Autor: Delgado, Alberto. 
 Desde el Parlamento. 
 Precisiones para que conste en acta     
 
 Arriba.    15/01/1977.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 26. 

PRECISIONES PARA QUE CONSTE EN ACTA

Se aprobó el artículo primero. Lo que se dice en el primer apartado se puntualiza, basta donde es posible puntualizar, en el siguiente. La Ponencia triunfó esta vez. Pero antes nos fue posible escuchar una serie de antológicas intervenciones. Resumirlas todas es prácticamente imposible, pero ofrecemos algunas muestras.

El primero en hacer uso de la palabra fue el señor Henríquez Hernández. Dijo machas cosas —ayer fueron todos muy ex. tensos—, y dijo también esto:

—En el fondo, la enmienda del señor Castro Villalba viene a reflejar la propia chapuza constitucional ante lo que estamos viviendo. Esto es asi, y coma es asi, tampoco está mal que lo reflejé esta ley.

Don José María Serráts, que estaba en la linea del señor Lamo de Espinosa el día anterior, comentó:

—Echo de menos el que se excluyan algunos aspectos que Introducirían unas cautelas enormemente importantes para el futuro de estas asociaciones libres, y es la lista de afiliados, por ejemplo.

Porque estamos cansados de ver que hoy en día se ha producido una inflación de partidos políticos, que muchos de ellos son regentados por personas que si representan a su familia me parece mucho.

El señor Castro Villalba habló largamente para justificar la enmienda que había sido acogida favorablemente por la Ponencia, y que trataba de enmendar, por ampliación, lo que había sido aprobado en el párrafo primero. No pudo resistir la tentación de replicar los argumentos del señor Martin Sanz, y por eso, tras una serie de consideraciones, señaló:

—No sea que al final tengan que decirles las gentes al señor Martín Sanz y a los otros señores Procuradores lo que el hijo de Adán dijo al hijo del león, después de haberlo encerrado en un cofre sin salida, según recoge la noche 146 de "Las mil y una noches": "Os ha derribado el destino y no os tendrá en pie la cautela."

Además de esto, hubo citas al teniente Colombo y, claro, el señor Martin Sanz se lanzó a replicar; esta vez sin pizarra, pero empleando sus tradicionales argumentos y, como es habitual, sin pelos en la lengua, aunque afónico:

—Todos los empresarios no queremos el pluralismo sindical, porque yo a eso me opongo. Eso es con lo que comulgan las multinacionales, la Banca y los partidos de derecha. Este empresario no lo quiere, si no que quiere trabajadores unidos en una sola organización, y por eso defendía la unidad sindical de los trabajadores.

El señor Fugardo hizo unas interpretaciones a la intervención de don Fernández Suárez el día anterior, y el aludido se vio en la necesidad de aclarar:

—Para cualquiera que me escuchara ayer debió quedar claro que mi plantamiento arranca de la dilucidación de si el Fuero del Trabajo, coa su declaración XIII, está o no vigente. Si está vigente, en efecto no cabria un proyecto que no tuviera asociaciones por ramas dentro de los sindicatos. Pero a continuación añadí que mi tesis es la de aceptar la postura del señor Esperabé de partir de que no está vigente después de la reforma política. Lo que ocurre es que en esta segunda tesis no se dan las circunstancias y condiciones para que aquí, en esta Comisión, se elabore la completa ley democrática que yo desearía.

Llegó el descanso, y llegó el recuenta. No se querían sorpresas en las votaciones. La Ponencia actuó por partida doble. En primer lugar, y con planteamientos generales, don José Luis Mellan fue una de las intervenciones más suaves, más "hilando fino", que le recordamos:

—Este proyecto de ley no podía consistir en una remodelación total, completa, a la altura de los tiempos presentes y de los que se avecinan, de todo el sindicalismo...

Supo discrepar de don Fernando Suárez sin citarle:

—Lo que no se puede hacer, evidentemente, es derogar por ley ordinaria lo que está todavía en normas constitucionales. Y, pese a lo que aquí se haya dicho, sostengo lo contrario. La ley para la Reforma Política no ha derogado, ni explícita ni implícitamente —y que me lo demuestren—, el Fuero del Trabajo, ni siquiera la declaración XIII, aquí tantas veces citada.

Esto es lo que, a juicio del señor Meilan, no se puede hacer. Pero ¿qué se puede hacer?

—Lo que se puede y debe hacer en este período preconstituyente es llevar a cabo las normas imprescindibles, por. que la vida, señores, no se puede parar.

Nueva sutileza:

—En el ánimo de este ponente, al menos, y creo que también en el de la Ponencia, está no intentar colgar esta ley de la declaración XIII del Fuero del Trabajo. No la derogamos, pero tampoco nos colgamos de esta declaración; simplemente la soslayamos

Nueva discrepancia de don Fernanda Suárez sin citarle:

—La ocasión exige decisión, exige acertar o equivocare, pero, en definitiva, decir sí o no, lo que na permite es, sencillamente, el esteticismo de la abstención.

El otro ponente, don Melitino García Carrero, defendió, con numerosos argumentos, el texto que ofrecía a la aprobación de los Procuradores, y, sin discrepar de don Fernando Suárez, le cito en varias ocasiones. Recordó su actitud un los debates de la ley sindical:

—Yo admiré esta postura del señor

Suárez bajando a esos escaños a defender, casi en el absoluto aislamiento, una posición determinada en la interpretación de los preceptos constitucionales, pero no le admiré menos cuando estuvo desde aquí defendiendo la figura del Ministro de Relaciones Sindícales.

(El señor Suárez toma nota. Todos pensamos: Se avecina la réplica.)

—...También sé con cuánta Incomadidad tuvo que firmar el decreto ley de conflictos colectivos vigentes.

El señor Suárez sigue tomando nota. Le han brindado la oportunidad de intervenir "por alusiones".

Pero aguarda, por no complicar las cosas, a que se termine la votación. Y luego, con ese gesto habitual de abrocharse el botón de la chaqueta mientras habla, replica;

—Yo defendí la figura del Ministro de Relaciones Sindicales sin competencia, ni presidencia de la Organización Sindical, y cuando se le otorgó, el se. ñor Herrero Tejedor y yo votamos en contra...

No conviene que hoy se una lo que en la historia figura separadamente.

Y en cuanto al otro punto:

—Quiero decir también, para que conste en acta, y para la historia, que puede que hubiera incomodidad en la propuesta de la firma de aquel decreto. ley (no lo firmé yo, lo firmó el Jefe del Estado), pero que en aquella incomodidad era muy superior lo que se alcanzaba a las resistencias o restricciones que necesariamente había que imponer, y que en esas restricciones les puedo asegurar, y puedo declarar aquí con toda libertad, que fueron muy superiores las de los ámbitos en que se mueve el señor García Carrero que las del Jefe del Estado.

Pues así queda.

Alberto DELGADO

Sábado 15 enero 1977

Arriba 11

 

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