El presidente Arias, en Barcelona. 
 Las asociaciones deben completar el marco de nuestra democracia     
 
 Informaciones.    15/06/1974.  Página: 2-3. Páginas: 2. Párrafos: 33. 

15 de junio de 1974

INFORMACIONES

NACIONAL

EL PRESIDENTE ARIAS, EN BARCELONA:

"LAS ASOCIACIONES DEBEN COMPLETAR EL MARCO DE NUESTRA DEMOCRACIA"

BARCELONA, 15. (INFORMACIONES.)—«El gran propósito político consiste en asegurar la

comparecencia activa del pueblo español en todos los órdenes de la vida comunitaria», ha dicho el

presidente del Gobierno en el discurso pronunciado esta mañana en Barcelona ante los Consejos locales

de Cataluña. El señor Arias Navarro ha reafirmado el espíritu del 12 de febrero». Dada su trascendencia,

el discurso ha sido radiado en directo al país.

Habrá asociaciones políticas, ha dicho el presidente del Gobierno, que añadió: «Jamás dudaré —ha dicho

el señor Arias Navarro— en ejercitar el caudal de autoridad de que he sido investido para que en los

programas asociacionistas que se avecinan no se produzca la más mínima desviación.» El presidente ha

asegurado que «en la coyuntura presente la prueba de juego de nuestra lealtad y el compromiso con el

pueblo serán el de anudar pasado y futuro dentro de una línea de continuidad y de desarrollo político que

permita dar cauce a una sociedad indefectiblemente más diversificada, más crítica y más exigente en sus

aspiraciones, como corresponde a un país joven y moderno». Más adelante recordaría el señor Arias

Navarro que «el pueblo español está integrado en un setenta por ciento por hombres que no vivieron

nuestra guerra».

El precedente ha hablado de «abrir de par en par las puertas»; ha subrayado que no conoce en política

«riesgos mayores que los del vacío, la atonía y la inhibición ciudadana»; ha indicado que «el pueblo

español es el único interlocutor del Gobierno», y no las minorías estridentes; que «hoy el Movimiento ha

de ser entendido como la comunión de todos los españoles» y «también como la institución que debe

informar nuestro orden político».

El Presidente Arias Navarro, dentro de este espíritu de apertura que ha caracterizado su discurso, ha

afirmado: «En ningún momento hemos rechazado el amargo sabor de la crítica, ni le hemos dado la

espalda, ni en lo contingente, estamos dispuestos a pronunciar la palabra basta», aunque «tampoco he de

negaros que nos duelen la incomprensión, las impaciencias dudosas y los radicalismos». Por lo demás, «el

acierto es un don que nadie puede monopolizar».

Ha concluido su discurso indicando que hay que «salvaguardar el futuro y despejar el camino de quien, a

titulo de Rey, asumirá la Jefatura del Estado como sucesor de nuestro Caudillo».

He aquí el texto integro del discurso:

«En el apretado programa de trabajo de mi estancia en Barcelona he tenido especial interés en reunirme

con los hombres de los Consejos Locales y Provinciales del Movimiento. Representáis, en este acto, a la

noble y culta región catalana, ejemplo de laboriosidad, adelantada de nuestro desarrollo, fiel a sus

tradiciones y solidaria en el quehacer común de nuestra patria. Pero, además, vosotros, hombres del

Movimiento, asumís un innegable protagonismo nacional, al constituir la vanguardia política del país y al

personificar las esencias de mayor calidad de nuestro Régimen.

Debo, por tanto, no sólo por un deber de cortesía, sino por una más profunda motivación nacida de las

graves responsabilidades que mi cargo me impone, dar las gracias a cuantos han propiciado esta

presencia, que quiere ser un diálogo cordial y entrañable que os sirva y nos sirva para fijar los rumbos del

inmediato acontecer y definir las ideas y orientaciones del Gobierno en torno a nuestras preocupaciones

sobre el importante momento político y social que nuestra patria está viviendo.

También os expreso mi gratitud por vuestro trabajo, plasmado en estas conclusiones, expresión fiel de la

voluntad de servicio al país que concurre en los hombres de los órganos colegiados del Movimiento en

sus esferas locales y provinciales.

