A pesar de la Asociación Sindical. 
 Sigue en pie el verticalismo     
 
 Diario 16.    12/01/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

A pesar de la Asociación Sindical

Sigue en pie el verticalismo

MADRID, 12 (D16). — El ministro de Relaciones Sindicales, Enrique de la Mata, y el procurador familiar por Guipúzcoa, Manuel Escudero, coincidieron ayer en las Cortes, desde posiciones distintas, en que el proyecto de Asociación Sindical no supone una refoma a fondo del sindicalismo vertical.

Enrique de la Mata, que presentó a los procuradores el proyecto, cuyo debate comenzó ayer, lo calificó de "elemento clave en el perfeccionamiento de las relaciones laborales, basado en el respeto a la dignidad y libertad de la persona al reconocer el derecho a la promoción libre y espontánea de entidades idóneas para la defensa de sus intereses".

El ministro, que pronunció un discurso breve y bien construido, resumió los objetivos de este proyecto de ley: reconocimiento de las libertades sindicales y defensa de su libre ejercicio, independencia entre las organizaciones sindicales de trabajadores y empresarios y autonomía cíe las asociaciones sindicales frente a ingerencias extrañas, "lo que no implica que se encuentren desprovistas de orientación política", puntualizó.

El ministro rechazó dos acusaciones que se han hecho al proyecto: una, la de su ilegalidad, porque sectores derechistas lo encuentran contrario a las Leyes Fundamentales; otra, la de que dinamita la unidad sindical. "El proyecto no se pronuncia sobre unidad o pluralismo", dijo.

Y añadió que "no puede aceptarse como válida ni defendible la unidad impuesta, sino sólo la surgida de la libre decisión del mundo del trabajo, resultante de un pluralismo libremente formulado que dé paso a una superior decisión voluntariamente unitaria".

Pero, aun considerando este proyecto, elaborado por su equipo, como un paso importante en la normalización sindical, el ministro advirtió que "el proyecto no es la reforma sindical", y pareció aludir a que serán las nuevas Cortes las que la realicen, cuando dijo que "la reforma ha de ser legitimada por una auténtica participación colectiva, porque resultaría estéril si careciera de un consenso mayoritario y responsable".

Enrique de la Mata quiso, además, desbaratar la falsa ecuación de que a la libertad sindical corresponde mayor conflíctividad social. Al citar cómo se ha manejado tendenciosamente el dato de los cien, millones de horas de trabajo perdidas en 1976 por huelgas, el ministro matizó que "si pensamos que en España se trabajan setenta millones de horas por día, la cifra de las pérdidas comienza a no tener la importancia que los agoreros de siempre pretenden atribuirle".

Contradicciones

Cuando el ministro y el presidente de las Cortes, que le acompañaba, abandonaron la sesión, la Comisión de Leyes Fundamentales entró ya en el debate del proyecto.

Manuel Escudero retiraría su enmienda a la totalidad, no sin antes advertir la contradicción que supondrá hacer coexistir la libertad de sindicación en la base con la estructura corporativa y unitaria del sindicalismo vertical.

Amenizada por continuos murmullos de otros procuradores y por intentos del presidente de la Comisión, López Bravo, de privarle del uso de la palabra para que no caldeara el ambiente en contra del proyecto, Escudero aireó en apoyo de sus tesis nada menos que una declaración del Sindicato de Trabajadores Vascos (STV) no reconocido, y consiguió encrespar a los demás procuradores cuando dijo, para terminar, que "en mi país, además, nadie creerá que hay libertad sindical mientras no haya amnistía".

Aunque Escudero retiró su enmienda, Dionisio Martín Sanz, empresario del Olivo y acérrimo paladín del verticalismo, pretendió hacerla suya y someterla a votación para que, de triunfar, el proyecto fuera devuelto al Gobierno.

Pero López Bravo, que advirtió el propósito de Martín Sanz, le negó la palabra. El procurador, visiblemeate cotrariado, comentó en voz baja, pero claramente audible: "¡A ver si le saco lo de Matesa!"

El resto de la sesión se fue en el debate del apartado primero del artículo primero, que declara la libertad de constitución de sindicatos obreros y patronales. El sector derechista pretende volver al texto del Gobierno, que limita la constitución de organizaciones sindicales a cada rama de producción, lo que reforzaría el carácter corporativo que, a pesar de la libertad sindical, tendrán todavía los sindicatos.

 

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