Autor: P. R.. 
   De la Mata     
 
 Arriba.    13/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

DE LA MATA

El problema de este señor es que engaña mucho. Con la juventud, lagarto, lagarto ya se sabe. Enrique de la Mata tenía un espléndido porvenir para estar organizando la Fiesta de la Banderita la tira de años, y los padres del régimen venga a llamarle Quique. Quique de la Mata es que vale mucho, y tal, ¿no? Bueno, pues nada. Se coge este señor un papel que parece mismamente una vara de nardo y se va anteayer para las Cortes. "Entre los naranjos, la Luna lunera un beso de plata en la frente le dá, y cogiendo al proletariado mismamente, le dá la vuelta, desmonta como King Kong el empire state del régimen anterior y levanta un puente colgante para veinticinco millones de españoles, con un letrero que dice: "A la libertad, quince días». No es que sea Bakunin —Bakunin de la Mata—, pero un par, vamos.

Es lo que Esperaba ha llamado «una voladura controlada», que son ganas de molestar, ya digo, al pobre Trevijano. El otro problema de este señor es que resulta un todo terreno: a la Cruz Roja le echó plasma, al Consejo del Reino, sigilo; a la Seguridad Social, computadoras, y a los Sindicatos, democracia. Ya no se puede uno fiar de nadie. Se está poniendo esto tan apasionante como una novela de Ellery Queen. Por ejemplo, desde su gloriosa senectud, don José María Gil Robles acaba de descubrir, vestido de arqueólogo, que no fue posible la paz que Franco no fue Jefe de Estado.

Que hubo un error de papeleo. A don José María hay que atarle corto, como antes, porque a este paso descubrirá que Pepe Solís no existió y que todo fue un lio de Fuertes de Villavicencio. "Lo de Enrique de la Mata tiene más mérito, porque se fue catacumba a catacumba. Hombre, Marcelino, Cómo está usted, Ariza, y así, a tomar el tinto de las cinco con el proletariado. Porque aquí, quitando a García Carres y a siete más. los políticos no sindicalistas en plan justicia social no pasaban de Ventas.

Don Laureano, por lo visto, tenia un obrero en propiedad, o sea. en plan muestras sin valor. Un par de veces al año, cuando sonaban las señales de alerta, Sánchez Pintado sacaba al obreríto, don Laureano le miraba fijamente, se empapaba de obrero, como si dijéramos, y, acto seguido, redactaba el Plan de Desarrollo Económico and Social, de la misma manera que Van Gogh pintaba trigales tras ver una espiga mortecina.

Bueno, pues ahí está este señor, que parecía un señorito y ha hecho la revolución sin despeinarse, sin sacar la pancarta, desde una Sierra Maestra con moqueta, recibiendo amenazas de muerte y, encima, siendo del Atleti. Dentro de muchos años, don José María Gil Robles revisará los cascotes del edificio de la verticalidad y encontrará entre las piscinas, las clínicas, los pleitos, los sudores, las emociones, las vidas y los viejos telefonazos perentorios de Castellana, 3, encontrará la corbata de Enrique de la Mata, el revolucionario que no llamó al timbre. Para entonces será ya Alcalde de Madrid y se habrán cumplido las previsiones sindicales sucesorias.

Porque el próximo, para bien o para mal, no será ya un ministro con cartera, sino con tartera.

 

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