Si las imperiosas exigencias del trabajo de cada día no hacen todo lo frecuente y puntual que uno mismo

quisiera este contacto, personal y directo, del presidente del Gobierno con las bases sociales del

Movimiento en las provincias, puedo aseguraros que la participación del ministro secretario en las tareas

del Gobierno nos permite saber fielmente de vuestras exigencias, de vuestras limpias ambiciones, de

vuestros legítimos desvelos ante tantas insuficiencias y de vuestras nobles inquietudes por los problemas

de nuestra entrañable España. Os repito: en el ministro secretario tenéis al más fiel intérprete de vuestro

sentir y al más leal medio de unión entre vosotros y el Gobierno.

ABANICO DE INTERPRETACIONES

El Gobierno es consciente de la importancia de la hora que vivimos. A algunas de estas cuestiones voy a

referirme seguidamente, y voy a hacerlo en un lenguaje llano y claro, como sé que os gusta.

Sin que el Gobierno haya recorrido los primeros ciento ochenta días de su mandato y apenas transcurridos

cuatro meses del discurso que pronuncié ante las Cortes Españolas, se ha abierto un abanico de

interpretaciones, caprichosas unas, intencionadas otras, cargadas, en ocasiones, de los significados más

diversos. En ningún momento hemos rechazado el amargo sabor de la crítica. Ni la hemos dado la

espalda, ni, en lo contingente, estamos dispuestos a pronunciar la palabra basta, cuando tenemos el

convencimiento de que la confrontación nos obligará a tensar el arco de nuestros propósitos en cada uno

de los jalones de nuestro caminar.

INCOMPRENSIÓN, IMPACIENCIA Y RADICALISMOS

Tampoco he de negaros que nos duelen la incomprensión, las impaciencias dudosas y los radicalismos.

Pero no nos sorprende, porque elegimos, a sabiendas, el camino difícil, con el sólo propósito de servir a

España y a sus permanentes ideales y porque sabemos que nuestra entrega nunca llegará a igualarse con la

del hombre que devolvió a los españoles la confianza en su destino y puso en nuestras manos, para que lo

desarrollásemos, un caudal de esperanza en el horizonte.

A todos vosotros, desde vuestras distintas situaciones de responsabilidad, pedimos una gran dosis de fe y

de honestidad, pues si el acierto es un don que nadie puede monopolizar y que sólo la historia juzgará, la

altura de miras se contrasta muy fácilmente con el amor a España con un deseo de perfección.

ENCARADOS ANTE EL FUTURO

Encarados, pues, ante el futuro, cuyas líneas maestras están bien definidas, sí conviene, para desvanecer

equívocos, evitar confusiones y desalentar ilusiones falsas, reafirmar algunas convicciones que

consideramos imprescindibles.

En primer lugar deseo reafirmar el protagonismo del Movimiento en el momento político presente.

En segundo lugar deseo proclamar el gran propósito político de ordenar la concurrencia de criterios que

determinan nuestras Leyes Fundamentales.

En tercer término me referiré al derecho de asociación como instrumento insustituible del fin

participativo.

Por último, confirmaré con firmeza el programa enunciado en el discurso del 12 de febrero pasado ante

las Cortes.

* «EL MOVIMIENTO ES LA INSTITUCIÓN QUE DEBE INFORMAR NUESTRO ORDEN

POLÍTICO»

* «LUCHEMOS POR HACER DEL RÉGIMEN SÍNTESIS INTEGRADORA»

* «EL GRAN PROPÓSITO POLÍTICO, LA COMPARECENCIA ACTIVA DEL PUEBLO»

* «ANUDAR PASADO Y FUTURO DENTRO DE UNA LINEA DE CONTINUIDAD Y

DESARROLLO POLÍTICO»

EL MOVIMIENTO

En lo que al Movimiento se refiere, acabáis de escuchar por la voz del ministro secretario general una

interpretación fiel y auténtica. Pero me atrevería a añadir de forma llana y escueta que el Movimiento y el

pueblo español son una misma cosa. A todos —y a vosotros en especial— compete asegurar la vigencia y

efectividad plenas de tal afirmación política fundamental.

Hoy, el Movimiento ha de ser entendido como la comunión de todos los españoles en aquellas ideas que,

por alentar tras las banderas que se alzaron para restituir a España el sabor de la patria y de la paz, forman

el patrimonio doctrinal de nuestras Leyes Fundamentales.

