobierno: lento, adecuado, rápido? —Al que

espera en la cárcel u salida después de larga condena, las horas se le hacen ños. Un país que lleva cua-

renta años esperando la demorada, le sabe a poco este ritmó. Parece como si el Gobierno no hubiera

escogido su camino. Lo que hay que eliminar sn las contradicciones y equívocos. Los pasos que se den:

laros y a tiempo. Que el país epa a dónde va. Ya lo hemos dicho. Es imprescindible la reforma

constitucional. Lo más urente, restablecer la ciudadanía ;r, trabas, terminar con la organización totalitaria

de la guerra ¡vil. con el Movimiento como intermediario entre el ciudadano y el Estado.

—Bastantes sectores de opinión sostienen que Fraga puede er el gran líder de la derecha... —

Indudablemente, es el únio político que ha producido el franquismo. Y tiene su mérito n un Régimen cuya

obsesión primordial era que no surgiesen políticos. Puede formar el gran centro-derecha, como él dice.

Insisto: hace falta la prueba electoral. Es obvio que hasta finales del siglo el país estará dirigido o por

el centro derecha o >r el centro izquierda. El país kiere prescindir de los reales responsables de

la tragedia 36-Dejara a un lado el 10 ó el por 100 de la extrema izquierda y a su derecha el 2 0 3 por 0 de

la extrema derecha. Hay o separarles de una vez e no se neguen con nuestras

vidas, nuestra paz... y no es tan complicado gobernar democráticamente, sin ¡a participación de un 20 por

100 de la población. En Italia, es cierto que con no buenos resultados, se ha excluido a fascistas y

comunistas que han constituido en los últimos treinta años un 40 por 100 de la población. Y en Francia, e!

Partido Comunista que representa un 26 por 100 de la población, lleva fuera del Gobierno desde 1946.

—¿Y la ruptura de que habla Felipe González y la posibilidad de un trente unitario con el Partido

Comunista?

—Esas son tentaciones revolucionarias. Cuando empiece el electorado a manifestarse, tendrán que

obedecerle o se convertirán en un P. S. U. frances de ideólogos. Un ejército de generales sin soldados.

Quien propugne la confrontación revolucionaria entre las dos Españas, puede que le jalee la Prensa iz-

quierdosa, pero con el país se quedará más solo que la una. El terrorismo y la violencia tienen poco éxito.

Los terroristas son unos centenares, el mismo porcentaje de cualquier país occidental. Las jornadas de

lucha y las huelgas generales revolucionarias no han tenido un eco en la población como para representar

masivamente a esta población, aunque son una sería advertencia para que el Gobierno se dé cuenta de la

urgencia de acelerar el calendario democratizador.

—¿Cuál es su programa de nacionalizaciones?

—>Lo primero que hay que nacionalizar es el Estado. Que el Estado sea de todos y no de la minoría

victoriosa del 39 ó de un funcionario de casta y sin control parlamentario. Después, hay que nacionalizar

la Administración Pública: que los ciudadanos sepan lo que está pasando en la R. E. N. F. E., I. N. I.

Seguridad Social, Ayuntamientos, Ministerios, etc... Y hay que nacionalizar y controlar muy exactamente

el servicio civil: hay más de un millón de funcionarios entre el Estado, las administraciones locales, el

sector público de la economía, etc. Que ellos den cuentas y todos nos enteremos.

—¿No cree que el programa económico de los partidos actuales es algo insuficiente?

—El proceso de nacionalizaciones en la industria lo tiene que decidir el país en un gran debate nacional,

cuando funcione !a democracia. En el momento actual, los partidos políticos deben ser provisionales en

sus programas porque sería Injusto que unas minorías de ilustrados decidiéramos lo que el país tiene que

decidir por si. el día de mañana. Para crear un sector público del crédito en una primera etapa basta el

agrupar las Cajas de Ahorro siguiendo la división regional histórica y permitirlas operar como bancos

(cosa que ya ocurre en toda Europa Occidental), con un control democrático dicho gran banco nacional.

