Autor: Callejas, Juan José. 
 Enrique de la Mata presentó el Proyecto de Asociación Sindical. 
 Absoluto respeto a la libertad     
 
 Pueblo.    12/01/1977.  Página: 4-6. Páginas: 3. Párrafos: 43. 

NACIONAL

Enrique de la Mata presentó el Proyecto de Asociación Sindical

"ABSOLUTO RESPETO A LA LIBERTAD" TRIPLE OBJETIVO DE LA LEY

Reconocimiento de las libertades sindicales

Independencia entre trabajadores y empresarios Autonomía de las asociaciones sindicales

MADRID. (PUEBLO, por Juan José CALLEJAS.)—El reconocimiento de las libertades sindicales y la defensa de su libre ejercicio, la necesaria y recíproca independencia entre las organizaciones sindicales de trabajadores y empresarios y la autonomía de las asociaciones sindicales son los tres objetivos que persigue el proyecto de ley que ayer presentó ante las Cortes el ministro de Relaciones Sindicales, Enrique de la Mata Gorostizaga.

El ministro, a quien acompañaba el presidente de las Cortes, don Torcuato Fernández-Miranda, pronunció las siguientes palabras:

PROMETÍA MAS

Mas claro que el agua. Lo que ocurre es que los políticos tienen la maldita manía de complicarlo todo. Si no complican las cosas es como si estuvieran de más, como si no justificasen el sueldo. Sueldo que, según me dicen, les aumentan en cinco mil pesetas. Antes de empezar la sesión lo comentaban así unos queridos amigos:

—¡Cinco mil pesetas! La gente nos va a tomar el pelo.

—Para pagar el café.

Me eché a temblar. ¡Mira que como esta tarde se pongan a justificar la subida a base de discursos! Pero me consolé razonando para mis adentros que no, que unos señores todos tan serios no iban a moverse por semejantes motivaciones. Sigo pensándolo, pese a que nos abrumaron a discursos, sin misericordia.

Por eso he empezado diciendo que todo esta en la maldita manía de complicar las cosas, vicio superior a sus fuerzas.

La suprema claridad de la sesión estuvo a cargo de Alcaína, que vino a decirles a los procuradores que se dejasen de la O. I. T., de citar artículos de leyes y de comparar legislaciones.

—Aquí no hemos venido a darle gusto a la O. I. T., sino a servir los intereses de los trabajadores.

Esto fue a media tarde. Al final, dadas ya las diez en el reloj de la sala, viendo que sus palabras no habían sido escuchadas, remachó:

—¿Libertad sindical? ¡Pues Líbertad Sindical con mayúsculas! Porque en la calle la gente no quiere estas medias tintas que le estamos poniendo aquí.

Y tiene, amigos, toda la razón. Si algunos querían ir contra la ley, del todo y de frente, enmendando a la totalidad, como está mandado. Pero no, le dejaron solo a Escudero Rueda cuando de sobra sabían que Escudero no iba a ir contra la ley, sino al contrario. ¿O es que era la primera vez que oían a Escudero pronunciarse en este asunto? De sobra sabemos que Escudero lleva un tiempo enmendando las leyes a la totalidad, no siempre porque esté en contra, sino porque es la mejor forma de decir lo que piensa sobra esto y lo otro, venga o no a cuento, y mirando al tendido de las elecciones próximas. Hace bien, por otra parte. Ayer se excedió un poco y el señor presidente tuvo que llamarle por dos veces al orden, diciéndole que se ciñera al tema. Naturalmente, Escudero no se ciñó. ¡Si a lo que iba era a pedir la amnistía y no a enmendar la ley Sindical!

HUBO en torno a esto un amago de incidente, debido a que Martín Sanz llevaba preparado un discurso, aprovechando el revuelo que Escudero armase con su enmienda a la totalidad. Pero dado que Escudero retiró su enmienda, sentenció el presidente, señor López Bravo, que no había más discursos sobre la ley en su conjunto, y que el que quisiera hablar que esperase su turno en el articulado. Martin Sanz se enfadó bastante y le dijo al presidente unas cosas.

