Autor: VARELA. 
   La historia del "Sindicato" gubernamental  :   
 (o la "presión" de Comisiones a de la Mata). 
 El Alcázar.    02/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LA HISTORIA DEL "SINDICATO" GUBERNAMENTAL

(O LA "PRESIÓN" DE COMISIONES A DE LA MATA)

Si mis fuentes de información no fallan —y en este caso son de la máxima fiabilidad— el señor de la Mata, ministro de Relaciones Sindicales, fue víctima de una especie de «presión» por parte de les miembros de Comisiones Obreras con los que se reunió hace unos días.

A saber: según estas fuentes los miembros de Comisiones Obreras entre las muchas

reivindicaciones de tipo laboral que plantearon al señor ministro figuraba una muy concreta e inmediata: que el señor de la Mata autorizara a los miembros de CC.OO. a celebrar reuniones y asambleas en la sede de los sindicatos oficiales. Esta petición, al parecer, fue rechazada por el señor ministro, por razones obvias. Sin embargo, los miembros de Comisiones Obreras —arriba los sombreros— hicieron entrar rápidamente en razón al señor de la Mata: solamente les bastó hablar de unas reuniones celebradas en el hotel Don Quijote, de una documentación de la reunión que guardaban en sus archivos y de unas cassettes grabadas, para que al señor ministro se le mudara la color, y por supuesto reconsiderara su actitud y como en el poema donde dije digo que se autorice la petición de estos sindicalistas de toda la vida.

Pero, ¿qué fue lo que hizo de verdad mudar la color al señor ministro? Pues verá usted: los señores de Comisiones Obreras habían hecho acopio de toda la documentación de unas reuniones que se habían celebrado en el citado hotel, organizadas por el Instituto de Estudios Sindicales, y, por supuesto, pagadas por el Sindicato, a la que asistían vocales de distintas provincias. Para darse cuenta de lo que significaba la reunión —en la que se trataba de mejorar la técnica de los señores vocales de cara a su actividad como líderes obreros— las dietas, aparte de los gastos de manutención y alojamiento, se elevaban para los residentes en Madrid a 2.400 pesetas.

Efectivamente, las jomadas —dos reuniones por semana— del Instituto de Estudios Sindicales se desarrollaban con normalidad, pero en los entreactos, un tal señor Portillo, o Parrilla, de Segovia, se levantaba, se dirigía a la Presidencia de la Mesa, y decía más o menos: ruego a esa presidencia que deje dirigirme a mis compañeros para explicarle que es la Confederación Sindical Obrera. Indefectiblemente, en cada reunión, el señor presidente autorizaba al señor en cuestión y este se despachaba a gusto sobre jas cualidades y sobre todo las excelencias de tal confederación e invitaba a sus miembros a adherirse, a afiliarse, a militar. Y así un día tras otro.

Pues bien, el tema no tendría mas valor que el anecdótico si la tal Confederación Sindical Obrera no estuviera patrocinada, entre otros por el señor Torres Cáceres, del fín del señor Socias Humbert en temas sindicales, y si el señor Socias Humbert, hoy alcalde de Barcelona designado a dedo, no fuera amigo personal del señor ministro de la Gobernación, don Rodolfo Martín Villa, y si no existiera la posibilidad de que las fuerzas gubernamentales participen en política. Los miembros de CC.OO. tiraron de la lengua, magnetófono en ristre, y llegaron a la conclusión de que la tal central era una central —cuando lo sea— de apoyo sindical y electoral gubernamental.

¿Entienden ahora por qué mudó la color del señor de la Mata?

VÁRELA

 

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