Autor: Aguirre Bellver, Joaquín. 
   Prometía más     
 
 Pueblo.    12/01/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

TRIPLE OBJETIVO DE LA LEY

Reconocimiento de las libertades sindicales

Independencia entre trabajadores y empresarios Autonomía de las asociaciones sindicales

Por Joaquín AGUIRRE BELLVER

PROMETÍA MAS

MAS claro que el agua. Lo que ocurra es que los políticos tienen la maldita manía de complicarlo todo. Si no complican las cosas es como si estuvieran de más, como si no justificasen el sueldo. Sueldo que, según me dicen les aumentan en cinco mil pesetas. Antes de empezar la sesión lo comentaban así unos queridos amigos:

—iCinco mil pesetas! La gente nos va » tomar el pelo.

—Para pagar el café.

Me eché a temblar. ¡Mira que como acta tarde se pongan a justificar la subida a base de discursos! Pero me consolé razonando para mis adentros que no, que unos señores todos tan serios no iban a moverse por semejantes motivaciones. Sigo pensándolo, pese a que nos abrumaron a discursos, sin misericordia, Por eso ha empezado diciendo que todo esta en la maldita manía de complicar las cosas, vicio superior a sus fuerzas.

La suprema claridad de la sesión estuvo a cargo de Alcaína, que vino a decirles a los procuradores que se dejasen de la O. I. T., de citar artículos de leyes y de comparar legislaciones.

—Aquí no hemos venido a darle gusto a la O. I. T., sino a servir los intereses de los trabajadores.

Esto fue a media tarde. Al final, dadas ya las diez en el reloj de la sala, viendo que sus palabras no habían sido escuchadas, remachó:

—¿Libertad sindical? ¡Pues Libertad Sindical con mayúsculas! Porque en la calle la gente no quiere estas medias tintas que le estamos poniendo aquí.

Y tiene, amigos, toda la razón. Si algunos querían ir contra la ley, del todo y de frente, enmendando a la totalidad, como está mandado. Pero no, le dejaron solo a Escudero Rueda cuando de sobra sabían que Escudero no iba a ir contra la ley, sino al contrario. ¿O es que era la primera vez que oían a Escudero pronunciarse en este asunto? De sobra sabemos que Escudero lleva un tiempo enmendando las leyes a la totalidad, no siempre porque esté en contra, sino porque es la mejor forma de decir lo que piensa, sobre esto y lo otro, venga o no a cuento, y mirando al tendido de las elecciones próximas. Hace bien, por otra parte. Ayer se excedió un poco y el señor presidente tuvo que llamarle por dos veces al orden, dicióndole que se ciñera al tema. Naturalmente, Escudero no se ciñó. ¡Si a lo que iba era a pedir la amnistía y no a enmendar la ley Sindica!.

Hubo en torno a esto un amago de incidente, debido a que Martin Sanz llevaba preparado un discurso, aprovechando el revuelo que Escudero armase con su enmienda a la totalidad. Pero dado que Escudero retiró su enmienda, sentenció el presidente, señor López Bravo, que no habla más discursos sobre la ley en su conjunto, y que el que quisiera hablar que esperase su turno en el articulado Martín Sanz se enfadó bastante y le dijo al presidente unas cosas.

La dijo que se acordaba mucho de su predecesor, don Joaquín Bau, que no habría actuado de esa forma y manera; le dijo que iba contra las costumbres de la casa, que permitían hablar como si se presentase una enmienda a la totalidad cuando no se ha presentado una enmienda a la totalidad; le dijo que no había vivido la casa como procurador, sino como ministro, y que era presidente, como quien dice, cocinero antes que fraile. Cuando Martin Sanz terminó su discurso, que no fue malo y tuvo algún que otro momento muy lucido, López Bravo respondió con estas palabras:

—Muchas gracias, señor Martín Sanz. Tiene la palabra don José María Serráis.

LUEGO, en el ascensor, se salió de este laconismo y me explicó que no, que en las Cortes había entrado por el Instituto de Ingenieros y no por ser ministro ni por designación. Ciertamente, López Bravo ha ha sido muy prolijo en sus intervenciones en los debates de las Cortes; en el Consejo Nacional, sí, y por eso yo, que he de andar de una casa en otra, sin perderme una ocasión, le conozco más como parlamentario que Dionisio Martin.

Con este amago de incidentes se quemó la oposición al proyecto de ley. Realmente, fuegos artificiales. Por mi parte, casi lo lamento, ya que unos debates que eran, sobre el papel, muy prometedores, han perdido todo el gas en un ratito. Lo que pudo ser una espectacular contienda se quedó en toda una tarde tratando de ponerle peguitas al texto del apartado uno del artículo primero. Y, aceptando ya el principio de la libertad sindical, querer recortarlo limitando la asociación a los sindicatos de rama me parece estrecho. Bueno, quizá hable por la herida de quien esperaba pasárselo mejor. El hecho es que acertó el público yéndose en cuanto terminó el debate de totalidad. Un público que fue, por cierto, numerosísimo, para escuchar a Enrique de la Mata y para la intervención de Escudero, pero que luego se dio cuenta de que se había deshinchado el globo.

Y es el caso que hubo intervenciones dignas de oírse: la misma de Dionisio Martín., la de Lamo de Espinosa, la de Sancho Rof, una de Rafael Merino, la hábil retirada de Lapiedra cuando vio que había poco que hacer, y algunas otras. Pero ese calorcillo de emoción que necesita una tarde entera de debate para soportarse sin hastío, eso no lo hubo en ningún momento.

AL principio nos hicimos la ilusión de que las cosas iban a ir rápidas, dado que gran número de enmendantes no se presentaba a defender su posición, seguramente porque la ponencia les había recogido sus peticiones. ¡Vana ilusión! La manía de complicar las cosas llegó a alcanzar en algunos momentos la categoría de un arte exquisito. El tema de la asociación por ramas se enquistó. No digo que los señores procuradores se anduvieron toda la tarde por las ramas, porque es un chiste tan facilón y tan inmediato que da vergüenza. Así fue, pero me resisto a irles a ustedes con tal chiste que todo el mundo hacía a la salida de la sesión.

PUEDE que todavía los debates de esta ley presenten algunos momentos de interés y hasta de emoción. Seguro que sí. Pero ya la suerte está echada. Me atreverla a decir que la libertad sindical tiene el refrendo de las Cortes. Esa es la noticia. Todo lo demás, complicar las cosas.

 

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