La dijo que se acordaba mucho de su predecesor don Joaquín Bau, que no habría actuado de esa forma y manera; le dijo que iba contra las costumbres de la casa, que permitían hablar como si se presentase una enmienda a la totalidad cuando no se ha presentado una enmienda a la totalidad; le dijo que no había vivido la casa como procurador, sino como ministro, y que era presidente, como quien dice, cocinero antes que fraile. Cuando Martin Sanz terminó su discurso, que no fue malo y tuvo algún que otro momento muy lucido, López Bravo respondió con estas palabras:

—Muchas gracias, señor Martin Sanz. Tiene la palabra don José María Serrats.

LUEGO, en el ascensor, se salió de este laconismo y me explicó que no, que en las Cortes había entrado por el Instituto de Ingenieros y no por ser ministro ni por designación. Ciertamente, López Bravo no ha sido muy prolijo en sus intervenciones en los debates de las Cortes; en el Consejo Nacional, sí, y por eso yo, que h« de andar de una casa en otra, sin perderme una ocasión, le conozco más como parlamentario que Dionisio Martín.

CON este amago de incidentes se quemó la oposición al proyecto de ley. Realmente, fuegos artificiales. Por mi parte, casi lo lamento, ya que unos debates que eran, sobre el papel, muy prometedores, han perdido todo el gas en un ratito. Lo que pudo ser una espectacular contienda se quedó en toda una tarde tratando de ponerle peguitas al texto del apartado uno del artículo primero. Y, aceptando ya el principio de la libertad sindical, querer recortarlo limitando la asociación a los sindicatos de rama me parece estrecho. Bueno, quizá hable por la herida de quien esperaba pasárselo mejor.

El hecho es que acertó el público yéndose en cuanto terminó el debate de totalidad. Un público que fue, por cierto, numerosísimo, para escuchar a Enrique de la Mata y para la intervención de Escudero, pero que luego se dio cuenta de que se había deshinchado el globo.

Y es el caso que hubo intervenciones dignas de oírse: la misma de Dionisio Martín, la de Lamo de Espinosa, la de Sancho Rof, una de Rafael Merino, la hábil, retirada de Lapiedra cuando vio que había poco que hacer, y algunas otras. Pero ese calorcillo de emoción que necesita una tarde entera de debate para soportarse sin hastío, eso no lo hubo en ningún momento.

AL principio nos hicimos la ilusión de que las cosas iban a ir rápidas, dado que gran número de enmendantes no se presentaba a defender su posición, seguramente porque la ponencia les había recogido sus peticiones. ¡Vana ilusión! La manía de complicar las cosas llegó a alcanzar en algunos momentos la categoría de un arte exquisito. El tema de la asociación por ramas se enquistó.

No digo que los señores procuradores se anduvieron toda la tarde por las ramas, porque es un chiste tan facilón y tan inmediato que da vergüenza. Así fue, pero me resisto a irles a ustedes con tal chiste que todo el mundo hacía a la salida de la sesión.

PUEDE que todavía los debates de esta ley presenten algunos momentos de interés y hasta de emoción. Seguro que sí. Pero ya la suerte está echada. Me atrevería a decir que la libertad sindical tiene el refrendo de las Cortes. Esa es la noticia. Todo lo demás, complicar las cosas.

«Señor presidente, señores procuradores:

Como ministro del Gobierno de Su Majestad el Rey me cabe el honor de presentar ante la Comisión de Presidencia y Leyes Fundamentales, el Proyecto de Ley por el que se regula el Derecho de Asociación Sindical.

Con este motivo —al cumplir con una larga tradición de cortesía parlamentaria— tengo oportunidad de encontrarme nuevamente con los señores procuradores —entrañables compañeros, de muchos años—, si bien en esta ocasión siento sobre mi la especial trascendencia del proyecto sobre el que vais a deliberar —que exige de todos nosotros agudizar al máximo nuestro sentido de la responsabilidad, nuestra sensibilidad política y nuestra mayor capacidad de entendimiento, para enfrentarnos con un tema crucial y palpitante, definitivamente inserto en la vida concreta de todos los españoles vinculados al mundo del trabajo.

