Libertad sindical     
 
 Diario 16.    29/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Libertad sindical

El Pleno de las Cortes de mañana, va a devolver a este país, después de cuarenta años, la existencia legal de sindicatos libres. Con esta previsible aprobación acabará otro de los mitos de la dictadura franquista: los sindicatos únicos y obligatorios que pretendiendo superar los antagonismos de clase y la domesticación de los trabajadores, no constituyeron más que un instrumento burocrático al servicio de la política del régimen y de los sectores que la apoyaban.

Desmoralizado y vacío, el verticalismo sindical es todo un símbolo de la demagogia y el engaño de una época pasada que buscaba levantar estructuras de cartón piedra para el futuro y que sin embargo, no está dejando absolutamente nada tras de sí.

Ni un solo trabajador va a ir a una huelga por defender el sindicalismo oficial ni una sola fábrica va a convocar una asamblea de apoyo al sindicato vertical, ni un solo escrito firmado por un puñado de enlaces va a pedir que la Organización Sindical siga como hasta ahora. He ahí la artificialidad y el desmoronamiento de uno de los pilares básicos del régimen, cuya permanencia sólo puede explicarse por la fuerza y el miedo que exhala toda dictadura.

Permitida a partir de ahora la constitución de centrales sindicales libres, ¿qué quedará de la Organización Sindical? Aunque durante unos meses todavía permanecerán a flote las tablas de su naufragio, sería de desear:

En primer lugar, que mañana, si las Cortes aprueban la ley de Asociaciones Sindicales, los 25 presidentes de los Sindicatos Nacionales de ramas, presentarán su inmediata dimisión al ministro de Relaciones Sindicales. El papel de estos dirigentes de despacho, que en cuarenta años de historia vertical fueron incapaces de asomarse a una fábrica para hablar a los trabajadores, se ha acabado.

En segundo lugar, y también mañana mismo, deberían autodisolverse todos los organismos colegiados de la Organización Sindical: Comité Ejecutivo, Congreso Sindical, Consejo Nacional de Trabajadores, Consejo Nacional de Empresarios y todos sus equivalentes provinciales, ya no significan nada ni representan a nadie.

En tercer lugar, dimisión concertada de cargos sindicales en las UTT y en las empresas, porque hoy no es ayer y ayer fueron elegidos en ausencia de libertad y democracia, obedeciendo a un reglamento trucado de la OS que, entre otras cosas, impedía arbitrariamente la presentación de candidatos. Por otra parte, un porcentaje muy alto de los elegidos consiguieron su mandato como resultado de las manipulaciones verticalistas.

En cuarto lugar, negociación directa del Gobierno con las centrales sindicales a fin de llegar a acuerdos que permitan dar salida a los problemas del patrimonio sindical, a la utilización y posesión de locales, a la OISS, al disparatado decreto-ley de Relaciones Laborales, al fin de la cuota sindical obligatoria, a las elecciones de representantes de los trabajadores en las empresas, etcétera.

Mañana, el Pleno de las Cortes previsiblemente va a aprobar una ley que si bien autorizara la existencia legal de sindicatos, no por ello satisface las aspiraciones de las centrales. Pasado mañana, desde la legalidad, las nuevas organizaciones van a dirigirse a los nueve millones de asalariados pidiéndoles su afiliación y llamando a su sentido de la responsabilidad, porque sin un sindicalismo fuerte no hay estabilidad ni progreso social.

 

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