Autor: López Medel, Jesús. 
   En la muerte del sindicalismo nacional     
 
 El Alcázar.    11/07/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

EN LA DEL

1º ni José Antonio, ni Onésimo Redondo trazaron los esquemas "organizativos" sindicales. Había una doctrina —esencialmente la de la "Quadragesimo Anno", años 1.931— donde se pretendía dignificar el trabajo y al trabajador, por sí mismos, y hasta se sugerían unas entidades de Derecho público, participantes en las decisiones del poder, al estilo de los Colegios Profesionales liberales que en todo el mundo tendían y tienden a la unidad institucional.

Es decir, que los trabajadores no fueran ciudadanos de segunda clase, como los Médicos, los Arquitectos, los Notaríos, los Abogados, los Administradores de Fincas, los Ópticos, los Ingenieros, etc., que solo tienen una buena y gran Organización Profesional. Monseñor Montini, cuando era Arzobispo de Milán, y para la Semana Social en aquella ciudad italiana, por los años 50, defendió parecida tesis profesional, como en uno de mis libros he anotado.

2º el sistema que pretende nacer, en los circunstancias históricas conocidas —1.936-1.939-1.945-1.950, quiere llenarse de contenido social. Es más, intenta un "pacto social", en el sentido de creer que no podrá haber desarrollo, ni democracia, ni justicia, ni libertad, si no hay una conjunción de esfuerzos entre el mundo de la empresa y el del trabajo. Battaglia, en su libro "Filosofía del Trabajo"- 1.945, había insistido que "el hombre por su trabajo, y partiendo de él —tesis, por cierto tomista— se hace hombre moral, hombre económico, hombre político, es decir, que por el Trábalo se le permite su articulación directa en la comunidad".

Sin intermediarios. Por encima del Estado o de los partidos. Estando dentro del Estado. Y sin perder de vista su integración comunitaria en la empresa: sindicato de empresa.

3º al margen del pleno juicio histórico, y pragmático de lo que ha supuesto este sindicalismo nacional —sin duda imperfecto— seria curioso anotar nombres de procedencias tan distintas, que le sirvieron, que creyeron en él, como fórmula válida para aquellos momentos, y cuya honestidad nadie pone en duda:

Pensadores humanistas como Legaz y Lain escriben libros enteros sobre los valores morales del nacional-sindicalismo. Hombres de talante liberal como Gerardo Salvador Merino y Antonio Polo —estos días jubilado en su Cátedra de Mercantil de Barcelona— fueron los redactores, con un gran equipo de juristas, de la Ley Sindical de 1.940. Sanz Orrio, o Navarro Rubio, o un gran Pedro Lamota, de signo humanista, o democristiano o netamente sindicalista le dieron rigor institucional.

Solís cubre una larga etapa. Hombres joseantonianos como Muñoz Alonso y Martín Villa en ella están, sin reticencias. Pío Cabanillas o Jiménez Torres, con talante distinto, en la Organización Sindical colaboran. (Y me consto, que una actividad profesional que le hubiera gustado al Presidente Suárez, en sus años juveniles, fue la entrega al apasionado mundo de la defensa jurídica de los trabajadores).

El papel de Enrique de la Mata, de línea demócrata-cristiana, es distinto. Y antes García Ramal, hizo cuanto pudo ante la herencia del Congreso de Tarragona.

4º los términos verf/calidad y horizontalidad, ni fueron fundacionales, ni existieron auténticamente. Con las leyes de 1.940, se creó un pluralismo empresarial y unos instrumentos horizontales como los Consejos de Trabajadores. Tales términos —verticalidad y horizontalidad— los emplean los místicos, los poetas, los filósofos y los políticos.

Recientemente Felipe González —impresionante luchador en las Magistraturas del Trabajo de Sevilla en mi etapa de Jefe Nacional de los Servicios Jurídicos de Sindicatos— ha utilizado la nomenclatura de "votos verticales" y "votos horizontales" para explicar el voto socialista y sus efectos ("Interviú" 6 julio 1.977-27). Ya que los adjetivos es cosa distinta del signo tendente a la unidad.

5º el cambio de signo sindical, pluralista, integradar, pudo estar en el desarrollo de la Ley Orgánico del Estado de 1.966. (Guardo como oro en paño, un proyecto personal sobre asociacionismo sindical redactado entre febrero y marzo de 1.967, antes de terminar la Legislatura en Junio, que constaba de no más de 30 artículos, muy sencillo, y en el que el régimen jurídico asociativo que imponía la Declaración XIII era pleno, sin cortapisas, sin Ministros de Relaciones Sindicales "heterónomos").