Este Proyecto de Ley —al reconocer la plena libertad de asociación en la vida sindical, aparece como elemento clave en el perfeccionamiento de las relaciones laborales entre empresarios y trabajadores—; representa algo tan importante en una sociedad moderna y democrática, que sin él, aquella quedaría notoriamente desequilibrada, y busca encontrar soluciones auténticas a los auténticos problemas con que hoy se enfrenta nuestra comunidad.

Debemos concebirlo como esencialmente congruente e inserto en la Reforma Poli-tica que estamos llevando a cabo y así apoyarlo por la necesaria adecuación que nuestro ordenamiento jurídico precisa, tanto a las nuevas expectativas, como a las concretas realidades ya existentes en el contexto sindical.

Su texto, aunque escueto, está dotado de profundidad y contenído, acrecentadas por la redacción ofrecida por la Ponencia, en una labor digna del mayor reconocimiento, que da lugar a que no exista en él ninguna expresión sin largo alcance y especial significado. La idea básica que inspira al Proyecto, no es otra que la del obligado y absoluto respeto a la dignidad y a la libertad de la persona, lo que lleva implícito el reconocimiento y la defensa de uno de los derechos fundamentales: el derecho de promover libre y espontáneamente, junto con otros, las entidades idóneas para la defensa de sus intereses profesionales.

Este derecho, configurado como particular manifestación del derecho de asociación, se nos ofrece como una consecuencia inexcusable de la libertad política y del reconocimiento de aquel principio por el cual el individuo ha de poder concertarse libremente para la consecución de todos los fines lícitos de la vida humana.

Sobre la base de estas ideas, el Proyecto persigue un triple objetivo:

Primero: El reconocimiento de las libertades sindicales y la defensa de su libre ejercicio.

Segundo: La necesaria y íproca independencia entre las organizaciones sindicales de trabajadores y de empresarios.

Tercero: La autonomía de las asociaciones sindica les amparándolas frente a cualesquiera injerencia extraña a sus propios y claros objetivos, lo que no implica se encuentren desprovistas de orientación política, ya que por irreal esto es ciertamente impensable.

Señores procuradores: quizá no sea éste el momento para extenderme en todas las consideraciones que han motivado al Gobierno a presentar a vuestra consideración este proyecto de ley. Bastan las ideas expuestas para resaltar las conveniencias de un planteamiento normativo, que consideramos necesario y urgente, y cuyo alcance y significado conocéis sobradamente. Oportunidad tendremos ante el Pleno de las Cortes de ampliar y exponer argumentos en su defensa, si la propuesta gubernamental llega, como espero, a merecer vuestra conformidad.

Ahora bien, no quisiera en esta intervención dejar de formular determinadas consideraciones que estimo de interés. La primera consiste en reconocer el sentido polémico que sin duda rodea el proyecto.

En momentos —como el presente— en los que la dinámica política y social experimentan una vertiginosa aceleración, encontramos abundantes muestras de ma nifestaciones contradictorias. No faltan voces que acusan al proyecto de infringir las Leyes Fundamentales, ni otras que le acusan de antidemocrático. Por mi parte, sólo quisiera dejar sentado lo siguiente. El Gobierno, que no ha utilizado el procediciento del decretoley, a pesar de la indudable urgencia y necesidad del proyecto, entiende que éste se encuentra perfectamente amparado por el artícu1o dieciséis del Fuero de los Españoles, en cuanto proclama la libre asociación para fines lícitos, reforzado por la reciente Ley Fundamental para la Reforma Política, al proclamar como inviolables y vinculantes para todos los órganos del Estado los derechos fundamentales de la persona.

Importante también resulta la mención de la Declaración XIII del Fuero del Trabajo, modificada en 1967 por la Ley Orgánica del Estado. Sobre este particular basta recordar que en esta misma sala los ilustres procuradores don Fernando Herrero Tejedor, trágicamente desaparecido, y don Fernando Suárez González, desde posiciones distintas, defendieron brillantemente, en 1970, que las interpretaciones del Fuero del Trabajo formuladas en apoyo de aquella Ley Sindical, no eran ni mucho menos las únicas posibles.

