Autor: González Muñiz, Antonio José. 
 Crónica desde las Cortes. 
 Las discusiones sobre el asociacionismo sindical     
 
 Hoja del Lunes.    17/01/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

LAS DISCUSIONES SOBRE EL ASOCIACIONISMO SINDICAL

La tarde del 27 de noviembre de 1970, discutiéndose el proyecto de ley Sindical en las Cortes, se alzó la voz de uno de los ponentes para pronunciar un alegato en contra de la interpretación que se daba a la creación de "asociaciones respectivas de empresarios, técnicos y trabajadores que se organicen para la defensa de sus intereses peculiares". Aquella voz joven manifestó que la nueva redacción de la Declaración XIII del Fuero del Trabajo, dada por la ley Orgánica del Estado, imponía a las Cortes el difícil deber de interpretar, no de traducir ni de escamotear, de buscar su sentido y determinar su alcance.

En muy pocas palabras: aquella voz clamaba por el reconocimiento del pluralismo sindical.

No le hicieron caso, y eso que dio razones políticas claras, porque el político es el hombre que quiere meter en el presente la mayor cantidad de futuro.

Una voz que hablaba del mañana

Aquella voz en el debate de las Cortes terminó su alegato con estas palabras: "Dentro de pocos años, cuando esta ley Heve ya algunos en vigor y se hayan constituido las primeras asociaciones, se habrá consumado ya el derecho a promoverlas y los trabajadores que se asocien con fines profesionales desarrollarán una actividad ilegal y serán, sancionados por ello. Pero en esa actividad y en esa sanción tendrán a su lado a las jerarquías de la Iglesia y a muchos, que sin ser jerarquía, sentiremos con ella; tendrán a su lado a la opinión mundial, la opinión de la Organización Internacional del Trabajo y la del número creciente de españoles jovenes que aspiran a vivir en una sociedad ordenada, pero plural, de acuerdo con los criterios vigentes en el mundo de su tiempo."

Con triste desilusión política, aquella voz Joven añadió: "Ya sé que hoy no importan demasiado estas cosas porque apiñados como estamos en torno a una figura gigantesca podemos

resistir—como otras veces cualquier tipo de asedio. Pero yo no estoy pensando en esta ley como reguladora de las elecciones de pasado mañana. Yo pienso en esta ley como la ley que va a regir el sindicalismo español bajo la nueva Monarquía. Y yo no quiero contribuir a crear dificultades a esa Monarquía enfrentándola con el hecho consumado de que, bajo su gobierno, España sea uno de los escasísimos países que no reconocen con la debida amplitud el derecho de asociación profesional, con las graves posibilidades conflictivas que esto entraña."

Un amplio debate hubo entonces para demostrar a aquel joven parlamentario que lo que se estaba haciendo en las Cortes era abrir el sindicalismo español al futuro. Y aquella voz discordante dijo estas frases doloridas y lapidarias: "Dios y yo sabemos con qué sinceridad deseo que sea un acierto la fórmula de la ponencia. Y que, dentro de veinte años, podáis decir de esta intervención mía que fue una equivocación."

Aquella voz con sentido político que se alzó en las Cortes hace algo más de seis años era la del señor Suárez González (don Fernando), que cinco años después serla vicepresidente tercero del Gobierno y ministro de Trabajo. Aquella voz joven pronosticó lo que iba a suceder en el mundo sindical español a la muerte de Franco y las dificultades que por ello se le iban a plantear a la Monarquía.

Seis años después de aquel debate, el segundo Gobierno de la Monarquía decidió ir al pluralismo sindical y ha redactado el proyecto de ley correspondiente, que estos días discuten las Cortes.

El ministro de Relaciones Sindicales, don Enrique de la Mata, y el ponente del proyecto, señor García Carrero, en sendas intervenciones, aludieron elogiosamente a las palabras que el señor Suárez González (don Fernando) pronunció seis años atrás en la misma sala donde se debate ahora el nuevo proyecto, pidiendo el pluralismo sindical. Aquí está el pluralismo sindical que entonces se pedía, vinieron a decir.

Hoy ya no es esto

Pero en la sala estaba otra vez, en un escaño, el señor Suárez González, asistiendo a los debates, escuchando cómo quienes ayer le combatieron dialécticamente en torno al pluralismo sindical, mostraban ahora su asentí miento por este hecho. ¿Era para estar satisfecho del triunfo que obtenía, con efecto retroactivo de seis años? La mayoría de las señorías lo estaban, al menos aparentemente.

Pero he aquí que, otra vez, como cuando se discutió el tema en noviembre de 1970, se alzó la misma voz joven de entonces y arremetió contra el propósito, tardío, sin magnanimidad, sin grandeza y sin imaginación, que asi lo calificó.

El ministro señor De la Mata, en la presentación del proyecto de ley, había dicho ante los procuradores que "la libertad sindical es imprescindible en una sociedad moderna y democrática"; "la libertad sindical debe reforzar la justicia social y no convertir nuestro país, socialmente hablando, en un campo de batalla.

