Una ley para la libertad     
 
 Arriba.    31/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

UNA LEY PARA LA LIBERTAD

EN el mundo sindical todo empieza de nuevo hoy 31 de marzo de 1977. Las Cortes, en el pleno de ayer, aprobó, ron la ley de Asociación Sindical, o lo que es lo mismo, la ley de la libertad sindical. La Comisión de Asuntos Exteriores, por su parte, el día anterior, ratificó los convenios 87 y 98 de la OIT que hacen alusión precisamente a la libertad sindical.

Una experiencia de cuarenta años de sindicalismo monolítico queda atras, en la historia, mientras se abren, también en lo sindical, como en lo político, los graves interrogantes de la transición, del paso de un sistema a otro diametralmente opuesto.

La motivación de la ley de libertad sindical está clara: conseguir una elemental coherencia con las libertades políticas y ciudadanas. La ley no es el final de la reforma, sino el principio básico para llevarla a cabo. Ahora tienen la palabra los trabajadores, los empresarios, las centrales sindicales.

Es precisamente el encuentro de la ley con la realidad socio-laboral y sindical del país lo que nos interesa en estos momentos. Y esta realidad nos invita a considerar los interrogantes que ahora mismo se van a plantear.

Estamos ante Ib posibilidad de un sindicalismo revolucionario, de reivindicación agresiva que venga a poner en situación aún más dramática, el panorama socio-económico del país: Paro alarmante, inflación incontenible y depresión económica. Impulsados por el resorte del estreno de la libertad y guiados por el espíritu de revancha, algunos grupos pueden entorpecer seriamente la etapa de transición sindical.

También estemos ante la posibilidad de un sindicalismo responsable, conocedor de la historia de los movimientos sociales que ofrezca como alternativa una respuesta razonable en plan de colaboración para superar los traumas. El movimiento obrero no está ya hoy en el mundo por la liberación del mono y las zapatillas, sino por el protagonismo en la gestión a nivel empresarial y estatal.

Ahora mismo, en Inglaterra, donde se han escrito asi todas las páginas de la

historia del sindicalismo, tenemos un buen ejemplo para comprender, en su verdadera dimensión, el presente y el futuro del sindicalismo. Allí existe ahora mismo un desafío Gobierno-Sindicatos que se plantea en una tercera fase del llamado pacto social. Aquí tenemos que luchar para lograr el diálogo previo que conduzca al pacto.

Pero quizá mucho antes que eso, y con sello de urgencia, habrán de clarificarse una serie de cuestiones. ¿Cuál será la tasa de sindicación en España? ¿Logrará el sindicalismo una unidad independiente? ¿Estarán las opciones sindicales marcadas por el sello de los partidos políticos? No podemos olvidar en este último punto, que los partidos cuyo objetivo primario está en el movimiento de masas, echarán sus redes en el ámbito laboral y sindical. Podemos caer en el tremendo error de intentar una modelación del sindicalismo según la izquierda, el centro o la derecha, sin que, hoy por hoy, los grupos políticos de uno u otro bloque, encelados en el trance electoral, tengan ofertas concretas para el mundo sindical.

Por eso, la responsabilidad de los líderes sindicales y de las masas obreras, ahora, en este momento, es sumamente delicada. De nuevo hemos de reiterar que los conflictos laborales y sindicales, al contrario de lo que ocurre con las escaramuzas dialécticas a nivel de grupos políticos, salpican a la calle, llegan al entorno familiar, ofrecen una imagen de alteración ciudadana más ocuciante y angustiosa que en ninguna otra esfera. Quizá por eso lo más sensato, en estos momentos, sería estrenar la libertad partiendo de un pacto previo, Un pacto de no agresión, de búsqueda de la unidad, de ofertas y de soluciones.

Un pacto inicial que haga posible la libertad sobre la base de la paz social. Lo contrario sería tratar de recorrer en España, a estas alturas, los capítulos de la historia del sindicalismo, que ya están olvidados y superados en el mundo occidental con el que se trata de sintonizar en lo político y también en lo social.

 

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