Autor: Lobete, Julián. 
   La oposición sindical a las centrales     
 
 Diario 16.    16/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

La oposición sindical a las centrales

La contitución, paradójica, de dos promotoras de centrales sindicales "unitarias", el pasado domingo pone de relieve, por encima de sus visibles contradicciones, la aparición pública de un nuevo fenómeno: la consolidación de una oposición sindical a las centrales tradicionales, aún no legalizadas.

El futuro del llamado sindicalismo unitario depende, en primer lugar, de la fusión de las dos promotoras estatales formadas el 6 de marzo, hecho este previsible, si ambas quieren su supervivencia, en un plazo no lejano.

Con la unión se formaría una nueva central o confederación extendida por toda España y que desde sus inicios estaría en condiciones de competir, e incluso de superar en algunos casos, en cuanto a número de afiliados a las centrales existentes.

La responsabilidad de la aparición de la central "unitaria" recae, antes que en nadie, en CC 00, USO, UGT y demás sindicatos. Algo muy importante deben haber descuidado estas centrales para que haya surgido una nueva corriente que no sólo va a representar un competidor a la hora de afiliarse, sino que además va a sostener posiciones lo suficientemente divergentes como para desequilibrar el panorama sindical.

El primer gran fallo de las centrales vigentes es no haber recogido la aspiración a la unidad presente en gran parte de la clase trabajadora española. Entre la unidad y el pluralismo se decidieron por el último, sin probar siquiera si ésta era la tendencia general entre los trabajadores.

No se puede sostener que la clase trabajadora fuera monolíticamente unitaria, pero tampoco que el pluralismo respondiera mejor a las características sociológicas y políticas de unas capas obreras formadas sindicalmente en la lucha contra la dictadura y en unas condiciones peculiaris de desarrollo-económico.

Jornaleros y la construcción

La formación de una Central Única de Trabajadores de España no Julián Lobete

hubiera sido posible, por supuesto, sin el consenso de las centrales actualmente existentes. También es utópico pretender que estos sindicatos hubieran tenido que autodisolverse en pro de la unidad, pero quizá su articulación en tendencias dentro de la central única hubiera sido a la larga un camino más viable, aunque tal camino hubiera desembocado en el pluralismo.

El segundo gran fallo de las centrales conocidas ha consistido en no tener en cuenta la composición sociológica de los trabajadores españoles y su grado de radicalismo sindical. En este aspecto se han comportado como si la clase obrera estuviera formada sólo por los trabajadores industriales de las grandes zonas industrializadas.

No es casual que los sindicatos de jornaleros del campo y de la construcción hayan sido dos de los puntales más importantes del sindicalismo unitario. Como tampoco lo es que las zonas donde haya adquirido mayor auge sean Andalucía, Castilla y León, Galicia, Navarra y Cataluña.

Jornaleros y obreros de la construcción son dos sectores marginados, con las peores condiciones salariales, laborales y de prestigio dentro de la clase trabajadora. Unos y otros tienen, por lo general, un mismo origen campesino. Como origen campesino inmediato tiene la nueva clase obrera formada en Navarra, Burgos, León, Valladolid y gran parte de Cataluña.

Sin embargo, no es solamente este dato sociológico y el olvido de las centrales lo que explica el surgimiento del nuevo sindicalismo. Se ha subvalorado también el radicalismo sindical de los trabajadores. No se puede saltar fácilmente de un sindicalismo clandestino y combativo, forjado a pesar de una intensa represión; a un sindicalismo encauzado a la europea, cuando aquí no se dan todavía condiciones europeas.

Las centrales, en este sentido, han dado un salto en un vacío histórico no rellenado por formas de organización intermedia entre un sindicalismo en la dictadura y un sindicalismo en la democracia.

El "sindicato unitario", en sus dos versiones, ha anunciado su oposición a cualquier tipo de pacto social.

Desde luego que a sus promotores no les va a ser difícil encontrar eco entre los trabajadores para oponerse a los pactos sociales en los términos que hoy se proponen. Ninguna central puede garantizar el cumplimiento de pactos, a no ser que variaran sustancialmente sus términos, y eso los empresarios lo saben muy bien.

De esta forma, cae por su base uno de los fundamentos de cualquier sindicato que es la negociación representativa y garantizable en cuanto a cumplimiento de lo pactado.

Es problema de todos los sindicatos encontrar las formas que corresponden a la realidad sindical española. Entre tanto, no se puede negar a la nueva central aparecida, o a las nuevas centrales, un lugar en el mundo sindical. Negarlo, tanto por parte del Gobierno como por parte de las otras centrales, producirá el efecto de un "boomerang", creando más problemas tanto al Gobierno como a las centrales actuales.

 

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