Autor: Muñoz Campos, Juan. 
 Libertad y obligatoriedad sindicales (III). 
 El absentismo sindical en Europa es muy elevado  :   
 En Suecia la sindicación llega hasta el 70 por 100. En Suiza no pasa del 21 por 100. 
 Ya.    11/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LIBERTAD Y OBLIGATORIEDAD SINDICALES (III)

EL ABSENTISMO SINDICAL EN EUROPA ES MUY ELEVADO

EN SUECÍA LA SINDICACIÓN LLEGA HASTA EL 70 POR 100 EN SUIZA NO PASA DEL 21 POR 100 Ala lectura del anexo- III del boletín "Communautes Europeens, informations syndicales", de mayo de 1976, dedicado al II Congreso de la Confederación Europea de Sindicatos, celebrado en Londres en el mes de abril de 1976, se conoce que son 28 las organizaciones afiliadas, con un censo de asociados que totaliza 35.914.770 trabajadores. (Al congreso de Copenhague, de mayo de 1974, asistieron 27 organizaciones, con un total de afiliados cíe 32.762.000, y "El País", en su edición del 14-XI-76, publicaba una entrevista con el secretario general de la CES y daba los números de 32 organizaciones y 38 millones, respectivamente.)

Resulta evidente que el absentismo sindical promedio gira alrededor del 65 por 100 del censo laboral en cada país. El porcentaje de sindicación más alto se da en Suecia, con el 70 por 100, y el más bajo en Suiza, con el 21 por 100. Entre estos dos extremos se nos ofrece el panorama de las demás naciones europeas.

A mi entender son varias las causas determinantes de esta realidad:

La resistencia humana a dar el primer paso y pechar con las consecuencias. En el ámbito que nos ocupa, hay que afiliarse a una asociación o promover otra cuando resulta más cómodo quedarse pasivo.

Y, sobre todo, han de asumirse obligaciones y deberes, que luego hay que cumplir. Y eso siempre cuesta.

El deseo de no hacer pagos por algo que no estima rentable; la cuota que ha de abonarse a la asociación sindical se califica como un ahorro por quienes esperan que ese algo se les dé hecho y no hacen nada por los demás.

LA coloración política de ciertas manifestaciones del hecho sindical no invita a todos los trabajadores. Sólo a los que se sientan identificados con la ideología que inspire al sindicato. Es posible afirmar que en ocasiones hasta aleja. Algunos, pocos o muchos, trabajadores se sienten llamados a sindicarse, pero dentro de un sindicato en el que se les hable de la empresa, de los salarios, de la seguridad social, de los fenómenos económico-sociales, de la elevación del nivel de vida, de la necesidad de integrarse en la empresa, de transformarla, de participar en la reforma de la sociedad, de incrementar sus posibilidades —sobre todo la de sus hijos— en orden a participar en los bienes de la cultura, de mejorar su formación intelectual de ser más competente en un oficio, de disponer de medios Idóneos para emitir su opinión...

No les gusta que de todo esto, y de muchas cosas más, se les hable en razón de una ideología política predeterminante y condicionadora Piensan que, en cuanto aportan sus esfuerzoa al incremento de

los bienes economicos perfecto derecho a participar en la mejora y en la transformación social, que les lleve a tener por si mismo» un puesto de primer rango en la construcción de la futura sociedad,

bien diferente a la actual, que los tiene situados muy en segundo lugar. Y... no encuentran un sindicato de este porte.

La actuación del capitalismo, como medio de multiplicación de riqueza, especialmente asentado en la explotación máxima de los recursos naturales, entre los que incluye el trabajo humano, sabe que para continuar su quehacer ha de contar con un mundo del trabajo atomizado y disperso. Hará, mientras pueda, todo para evitar que el sindicato sea convertido en un instrumento capaz y operante al servicio del trabajador.

Cierto tipo de líder sindica] más aferrado a .su puesto que a las convicciones que debieron llevarlo a él. Convertido en un galápago profesional. Consciente de que un sindicalismo auténtico, participante, en el que además de los incondicionales y los acólitos estuvieran otros muchos más no le permitiría continuar con su sinecura,, de aparente rectoría.

Para la realización del que. hacer que el sindicalismo ha de desempeñar en la construcción de la futura sociedad hay que contar con todo el mundo del trabajo. Ninguno de sus hombres ha de permanecer en una asociación sindical que no le llene vitalmente. Pero todos han de estar en una. Si no les agradan las existentes, que promuevan otra. Imposible quedar fuera.

Al trabajador, y al empresario, por supuesto, hay que reconocerles el derecho a sindicarse, pero hay que estimularles, incitarles, apremiarles a que ejerzan ese derecho, pues de ello depende que puedan por sí contribuir a la construcción de su futuro, creando asociaciones sindicales en las que se sientan miembro y rector; efectivamente participante, y no tan sólo contribuyente que paga y número que recibe mas instrucciones que la burocracia o los galápagos le imparten. Cada uno en su asociación, pero ésta de cada uno.

Juan MUÑOZ CAMPOS

 

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