Autor: A. J. G. M.. 
   Un sí al gobierno     
 
 Ya.    13/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ACOTACIONES A LA SESION UN SI AL GOBIERNO

Más de una vez ha relatado en una sesión legislativa el simpático señor Madrid del Cacho que Francia se convirtió en República porque, a la hora de votar la trascendente decisión, un diputado sintió una necesidad fisiológica que no admitía aplazamiento y hubo de abandonar el salón de sesiones. Tras unos minutos de ausencia, al volver a su escaño se encontró con que, por un voto de diferencia, su patria aceptaba el régimen republicano.

Ayer, un voto derrotó a, la ponencia. Parece ser que algunas señorias, que con su presencia en la sala acaso hubieran podido cambiar el signo de la votación, se encontraban en pleno placer de la sobremesa. Consecuencia, primera reacción de la Cámara para el mantenimiento de la actual Organización Sindical. Después, lamentaciones por no haber estado en el escaño en el momento de la rotación.

El texto ofrecido por la ponencia decía: "Los trabajadores y los empresarios podrán constituir las organizaciones que estimen convenientes para la defensa de sus respectivos intereses profesionales o sindicales". No, dijeron con sus votos trece señorías; sí afirmaron doce procuradores; nos abstenemos, manifestaron tres varones legislativos. ¿Y ahora?

Vamos al texto del Gobierno, como voto particular defendido por los señores Madrid del Cacho, Lamo de Espinosa y Martín Sanz, dijo el presidente señor Lopez-Bravo. ¿Qué dice este texto? Pues esto:

"Los trabajadores y empresarios podrán constituir en cada rama de actividad, a escala territorial o nacional, las asociaciones profesionales que estimen convenientes para la defensa de sus intereses respectivos".

Sí a ese texto pronunciaron dieciocho señorías; no, exclamaron catorce procuradores; nos abstenemos, dijeron esta ves cuatro legislativos varones. La ponencia quedó estupefacta, por el resultado do la votación. Mas no fue sólo la ponencia. "Hemos hundido el proyecto de ley", decían unos. ¿Hundido! "Hemos votado lo que el Gobierno aperturista, democrático y admirado por el mundo había, propuesto", señalaban otros.

Cierto, una mayoría muy escasa se había puesto de parte del Gobierno. Para que luego digan que las Cortéis están disociadas del presídente Suárez. Tenían razón. Era una postura de colaboración gubernamental. Pero lo extraño ante esa tesis es que el Gobierno había encontrado muy saludable, muy progresivo y muy en línea de la OIT el texto que habia redactado la ponencia. Hay colaboraciones que matan.

Si una mayoría de excelentes hombres legislativos había apoyado al Gobierno con sus votos, ¿por qué se levantó, a muy última hora de la sesión, un dirigente nacional de la Organización Sindical, el señor Castro Villalba, y propuso una enmienda para arreglar, de cara a la realidad sindical del país, de cara a la OIT y al mundo democrático, las consecuencias de la derrota de la ponencia?

Tenemos que explicar qué entendemos "por rama de actividad", dijo el Señor Castro Villalba. Hay que exponer al mundo democrático el concepto español de esas dos palabras, insistió el señor Castro Villalba, y leyó este texto: "A los efectos de esta ley se entiende por "rama de actividad" el sector económico, la profesión o cualquier otro concepto análogo que los trabajadores o los empresarios determinen libremente en los estatutos como marco de su estructura organizativa."

No se sabe aún la suerte legislativa que pueda correr esa enmienda, pero ha encontrado iniciales apoyos en los procuradores que quieren paliar el efecto de la derrota de la ponencia... Y todo por las impaciencias del ponente señor García Carrero en pedir, nada más abrirse la sesión, que se votase el texto, con dos matices, incluir el vocablo "respectivas" y cambiar una "y" por una "o", que ofrecía la ponencia.

Y todo por no saber que en todos los Parlamentos habidos y por haber las enmiendas se ganan maniobrando en los pasillos de la Cámara—negociaciones, compromisos, pactos—y no pronunciando discursos. Y todo por no tener psicología parlamentaria e Ignorar que una discusión trascendente no puede resolverse, si no se está seguro del éxito, nada más abrirse una sesión. Y todo porque eran trece los que dijeron no y doce sólo los que sostuvieron Un sí de noviazgo legislativo con la ponencia.

 

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