Autor: Aguirre Bellver, Joaquín. 
   La máquina de votar     
 
 Pueblo.    31/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 20. 

Por Joaquín AGUIRRE BELLVER

LA MAQUINA DE VOTAR

No, si nos lo pasamos la mar de bien. Era la primera vez que veíamos funcionar la maquinita electrónica de votar, y tuvo su sorpresa y hasta su emoción. Sólo al final nos dimos cuenta de que a los periodistas se nos birla a partir de ahora lo mas emocionante de una votación nominal en las Cortes: ver las caras de los procuradores cuando se ponen en pie para decir en voz alta -Si», «No», «Me abstengo».

Claro, que la maquinita se las sabe todas, y registra sin posible fallo lo que ha votado cada cual, con nombre y apellidos, pelos y señales, que hay quien dice que escribe en un papel hasta si el votante es «progre» o del «bunker»; pero eso lo ve Ezequiel Puig, el secretario, y no lo vemos los periodistas.

La frustración que ese birlibirloque nos produjo quedó retratada en la exclamación de mi compañero López de Pablo:

—¡Con esas listas tenemos que hacernos nosotros.!

Pero, aun así, no será nunca lo mismo leer en un papel lo que ha votado cada cual que verle el rostro, con toda la cámara mirándole, con todo el poder enfrente, en el banco azul, con toda la Prensa pendiente de su voz y de su gesto.

Porque había «noes» pálidos, «noes» acalorados, bermejos, irritados, contundentes, y «síes» valientes, «síes» de clarín, pero también «síes» conformistas, de no queda otro remedio, de sea lo que Dios quiera, atragantados, «síes» y «noes» todos distintos en el hemiciclo de la cámara. Ahora, gracias a la maravilla de la electrónica, un sí es un sí. y un no es un no. Además, se entera Ezequiel Puig, y a los periodistas, que nos zurzan.

En cantrapartida, descubrimos tambien que contra la maquinita dichosa hay una posibilidad de venganza: que un procurador no retire su llave del registro, basta con uno, para que la máquina se fastidie y se arme un lío. Ayer pasó eso. entre votación y votación, que un procurador se despistó, y allí estuvimos todos aguardando a que terminara el sabotaje involuntario.

Fue emocionante. No me atrevo a decir que sin la maquinita, a cuerpo., limpio y a voz en cuello, como antes, la cosa habría sido diferente, como sostenían al salir unos malhablados. Lo que me consta es que fue emocionante, porque nos creímos, sólo por unos momentos, que. con el invento, los procuradores le hablan perdido el respeto al Poder e iban a llevar la contraria al Gobierno, pese a que Fernández-Miranda, desde su alto sillón presidencial, no se cansaba de advertir que la máquina anunciaba lo que había votado cada cual por lo bajo.

Las tres primeras votaciones no estuvieron precisamente en gubernamental. Con ello fue creciendo la tensión y fue cambiándosele el color al banco azul Bueno. ustedes entienden lo que quiero decir; vaya, que empezarnn a cundir los nervios. Al fin resulta que todo fue para darle mayor emoción al resultado final, que hay que ver la de felicitaciones que llovieron sobro Enrique de la Mata, todos sus compañeros de Gabinete —Suárez el primero— yéndose para él y dándole verga de abrazos. Respiramos.

Claro que la ley ha salido con algunos recortes. Sí. yo creo que debemos echarle la culpa a la maquinita. Escudero Rueda, terminada la sesión, viene en taxi conmigo, enfadado por los retoques y nervioso porque no llega a tiempo a coger el avión de las tres para el País Vasco, que a ver si el centralismo se entera de una vez por todas que hay que poner los aviones a unas horas compatibles, ¡caray!

—Eso de las ramas es una tontería. Por fastidiar Ahora, un sindicato que crees tendrá que decir lo que piensan ellos que es una rama.

—Pues que lo digan en vascuence, y que se fastidie el centralismo.

—¿Y lo de Afónica Plaza? No se concibe. Oye que no llegamos.

—Pero si no llegamos, no tendrá la. culpa Mónica Plaza, digo yo.

—Al aeropuerto.

—Vamos por el mejor camino, por el más corto.

Con rodeos.

ALGO así fue nuestro diálogo, que yo no sabía ya si estábamos hablando de libertad sindical, de los horarios de la aviación o de las dos cosas al mismo tiempo. Pero le echaremos la culpa ai centralismo, que por allá arriba es como en las Cortes echarle la culpa a la máquina electrónica de votar. A partir de ahora verán ustedes cómo de todo termina por ser responsable Ja máquina,

Le he reprochado a Alcaína que ha hecho un discurso sin irse al grano, sin arrimarse al toro, y me dice lo siguiente:

—Hay que ser político, Joaquín de mi alma.

Para que ustedes lo entiendan, se lo traduzco. Entre los políticos, decir que hay que ser político quiere decir que no hay que meterse en política. ¿Está claro? Pues eso ¡Dios mío, si se van a ir sin que uno haya terminado de entenderles!

Otra por el estilo. Al paso me dice Monreal, así como con mucho misterio, lo mismo que si estuviera contándome el último rumor sobre si Suárez se presenta o deja de presentarse a las elecciones:

—Oye, que dicen por ahí que la próxima legislatura van a elegir democráticamente a los cronistas de Cortes.

—Cuento con tu voto.

—Por descontado.

Y luego Taya usted a saber lo que votan; aunque siempre que les pides su voto dicen que si.

MUCHA gente, en los pasillos; muy poca, en la sala. Luego entraron al discurso del ministro, porque está visto que a los señores procuradores lo que les gusta es oír discursos de ministros.

En los pasillos se hablaba a troche y moche de dos cosas: de por que demonios había negado el «placet» a un presidente de sala los magistrados del Supremo, y de si se presenta o no el presidente Suárez.

Por si ustedes no lo saben, hay más de uno que ha empezado a buscarse el sitio en las filas del presidente, empezando a hacer carantoñas a su partido actual. En política, ya se sabe, importa mucho el olfato.

Hay que ventear de continuo. Este sentido del olfato dicen que lo perdió el ser humano allá en los tiempos en que dejó de ser cazador y no necesitó ya saber por dónde iba el diplodocus.

Los políticos son los únicos hombres que han conservado este instinto. ¡Y de qué forma! Los pasillos no estaban llenos porque sí, a la buena de Dios.

Todos los procuradores estaban venteando. La máquina electrónica de ventear na se ha inventado. Todavía.

 

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