Segunda consideración. Se nos imputa el propósito de destruir la unidad sindical y nada más lejos de las intenciones del Gobierno.

El Proyecto no se pronuncia sobre unidad o pluralismo; ni siquiera estima como contradictorias la unidad y la libertad. Ahora bien, lo que no puede aceptarse como válido ni defendible, es la unidad impuesta por ley. Sinceramente estamos convencidos de la fuerza de la libertad, y así la unidad sindical surgida de la libre decisión del mundo del trabajo, debe ser estimulada como expresión de la riqueza pluralista, que desde las bases, se estructura y ordena al bien de la colectividad.

La unidad resultante de un pluralismo libremente formulado, que manifieste y d» paso a una superior decisión voluntariamente unitaria, debe estimularse como deseable. Lo que por el contrario, hoy por hoy, resulta insostenible es la unidad desde la exigencia de la ley, unidad impuesta contra la posible voluntad de quienes deben ser artífices más que sus servidores.

Tercera consideración. El Proyecto de Ley no es en sí mismo la Reforma Sindical sino la base indispensable para llegar a la Reforma. Entre los propósitos del Gobierno no se encuentra el da limitar las modificaciones sindicales a este Proyecto de Ley. La Reforma que se estima urgente y necesaria, ha de ser legitimada por una auténtica participación colectiva, ya que por mucho acierto que se tuviera al formularla, resultaría estéril si careciera de un consenso mayoritario y responsable.

El futuro de las estructuras y de la orgánica sindical no debe formularse de manera unilateral por el Gobierno, pues a empresarios y trabajadores es a quienes ha de corresponder el planteamiento y decisión en cuestiones de tan singular relieve para ellos mismos. Y esta tarea es hoy inaplazable, pues resulta ya de manera irreversible y justa la situación de los funcionarios sindicales, todas las demás cuestiones, desde el patrimonio a la organización, desde la regulación de la huelga, a nuevas normas sobre relaciones laborales; desde los conflictos a los sala. ríos, requieren la participación de todos, sin marginar a nadie que tenga algo que aportar a la más sensata ordenación de cuanto pueda incidir en el trabajo individual o colectivo.

Los momentos actuales se caracterizan por su evidente dificultad, y no podía ocurrir de otra manera.

Una acción más decidida y realista, en los últimos años, hubiera allanado obstáculos en el momento presente. Pero no es ésta la hora de lamentaciones inútiles, sino la de redoblar esfuerzos y suplir con

El planteamiento del futuro corresponde a los trabajadores y a los empresarios

12 de enero de 1977 PUEBLO

NACIONAL

Escudero retiró su enmienda a la totalidad

El concepto "rama de actividad": Polémica sin resultado

mayor energía, claridad y vigor la timidez de momentos quizá más propicios, pero, en cualquier caso, ya superados.

Debe tomarse como lógica la insatisfacción y la conflictividad propia del año que acaba de transcurrir, en el que se ha hecho preciso un tremendo y paciente trabajo para solucionar problemas y atenuar irritaciones, no siempre injustificadas. Empresaríos y trabajadores, debo decirlo públicamente, han procurado encontrar caminos de acuerdo, y buena prueba de ello es el número de convenios, superior en 1976 a 1975, e incluso a otros años, donde parecía reinar una aparente armonía social.

La libertad de pactos decretada por el Gobierno ha producido resultados ciertamente positivos, y ha venido a demostrar la capacidad de entendimiento de trabajadores y empresarios, en un clima que, aun con dificultades explicables para quienes se hayan acercado al conocimiento de la realidad laboral, ha da estimarse como esperanzados.

No ignoro que llaman poderosamente la atención cifras tan espectaculares como los cien millones de horas de trabajo perdidas. Ciertamente, no estamos acostumbrados » este tipo de noticias, pero no sería lógico catalogar con excesivo dramatismo las huelgas surgidas, ya que se alteraría la exacta visión con que han de entenderse los problemas sociales. Aun cuando no sea tranquilizador contemplar un panorama de alta conflictividad, lo cierto es que debemos situar el tema de las huelgas en el lugar que exactamente le corresponda, y no olvidar que la huelga no es sino un derecho del trabajador, y si pensamos que en España se trabajan setenta millones de horas por día, la cifra de cien millones por año comienza a no tener la importancia que los agoreros de siempre pretenden atribuirla.