Pero no fue así. Se tardaron dos años a ir al Congreso de Tarragona. Otro más —1.969— para aprobarse en Consejo de Ministros la Ley de 1.970, que empezaría el 71. Era una Ley, predispuestamente para morir. Tardía y larguísima. Porque la vida sindical, es mucho más rica, más libre, más preciosa que el Leguleyismo que por doquier operaba. De la cabeza a los pies.

Por eso el Ministro de Relaciones Sindicóles no fue cauce "entre", sino "del" Gobierno ante los Sindicatos. De aquí que cuando el "poder ejecutivo" cambiase -de actitud o de poder— la autonomía sindical se desplomaría.

Entonces esa posición fue defendido, sin embargo, por muchos que luego han sido reformistas, o "cambistas" o "rupturistas". Fue entonces cuando murió el sindicalismo nacional, o estaba llamado —de una manera u otra— a fallecer. Se ha cumplido el vaticinio que hice en mi enmienda al Proyecto de Ley Sindical.

9• la obra sindical, han sido sus hombres. Muchos trabajadores de muy diversas procedencias se incorporaron a ella. Y la sirvieron con ilusión y fuerza. Por encima de las estructuras, se logró un "pacto social", que ahora habrá que reinventar.

Los años de la reconstrucción nacional fueron posibles —con asistencia jurídica de los letrados sindicales no discriminada por razones políticas, y con una negociación colectiva coordenada— por esa línea integradora, asistencia), ilusionada.

Ha habido promociones humanas y políticas, y también profesionales y familiares. De la España de la alpargata se ha pasado a una España competidora industrial y aún agrícolamente.

Pero en una sociedad de consumo y de cierto grado de bienestar, el crecimiento de la libertad, de la responsabilidad y de la justicia social, el capitalismo (o las multinacionales), la amoralidad pública y la burocracia, no han dejado el respiro que una revolución en camino se merecía.

Y la víctima ha sido, otra vez, una gran parte del mundo del trabajo. Porque ni siquiera es todo cuestión de salario, o de estabilidad. Sino de participación. Y los últimos años sindicales han sido de un "agosta-miento" general, justamente cuando tras 4a Ley Orgánica del Estado se imponía a todos un nuevo entendimiento del quehacer español. ¿Quiénes se empeñaron en que no se hiciera? ¿Es que no pudo hacerse? ¿Quiénes "enfermaron" la Organización Sindical?

El mundo del trabajo va a recobrar su protagonismo. Y eso es bueno. Lo que importa es que no lo zarandeen. Que no lo utilicen para menesteres ajenos. Ahora, desde otros lares, se vuelve a hablar de "unidad sindical para cubrir el vacío". Porque no ha habido pieza de recambio.

Eso ha sido lo más grave. Ese ha sido el último error. Otros se han producido antes. Pero un gran servicio a España se ha cumplido. Sólo una perspectiva histórica nos dará la medida.

Ahora importa el futuro. Sin un nuevo "poeto social", en el espíritu y en la praxis, difícil será toda democracia de nueva planta Que los trabajadores anden despiertos y nadie se aprovecha de ellos.

Yo vuelvo la mirada a los hombres —legión— y familias que han servido con lealtad y entrega en una singladura difícil. Los que vengan, que les imiten o les superen. Importa la Paz y la Justicia Social. Los ropajes nunca son eternos.

EL pasado día 30 de Junio, silenciosa, calladamente, murió el sindicalismo nacional. La Organización Sindical. No ha habido ley especial. NI ninguna otra que de/ara sin efecto la Declaración XIII del Fuero del Trabajo. NI la desaparición del Ministerio de Relaciones Sindicales. Tenía que ser así. Porque los hechos —diría Max Scheler— suelen ser más fuertes que lo legalidad. Sobre todo cuando la legalidad está "cargada" de valores, de signo distinto.

Ha muerto —en expresión generalizada— sin pena ni gloria. Ni como los héroes, ni como los cobardes. Salvo alguno expresión agresiva, ha valido más dejar sin efecto a partir de 1 de Julio la cuota sindical, que cualquier otro proyecto de futuro.

Nosotros no volvemos a la nostalgia. Ni tenemos poder para agradecer servicios prestados por el sindicalismo nacional a la sociedad española. Durante tantos años. En materia sindical más que reforma o cambio, ha sido ruptura y desmantelamíento silenciosos.

Es volver atrás. Y estrenar una nueva andadura. Y hemos de aceptarla si —como dicen en el Norte— es para bien. Pero quizá por eso mismo sea bueno recordar, brevemente, algunas cosas.

 

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