Es evidente que la apariencia organizativa y externa del Movimiento, a lo largo de los treinta y ocho años

de historia del Régimen, no ha respondido siempre a esta concepción. Desde el decreto de Unificación,

que fusionó a las fuerzas civiles y salvadoras, a la ley de Principios y a la Ley Orgánica del Estado media

un prudente proceso evolutivo, jamás paralizado; fruto de la voluntad de acomodar el Movimiento al

ritmo del cambio social español. El Movimiento hubo de ser en sus momentos iniciales una organización

integradora, con predominio de los perfiles de encuadramiento, como correspondía a las exigencias de

movilización nacional de un país asolado por una guerra y que transitaba en solitario cercado por la

incomprensión exterior. Me importa proclamar aquí que no son lícitas, ni justas, ni generosas, las críticas

que parten de subrayar caricaturescamente los perfiles del Movimiento en otro tiempo lejano, ni tampoco

lo son los anclajes que pretenden incitar la supervivencia de tales características en el presente. Nuestra

historia es íntegramente irrenunciable. Nos proclamamos orgullosamente herederos de nuestro propio

pasado. El pasado es indesmentible. Pero el pasado es historia, y los políticos no seríamos fieles a nuestra

misión si no supiésemos tener una imaginación creadora para forjar nuestro presente y nuestro inmediato

futuro, partiendo precisamente de nuestro honroso pasado.

SÍNTESIS INTEGRADORA

El Régimen nació como una empresa nacional, con sentido nacional, con vocación nacional. Cuanto

suponga integrar, lo enriquece; cuanto suponga excluir, lo empobrece. Luchemos por hacer del Régimen

síntesis superadora de nuestras propias divergencias, y reservemos las grandes palabras para cuando la

ocasión lo requiera y no para dirimir minúsculas apetencias de protagonismo, influencia o popularidad.

El Movimiento es, pues, principalmente, la comunión de todos los españoles en unos principios. Pero el

Movimiento es también la institución que debe informar nuestro orden político, y esta idea, este sentido

del Movimiento ha de ser el centro de gravedad en esta etapa que hemos emprendido.

PLURALISMOS

Se trata de visibilizar y de potenciar a las organizaciones, asociaciones y demás cauces para la ordenada

concurrencia de criterios. Que cabe la diversidad de interpretaciones, actitudes y matices en la común leal

aceptación de los principios que informan al Movimiento es algo evidente. Ya, originariamente,

concurrieron al 18 de julio una pluralidad de fuerzas nacionales. Además, la propia dinámica del Régimen

y de la vida española ha generado la aparición de nuevas fuerzas, nuevas corrientes —impusadas incluso

por hombres que no tuvieron, por no haber nacido, material posibilidad de protagonizar nuestra dolorosa

y heroica guerra— que aparecen alentadas por un inequívoco sentido nacional.

Este es, pues, el Movimiento de esta hora: la suma de personas, animadas por una común voluntad de

respeto a las Leyes Fundamentales y por el compartido afán de servir lealmente la continuidad perfectiva

del Régimen en el futuro. Nada distinto, como veréis, de lo que el Movimiento, en su más íntima esencia,

fue siempre. Con distintos lenguajes o acentos, lo que siempre habrá de reconocerse en él es la melodía

permanente del amor a nuestra patria y la auténtica voluntad de servicio a nuestro pueblo.

DESENVOLVIMIENTO DEL ORDEN PUBLICO

El Movimiento así entendido habrá de informar el orden político. Un orden político que, por las mismas

virtualidades que entraña, está reclamando prudente y firme desenvolvimiento. Pero este programa no

puede ser rectamente entendido sino a la luz de un más ancho y general propósito político.

El gran propósito político consiste en asegurar la comparecencia activa del pueblo español en todos los

órdenes de la vida comunitaria. Para conseguir este nobilísimo fin, no asumiremos riesgos innecesarios.

Por de pronto, os aseguro que no estamos dispuestos a renunciar ni a poner en juego aquellos supuestos

que justamente han hecho posible ese venturoso propósito político de hoy en día. España es otra y muy

distinta de aquella hundida en el subdesarrollo y en la discordia interior. Las estadísticas, las

investigaciones sociológicas, los indicadores económicos y sociales no hacen sino ratificarnos algo que se

puede cotidianamente comprobar con sólo mirar el panorama que se nos ofrece en el despertar de cada

día. La paz civil, el orden público, la armonía social se asientan sobre los fundamentos de las grandes

concepciones que alientan nuestro ideario constitucional.