Nadie vea en mis palabras una intención distinta a la de centrar los problemas en sus términos correctos. Es obvio que no defiendo como buena la situación presente; simplemente trato de explicarla y demando un análisis de la misma en profundidad en su auténtica dimensión y en sus consecuencias, para, desde ellas, realizar con precisión el balance real. Si asi lo hacemos, podremos apreciar la necesidad de mejoras y más transparentes modos de participación; de ahí la necesidad de una constante atención a los problemas sindicales en el seno de las empresas, la necesidad de una clarificación de las motivaciones reivindicativas separando de aquéllas las que pretenden llevar al mundo del trabajo cuestiones que le son ajenas. La necesidad de poner coto a la coacción violenta que obstaculiza el derecho al trabajo; la necesidad de estimular el reencuentro Inversor empresarial, aceptando los riesgos y sacrificios que el presente histórico demanda; la necesidad —en fin— de hallar entre todos una definitiva armonía social. que posibilite la superación de dificultades presentes, con el único y principal recurso a nuestro alcance que no es otro que el trabajo de los españoles y la productividad y rentabilidad de nuestras empresas.

Cuarta consideración. Al construir un sistema social, cada vez más flexible, sin condenas Innecesarias, vivo en sus bases e Instituciones, susceptible de recoger todas tas capacidades y tramitar todos sus conflictos del modo más constructivo no seria justo olvidar la contribución que a ello han prestado y seguirán prestando empresarios y trabajadores. Al rendir público reconocimiento de la labor realizada durante tantos años y años, por los dirigentes sociales, hemos de proclamar que nunca debe propiciarse pierdan su auténtico poder de convocatoria.

Su autenticidad y entrega son, en definitiva, el arma de mayor eficacia frente a la subversión, siempre latente en las sociedades industrializadas. Varios de estos líderes sindicales, están aquí, en esta tarde, y al expresaros un reconocimiento sincero, quisiera poner de manifiesto que un nuevo sindicalismo, moderno, ágil, capacitado para la defensa de los justos intereses, es precisamente viable, desde los avances sociales, logrados con vuestra dedicación de siempre. Si hoy tenemos la posibilidad de alcanzar un sistema sindical realista sin exclusiones, potenciando las diferentes opciones existentes, lo hacemos con el menor grado de riesgo para la convivencia, pues los años pasados, alcanzaron paz, justicia y bienestar con mayores oportunidades para todos, en un innegable y real cambio en la vida.

En la sociedad española de nuestros días, empresarios y trabajadores han dado pasos de gigante, tanto en el quehacer colectivo, como en el propio mundo sindical, y si ahora abordamos la libertad sindical es porque aquel esfuerzo ha fructificado. Por ello sería una grave injusticia regatearles el mérito de la empresa realizada.

Y aquí, señores procuradores, concluyen mis consideraciones. Sólo me resta añadir que pretendemos edificar la libertad, en momentos singularmente difíciles, cuando los años del crecimiento continuo parecen haber terminado. El encarecimiento de la energía ha asestado un duro golpe a las sociedades industriales del mundo democrático, y es triste cosa que cada vez que los españoles nos proponemos el logro de la democracia nos encontramos —en 1874 como en 1930, ahora como antaño— con que una crisis económica viene a sumarse a las naturales dificultades del proceso. Pero hoy la sociedad española es más culta, más fuerte, más rica y más consciente de sus propias conveniencias y necesidades.

La libertad sindical debe reforzar la justicia social, y no convertir nuestro país socialmente hablando en un campo de batalla. Hoy en el mundo sólo prosperan las sociedades que se sacrifican y autolimitan renunciando a algo del presente pensando en el próximo mañana. Hay injusticias que remediar, pero querer suprimirlas todas en un día, o en un año, ser la sembrar injustificadas y utópicas esperanzas.