Hoy en el mundo sólo prosperan las sociedades que se sacrifican y autolimitan, renunciando a algo del presente pensando en el próximo mañana".

"Lo que quiero decir—manifestó el señor Suárez González en los debates de ahora sobre el pluralismo sindical—es que no estoy de acuerdo con casi nadie." "Es bien patente que yo defendí la libertad de asociación sindical en el contexto de la Declaración XIII del Fuero del Trabajo, cuando debatimos la ley Sindical." "Lo que de ninguna manera puedo entender es que después de las modificaciones introducidas por la ponencia se continúe sosteniendo que su informe sigue siendo congruente con el Fuero del Trabajo.

Y entiendo menos que se apele a mi modesto testimonio en el debate de la ley Sindical para sostener esa tesis." "Me parece ocioso demostrar que el informe de la ponencia tiene muy poco que ver con la Declaración XIII del Fuero del Trabajo, y que la contradice."

"Yo estoy de acuerdo en que moverse hoy en el marco de la citada Declaración es un anacronismo, porque desde él no hay manera de dar satisfacción a las demandas sociales de hoy; no hay manera de elaborar una ley que esté en consonancia con la reforma política y que Implante en España el sindicalismo democrático." "La confusión arranca del doble enfoque. De estar con un pie en lo actual y con otro en un futuro que va a ser absolutamente distinto." "La realidad sindical será como quieran los trabajadores y los empresarios, cuya libertad es lo que éstas o las próximas Cortes tendrán que declarar." "Si después de aprobada esta ley el Gobierno va a tener que negociar con las fuerzas sindicales, es preferible que resuelva el problema por decreto-ley mejor que colocar a estas Cortes en el trance delicado de hacer una ley que no es la del futuro y que no encaja con la del pasado."

La Comisión de Leyes Fundamentales, por un voto de diferencia—doce en contra, trece a favor y tres abstenciones—decidió pasar el texto del informe de la ponencia—más generosa— al del Gobierno, más restrictivo, poniendo limitaciones al asociacionismo sindical. Inmediatamente un grupo de procuradores, capitaneados por el dirigente sindicalista nacional señor Castro Villalba—otro hombre joven con visión política—, presentó una enmienda para que la ley explicase en otro párrafo, siguiente al aprobado, qué se entendía por "ramas de actividad" para constituir asociaciones sindicales, con el fin de volver a hacer la ley aperturista, dentro de lo posible. Fue una batalla dialéctica que duró dos sesiones y media y que se ganaría.

Se devolvió así la libertad de asociación sindical, restringida por el apartado primero del artículo inicial del proyecto. Fue eliminado, por ocioso, el apartado lleno de cautelas para que las asociaciones sindicales no pudiesen estar sujetas a la disciplina de los partidos políticos. La mayoría de la Comisión estaba convencida de que, con cautelas o sin ellas—¿y para qué ponerlas en la ley?—, las asociaciones sindicales se dejarían Influir y llevar por los partidos políticos.

Demasiadas miradas al pasado

Pero el tema de fondo en los debates fue si el proyecto de ley reconociendo el derecho de asociación sindical parte o no de la Declaración XIII del Fuero del Trabajo, que ha quedado superada después del referéndum positivo de la ley para la Reforma Política. El señor Suárez González (don Fernando) sostiene que no parte de aquella disposición con rango fundamental y, por tanto, hay que tener valentía para ir a una reforma sindical total y de acuerdo con lo que la realidad social española hoy demanda y exige.

El ponente seÑor Mellan Gil—otro joven político y parlamentario—. no se atrevió a negar que el proyecto tiene una cuna constitucional en el ayer. Por eso explicó que las constituciones deben ser interpretadas en el sentido más positivo y que el proyecto, al partir del derecho de la persona, priva sobre la organización. Por eso afirmó que la ponencia no ha intentado colgar el proyecto de ley de la

Declaración XIII del Fuero del Trabajo, que no se deroga, sino que se soslaya. Las normas de este proyecto de ley, dijo, no derogan, crean otras, y será el tiempo quien irá derogando las que no sirvan; es decir, el proyecto pone otra legalidad al lado de la legalidad existente.

No están resultando fáciles los debates en las Cortes y no van a serlo a partir de mañana, en que se reanudan. Hay reacciones legislativas para mantener, en lo posible, la actual Organización Sindical, y evitar su total desmantelamiento. Vuelve a mirarse hacia atrás con más insistencia que hacia adelante.

El pasado es historia, y de la historia sólo se debe extraer la experiencia, que es la lección de los errores, para no volver a cometerlos. Hay también en los debates la impresión de que el proyecto de ley—que hubiera sido una auténtica apertura democrática en 1971 y evitado que hoy se produzcan muchas confusas y conflictivas situaciones sociales estransitorio y que las Cortes venideras, allá cuando el verano apunte, tendrán que elaborar una ley de asociacionismo sindical más generosa. Pero mientras eso llega, bastantes señorías tratan de meter en el presente la mayor cantidad del pasado, mientras que otras señorías se esfuerzan por meter en la realidad de hoy la mayor cantidad del mañana.

4. 1. GONZÁLEZ MUÑIZ

 

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