«No conozco en política riesgos mayores que los del vacío, la atonía y la inhibición ciudadana»

CONTRA LA SUBVERSIÓN Y EL MIEDO

Porque creemos en los principios del sistema al que servimos y porque creemos, con la misma fuerza de

convicción, en el pueblo español al que nos debemos, nos negamos a aceptar cualquier planteamiento que

desde la subversión o desde el miedo pretenda arrinconar esos principios o hacer de ellos una reliquia y

no una semilla fecunda en frutos de convivencia entre los españoles.

Porque creemos en el Régimen con absoluta fidelidad a sus esencias, estamos dispuestos a afrontar el reto

de su desarrollo. Porque creemos en el pueblo, en su capacidad y en su sentido de responsabilidad, bien

demostrada cada vez que ha sido convocado a una empresa digna y noble, estamos dispuestos a no

regatearle su protagonismo, desalojando resueltamente la amenaza de cualquier distanciamiento entre una

sociedad pacífica, dinámica, abierta y responsable y el sistema político que ha de servirla.

En la coyuntura presente, la prueba de fuego de nuestra lealtad y el compromiso con el pueblo serán el de

anudar pasado y futuro dentro de una línea de continuidad y de desarrollo político que permita dar cauce a

una sociedad indefectiblemente más diversificada, más crítica y más exigente en sus aspiraciones, como

corresponde a un país joven y moderno. Flaco servicio rendiríamos a la patria si no acertáramos a tomar

las disposiciones pertinentes para anticipar, desde la sólida seguridad del presente, los perfiles del futuro;

para ordenar la diversidad de los pareceres políticos, con vistas a proporcionar a la Monarquía de mañana

la asistencia de las fuerzas sociales en el respeto y acatamiento al orden constitucional. Sin riesgos, sin

aventuras irresponsables, sin desfigurar la fisonomía del sistema, puedo aseguraros que estamos

dispuestos a extraer todas las posibilidades que encierra nuestra legislación fundamental.

DERECHO DE ASOCIACIÓN

Instrumento insustituible al servicio del propósito participativo ha de ser la regulación futura del derecho

de asociación, que se halla en el frontispicio de todo desarrollo democrático. Pues bien, partiendo de esta

base, nos ha parecido oportuno, y hasta justificado, señalar previamente el marco del Movimiento y de

sus esencias, pues sólo una clara comprensión del mismo nos permitirá enfrentarnos de lleno con el

fenómeno asociativo. Somos tan conscientes de que las prioridades son esas, que no dudaré nunca en

ejercer toda la autoridad que me asiste para que dicho cuadro, marco o campo de juego, no pueda resultar

jamás rebasado.

Os prometí hablar con claridad y ajustando con toda sinceridad las palabras al pensamiento. Pues bien,

repito, jamás dudaré en ejercitar el caudal de autoridad de que he sido investido, para que en los

programas asociacionistas que se avecinan no se produzca la más mínima desviación.

Advertid que la operación es delicada y que nos proponemos acometerla con competencia y con

autoridad; pero no para socavar la libertad de los españoles, sino para salvaguardar el marco del

Movimiento, que es el solar de coincidencia, el recinto de ordenado débate de las más nobles aspiraciones

de servicio a la comunidad. El Movimiento es el cauce por el que necesariamente ha de discurrir la savia

que ha de dar vida a nuestro desarrollo político, alejando la tentación de tener que beber en fuentes que se

secaron en nuestra patria hace ya muchos años y que sólo regaron campos roturados por la discordia y el

partidismo. Estamos curados de extraños mimetismos. Tenemos que rechazar comparaciones que no son

admisibles, tenemos que mirar al porvenir con confianza, unidos y sin fisuras en lo que constituyen

nuestros valores permanentes, abiertos y sin recelos ante las opciones políticas que se presentan como

posibles.

Las asociaciones, vertebradas para la ordenada concurrencia de criterios como reclama el articulo 4º de la

Ley Orgánica del Estado, deben completar eficazmente el esquema de la representación y la participación

en el marco de nuestra democracia y asegurar la más expedita proyección política del pluralismo de la

vida social española.