A menos de un cuarto de siglo para superar el siglo XX, con sus luchas y sus dramas, el propósito común debe centrarse en un futuro mejor, que no podrá lograrse sino a razón del esfuerzo colectivo. Sólo merecen la libertad los pueblos que saben emplearla, y la pierden siempre quienes la dilapidan en aventuras o quimeras sin mañana.

La libertad sindical que recoge esta ley es un bien estimable, que no podrá emplearse ni en torpes propósitos ni en apetencias de dominio de unos grupos sobre otros, anulándose todos entre si en la pugna cotidiana. Hace falta la sosegada libertad de trabajadores y de empresarios, sabiendo los unos y los otros que están llamados a entenderse, pues vivimos en una. Europa donde los extremismos están condenados.

La economía es un arte creado por el esfuerzo en común de trabajadores y empresarios, y que se desgarra o deshace cuando las posturas son excesivamente adversas y encontradas. El derecho de organizarse presupone la voluntad de entenderse, y la primera virtud de quienes acceden a la libertad es hacer de ella no un bien absoluto, sino un uso razonable.

Digo todo esto consciente de haber defendido, tanto ante la calle como ante las superiores instancias del Gobierno, del cual formo parte, las libertades esenciales. No se me oculta, ni se le oculta al Gobierno de Adolfo Suárez, las naturales dificultades, los obstáculos e incluso las maniobras tendenciosas, pero ante vosotros reitero la decisión y la sinceridad de afrontarlas con toda energía cualquiera que fuese la naturaleza de aquéllas. De nada sirve a un pueblo querer vivir siempre bajo una gran campana de cristal, que al romperse por un azar de la Historia dejarla desvalidos e mermes a sus ocupantes.

La libertad ha venido a la España de la Monarquía por sus pasos contados, está contenida en nuestra reforma política, y de hecho se encuentra en la realidad de la calle. Sólo vamos a hacer legal lo que ya tiene vigencia entre los españoles, porque la pluralidad es un hecho de nuestro tiempo, irreversible e irrenunciable.

Ante una sociedad española moderna y responsable, nada hay en esta ley que pueda asustarnos, y quienes creemos en la libertad tenemos, señores procuradores, la obligación de reconocerla y proclamarla. Puesto que habéis sido los autores de la libertad política, creo que la libertad de asociación sindical es congruente con el paso que hemos dado colectivamente desde estas Cortes, y a ellas confia el Gobierno su proyecto, convencido de que desde hoy la tarea queda en manos serenas, conscientes y sinceramente responsables, ante el pueblo español, que ha emprendido decidido, bajo la ley y la libertad, el camino de la democracia.»

RETIRADA LA ENMIENDA A LA TOTALIDAD

Una vez que el señor De la Mata terminó su intervención, que recogió fuertes aplausos, abandonó la sala de la comisión juntamente con el presidente de las Cortes. Acto seguido, el presidente de la Comisión de Leyes Fundamentales y Presidencia del Gobierno, Gregorio López Bravo, expresó, en nombre de la comisión, la repulsa y condena por el secuestro del procurador en Cortes señor De Oriol, hecho del que ayer se cumplían treinta días. «España

"ABSOLUTO RESPETO A LA LIBERTAD"

(Viene de la pág. anterior.)

—dijo— no puede ni debe permitirse el lujo de acostumbrarse a que se produzcan en su suelo hechos injustificables sobre tos que nadie da una explicación satisfactoria.»

Inmediatamente después tomó la palabra el enmendante a la totalidad del proyecto, señor Escudero Rueda. Comenzó la defensa de su enmienda reconociendo «el profundo y acertado trabajo de la ponencia que había mejorado muy considerablemente el primitivo proyecto del Gobierno». Anadió después que el espíritu de la ley tiene que inclinarse siempre a no crear desde el Estado una superestructura unitaria, aunque únicamente sea de índole burocrática, ya que la decisión sobre la unidad sindical debe corresponder a los propios trabajadores y empresarios.

Sobre el tema del patrimonio sindical afirmó la necesidad de que sean escuchados los trabajadores y añadió que ninguna de las centrales ni los funcionarios de la actual Organización Sindical que se legalicen hereden nada del mismo, ya que debe ser de todos o de ninguno.