Por lo demás, no creo que el burócrata sea la figura más productiva o simpática de la sociedad industrial

contemporánea. Como socialista, creo que en el estado histórico en que nos encontramos es más im-

portante la decisión económica y el reparto anual de la riqueza producida, que quien sea el titular de la

propiedad de los bienes de producción. Además, no olvidemos que somos un país pobre que debe ser

capaz de exportar 20.000 millones de dólares anuales en 1982 y que la primera ley. de organización in-

dustrial de la democracia española, debe ser la eficiencia y competividad de España en el mercado

mundial.

—Entonces, ¿qué prioridades económicas tiene el P. S. D, E.?

—Indudablemente la democratización de la empresa que seguirá siendo el motor del progreso económico

en nuestra economía. Digo empresa, es decir tanto pública como privada. Que la co-gestión sea una

realidad y que los trabajadores participen en la decisión empresarial. Que el crédito sea un servicio y un

derecho para los empresarios (repito, tanto públicos como privados) y no un calvario, y que el impuesto

deje de ser un chalaneo y sea lo que es en los países avanzados, a cuyos niveles queremos acércanos.

—A usted que le preocupan los temas militares y ha estado muy en contacto con los militares desde

hace años, ¿cree que es fundamental reforzar el presupuesto de defensa?

La política de casi todos los partidos de la izquierda, e incluyo la del Partido Comunista que tiene una

política militar bien estudiada, mantiene la tesis de la independencia, de la neutralidad armada española.

Si queremos mantener la independencia nacional, dada la importancia geopolítica de la Península Ibérica,

tenemos que efectuar, como nación, un sacrificio en armamentos y robustecer las Fuerzas Armadas.

Necesitamos que la demanda militar modernice la industria española en el campo electrónico y nuclear.

España debe plantearse seriamente el problema del armamento nuclear sin el cual seguiremos a merced

del otorgamiento de protección exterior, agudizando nuestra desventaja tecnológica. Hay que crear un

Ejército moderno y aumentar la relación entre industria y ejército y entre pueblo y ejército. Todo el es-

quema tradicional del Ejército en el siglo XIX tiene que cambiarse de manera radical. Es evidente que

muerto el Generalísimo, queremos que termine el continuo rememoro de la guerra civil. Que se mantenga

la unidad de nuestro ejército, ocupándose de los justos anhelos de los oficiales jóvenes. Que no se siga

sacrificando económicamente al cuerpo de oficiales, cuyo resultado es su separación social de los cuadros

dirigentes de la nación, etc.... y podríamos continuar. En resumen: un Ejército moderno, bien pagado y

que se ocupe de lo suyo. La rápida aprobación de la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas debiera ser un

comienzo importante en esta nueva dirección.

—¿Cree en el talante democratizador de Santiago Carrillo?

—El Partido Comunista no es, por principio, un partido democrático. Y si se transforma en un partido de

estilo occidental que renuncia a las tesis leninistas del fatalismo de la llegada de la dictadura del

proletariado, deja de ser partido comunista.

—Hay izquierdistas que le acusan de banquero, de capitalista y le descalifican como político de

izquierdas...

—La chismografía de la clandestinidad. Vivo al día y sólo soy propietario de mi casa, como varios

millones de españoles y la mitad de ella pertenece a mí hijo, como viudo que soy. Lo que ocurre es que

soy economista, asesor de industria y estoy en la financiación en el mercado de eurodólares, como hay

otros que son ingenieros, campesinos, etc. Tiene gracia: siglo y medio para librarnos de los beatos de la

derecha y ahora nos llegan los beatos marxistas.

Pienso que esto ha sido una entrevista-programa. «Quizá ni vosotros mismos, los periodistas —me

diría— os dais cuenta del papel tan importante que estáis jugando -en la España actual.»

j. P

"Siglo y medio para librarnos de tos beatos de la derecha y ahora nos llegan los beatos marxistas"

"El impuesto tiene que dejar de ser un chalaneo y sea lo que en los países avanzados, a cuyos niveles

queremos acercarnos"

 

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