DIFICULTADES Y RIESGOS

Me permito insistir en que al Gobierno no se le ocultan, ni pretendo sustraer tal hecho ante vosotros, las

dificultades y riesgos que comporta esta pretensión. Por ello, y respetando la competencia de promoción y

sugerencia que en esta materia se reconoce al Consejo Nacional, nunca he aventurado el propósito de

señalamiento de plazo fiable. Pero las dificultades y riesgos, cuando son responsablemente asumidos, no

deben constituir para el hombre de gobierno una barrera, sino un reto. Y debo confesaros que no conozco,

en política, riesgos mayores que los del vacío, la atonía y la inhibición ciudadana. A estos riesgos

queremos salir al paso, pensando más en el mañana que en el presente, garantizado por la magna

convocatoria naciona1 de voluntades que Franco concita en torno a su histórica autoridad. A estos riesgos

queremos salir al paso, digo, con la regulación del derecho de asociación, al servicio del ordenado

contraste de pareceres. Y aquella omisión de plazo, explicable a la luz de las circunstancias que os he

descrito, no supone indeterminación de propósito, ni voluntad de demorarlo. José Antonio nos dejó dicho

que «la política era una partida contra el tiempo». No estamos dispuestos a perderla. Es el tiempo

histórico del presente español el que nos exige, en esta materia, una pronta respuesta.

El Gobierno quiere contar, en este propósito, con las mayores y más firmes asistencias. Singularmente,

con la inexcusable asistencia del Consejo Nacional del Movimiento. Por supuesto, de su responsable

opinión surgirá el anunciado Estatuto del derecho de asociación. Pero no creáis que con dicho Estatuto

habremos resuelto toda la problemática asociativa. Importa advertir que el tema asociativo es una materia

pragmática y viva que debe ser promovida con equilibrio y firme sentido de la autoridad, en busca de un

progresivo establecimiento y perfeccionamiento. Es notorio que se está iniciando ese proceso que debe

tener un paulatino reflejo en la vida española. Así planteado el tema, aún es más apremiante y necesario el

concurso de vuestra comparecencia. Es más, considera imprescindible y espero ilusionadamente vuestra

futura movilización asociativa.

REGLAS CLARAS, CAUCES AMPLIOS Y PLAZO CIERTO

Reglas claras, cauces amplios y plazo cierto son sin duda las respuestas que quisiéramos ofreceros en esta

hora. Pero nuestro deber de gobernantes nos exige no vadear las instituciones, sino potenciarlas y urgirlas,

no quemar irresponsablemente las etapas, sino reducirla, al mínimo indispensable. Por ello, respetando las

competencias de promoción y sugerencia del Consejo Nacional, puedo garantizaros que el tema está en la

agenda de las preocupaciones de este momento y nos exige, sin impaciencia ni dilaciones, una pronta

respuesta. Los distintos jalones de la participación exigen una contemplación armónica en cuanto que

constituyen piezas articuladas de un mismo empeño, que no podrán aislarse sin el riesgo de perturbadoras

disfunciones y que requerirán, posiblemente, la introducción de algunas reformas en nuestro

ordenamiento, para alojar la comparecencia asociativa. Me complace haber cumplido el plazo que nos

señalamos para la remisión a la Cámara legislativa del proyecto de ley de Régimen Local. También cabe

ya anotar que, en el plazo marcado, obrará en poder de las Cortes el proyecto de incompatibilidades. Del

proyecto de Régimen Local, en el plano político, cabe esperar una mayor sinceridad representativa de las

Corporaciones; una vigorización de la autonomía de los entes locales; un robustecimiento decidido del

grupo de representación local en Cortes. De la ordenación de las incompatibilidades esperamos que se

siga una más diáfana y transparente coordinación de las funciones estatales y un realzamiento del papel

de las Cortes en el juego institucional.

EL ESPÍRITU DEL 12 DE FEBRERO

El «espíritu del 12 de febrero», y utilizo la frase popularizada por algunos medios informativos, existe,

pues. Pero este «espíritu» ni puede ni quiere ser nada distinto del espíritu permanente e indeclinable del

Régimen de Franco desde su hora fundacional. Torpe intento el de quienes pretenden contraponerlos.