Pidió después que se derogue la actual ley Sindical y que las asociaciones sindicales que se establezcan expongan sus criterios sobre el derecho a la huelga, la contratación colectiva, el futuro del patrimonio sindical, etcétera.

Contestó por la ponencia Melitino García Carrero, afirmando Que suprimir de golpe la actual estructura sindical sería un acto gravemente perturbador y lesivo para los propios intereses de los trabajadores.

Sin excesivas polémicas el señor Escudero Rueda, que volvió a congratularse por el trabajo de la ponencia, retiró su enmienda.

«RAMAS DE ACTIVIDAD», TEMA POLÉMICO

Se entró a continuación —y después de un breve incidente entre el procurador Dionisio Martín Sanz y el presidente de la comisión, Gregorio López Bravo— en el debate del articulado. Rápidamente se centraron las discusiones en un punto concreto: el de la supresión del concepto «rama de activividad».

En el proyecto elaborado por el Gobierno —antes de a aprobación de la Ley de Reforma Política— se señalaba en el articulo primero que «los trabajadores y los empresarios podrán constituir en cada rama de actividad... las asociaciones...». La ponencia —que realizó sus trabajos después de la aprobación de la Reforma Política— suprimió el concepto y el artículo del informe dice lisa y llanamente que «los trabajadores y los empresarios podrán constituir las organizaciones que estimen convenientes...».

Los procuradores (todos le representación sindical) señores Lamo de Espinosa, Conde Bandrés, Madrid del Cacho, José María Serráts, etcétera, defendieron a capa y espada el volver «al texto del Gobierno», es decir que las asociaciones se constituyeran «en cada rama de actividad», mientras que Fernández Sordo, Noel Zapico, Iglesias Selgas, Sancho Rof, Castro Vi1lalba y otros (también procuradores sindicales), apoyados por Esperabé, Escudero Rueda y Merino, abogaban porque continuara la supresión del citado concepto.

Respondió de nuevo por la Ponencia el señor García Carrero, para afirmar tajantemente que la filosofía del proyecto es el reconocimiento de la libertad de asociación y todo lo que no responda a esto debe ser eliminado. Hay que dejar plena libertad para que se constituyan sindicatos y plena libertad para afiliarse o no a ellos... Aludió después al referéndum del pasado día 15 y a la aprobación de la ley de Reforma Política, que responde a la inviolabilidad de los derechos fundamentales de la persona y a la firma de ratificación por parte de España del Pacto Internacional de los derechos civiles y políticos.

Todo ello —dijo— exige la necesidad de plena libertad de asociación sindical sin que haya que introducir ningún impedimento.

En un segundo turno de intervenciones, los señores Conde Bandrés, Lamo de Espinosa, Madrid del Cacho y Serráis insistieron en su tesis y anunciaron que votarían a favor de la inclusión del concepto «rama de actividad».

Fernández Sordo volvió a afirmar que si se ha elegido un sindicalismo Ubre y voluntario, hay que abandonar cualquier tipo de restricción a los trabajadores.

Por su parte. Noel Zapico manifestó que el realismo exige contemplar la. verdadera estructura sociológica del movimiento obrero, y que las fuerzas que lo componen no se estructuran ni se supeditan al criterio de rama de producción.

Por el contrario —añadió Zapico—, las fuerzas sindicales, es decir, las centrales sindicales (que existen) exigen por su propia independencia de actuación la libertad de estructurarse en el ámbito de su competencia.

Este proyecto de ley ha de pretender establecer las condiciones objetivas precisas que posibiliten y garanticen la libertad de asociación. Y esas condiciones objetivas son las del informé de la Ponencia,

En otro caso, lo que se está haciendo es interpretar la voluntad de los trabajadores, y entiendo que no se debe interpretar la voluntad de los trabajadores, sino establecer las condiciones objetivas para que esa voluntad se exprese, y que no es otra fórmula que la de dejar a los propios trabajadores organizarse de acuerdo con sus propios intereses no sólo profesionales, sino sindicales.

Pasadas ya tas diez de la noche, el presidente de la comisión declaró cerrado el debate, y anunció, que mañana contestaría la Ponencia e inmediatamente se sometería a votación el tema.

 

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