Acontece que el Consejo de ministros por el que el Jefe del Estado dirige la gobernación del Reino, no

tiene otro interlocutor válido que el pueblo español, y en manera alguna las minorías estridentes que

pretenden hablar en su nombre. Nuestro interlocutor es y será siempre ese pueblo español que trabaja y se

afana; que ha recuperado el orgullo de su condición nacional y quiere para sus hijos un futuro sin

sobresaltos; que detesta los atentados contra la paz y abomina de quienes los cometen; que admira,

respeta y quiere a Franco; que ve en el Príncipe la encarnación de un futuro sosegado, sin conmociones ni

traumas. Ese pueblo español al que le siguen doliendo las insuficiencias, las limitaciones, las

desigualdades o injusticias que percibe, todavía, en su torno. Ese pueblo español que reclama un

orden social más justo y un orden político en el que dejar sentir, con intensidad creciente, el peso de su

presencia. Este pueblo español que no quiere renunciar al crecimiento económico, pero que desearía ver

más diáfanamente sentados los objetivos sociales del desarrollo. Ese pueblo español, integrado en su 70

por 100 por hombres que no vivieron nuestra guerra, es el interlocutor del Gobierno. El sentido del

«espíritu del 12 de febrero» no es otro que el del afan de traducir el espíritu de nuestros principios

permanentes al lenguaje, a 1as aspiraciones, a las inquietudes de la España de este concreto presente.

Cualquier otra especulación por exceso o por defecto, en torno al «espíritu del 12 de febrero» es

totalmente gratuita

LA JUVENTUD

En este panorama de inquietudes, de propósitos y de servicio hemos apelado al pueblo español, y en él

quisiéramos mencionar expresamente a la juventud para ofrecerle un panorama prometedor, sin

jactancias, sin promesas altisonantes y sin adulaciones de ocasión. A la juventud que en su rebeldía lleva

prendido un afán de perfección, pedimos esa ilusión que, si en los hombres de nuestra generación resulta

de la exigencia de sus compromisos, en ella ha de ser espontánea entrega a la causa de España en la que

quepan todos los que con limpia intención se sienten unidos en el afán renovador. En la difícil encrucijada

de sus años, de espaldas a las llamadas del egoísmo, pedimos que su pasión y su generosidad se orienten

al norte de hacer una patria más justa, si menos cómoda para algunos, más acogedora para todos. Tener

presente que un día el timón de la nave del Estado será empuñado por un hombre perteneciente a las

nuevas generaciones españolas. Un hombre que no había nacido en 1936, cuando la postración extrema

de la patria requirió el concurso de los más heroicos sacrificios.

ABRIR DE PAR EN PAR LAS PUERTAS

Y nada más. En el discurrir de estos minutos mis palabras no han tenido el énfasis de las declaraciones

solemnes, ni han buscado el cobijo del aplauso fácil. Al comparecer, hoy, ante vosotros, miembros de los

Consejos Locales y Provinciales del Movimiento de las provincias catalanas, he querido tan sólo subrayar

lo que constituye la médula de nuestra inquietud política: la necesidad de impulsar un continuo y

progresivo desarrollo de los Principios Fundamentales del Movimiento. Sin ocultar los peligros, sin eludir

las dificultades, pero abriendo de par en par, comprometida y responsablemente, las puertas de la

esperanza en un futuro que nadie podrá arrebatarnos.

Quienes en el presente servimos puestos de responsabilidad, debemos sentirnos fundamentalmente

apremiados por un requerimiento, promover desde ahora, bajo la autoridad de Franco, con la garantía que

supone su continuada y permanente vigilia al frente de los destinos nacionales, las prudentes

transformaciones que aconseja una realidad social renovada. No dudaremos en esta tarea que representa

para nosotros el único homenaje eficaz al espíritu de quienes alumbraron el Régimen. Ser fieles a ese

espíritu equivale a salvaguardar el futuro y a despejar el camino de quien, a título de Rey, asumirá la

Jefatura del Estado como sucesor de nuestro Caudillo. En tal propósito, hombres del Movimiento, vuestra

presencia, vuestra asistencia y vuestro apoyo son inexcusables.

* «EL PUEBLO ESPAÑOL ES EL ÚNICO INTERLOCUTOR DEL GOBIERNO Y NO LAS

MINORÍAS ESTRIDENTES»

* «EN NINGÚN MOMENTO HEMOS RECHAZADO EL AMARGO SABOR DE LA CRÍTICA»

* «ABRIR LAS PUERTAS DE PAR EN PAR A LA ESPERANZA»

* «SALVAGUARDAR EL FUTURO Y DESPEJAR EL CAMINO DEL FUTURO REY DE

ESPAÑA»

INFORMACIONES

15 de junio de 1974

 

< Volver