Cortes españolas. 
 La libertad sindical debe reforzar la justicia social,  :   
 dice el ministro señor De la Mata. 
 Ya.    12/01/1977.  Página: ?,13. Páginas: 2. Párrafos: 31. 

CORTES ESPAÑOLAS

La libertad sindical debe reforzar la justicia social, dice el ministro señor De la Mata

El proyecto da asociación sindical, dijo también, no es en sí mismo la reforma sindical, sino la base indispensable para llegar a esa reforma. El señor Escudero Rueda, después de defender su enmienda a la totalidad del proyecto, la retiró. Amplia deliberación sobre

el apartado uno del artículo primero

La Comisión de Leyes Fundaméntales y Presidencia del Gobierno Inició ayer tarde las deliberaciones del proyecto de ley de regulación del derecho de asociación sindical, que fue presentado por el ministro de Relaciones Sindicales, señor De la Mata. El proyecto, dijo, "reconoce la plena libertad de asociación en la vida sindical"; "el proyecto no es en sí mismo la reforma sindical, sino la base Indispensable para llegar a esa reforma"; "la libertad sindical debe reforzar la justicia social y no convertir nuestro país, socialmente hablando, en un campo de batalla". "Sólo merecen la libertad los pueblos que saben emplearla, y la pierden siempre quienes la dilapidan en aventuras o quimeras sin mañana"; "la primera virtud de quienes acceden a la libertad es hacer de ella no un bien absoluto, sino un uso razonable".

En el desarrollo de la sesión, continuará esta tarde, a las cinco, el presidente de la Comisión, señor López Bravo, condenó el secuestro de don Antonio María de Oriol. E1 señor Escudero Rueda expuso su enmienda a la totalidad del proyecto, que retiraría en una segunda intervención, después de escuchar las manifestaciones expositivas del ponente señor García Carrero.

El entró seguidamente en la deliberación del apartado primero del artículo primero; varios procuradores pidieron volver al texto del proyecto del Gobierno y no faltaron quienes sostuvieron el del informe de la ponencia. No se llegó a ninguna decisión y esta tarde continuará tratándose el tema.

INFORMACIÓN NACIONAL

La libertad sindical es imprescindible en en uno sociedad moderna y democratica

El ministro de Relaciones Sindicales, al presentar el proyecto de ley, dijo que la Reforma Política no se concibe sin realidades concretas en el campo sindical. La dignidad y libertad de la persona exigen el derecho de promover entidades para la defensa de los intereses profesionales

Tres objetivos del proyecto: Reconocimiento de las libertades sindicales, recíproca independencia entre los sindicatos de trabajadores y empresarios, autonomía de las asociaciones sindicales.

Con lleno absoluto, en el salón de sesiones se iniciaron en las Cortea loa debates en torno al proyecto de ley de libertad sindical. Abierta la sesión por el presidente de las Cortes, don Torcuato Fernández Miranda, hizo uso de la palabra el ministro de Relaciones Sindicales, don Enrique de la Mata Gorostisaga, para presentar a los procuradores el mencionado proyecto.

En su intervención, el ministro de Relaciones Sindicales dijo, entra otras cosas:

Este proyecto de ley, al reconocer la plena libertad de asociación en la vida sindical, aparece como elemento clave en el perfeccionamiento de las relaciones laborales entre empresarios y trabajadores; representa algo tan Importante en una sociedad moderna y democrática, que sin él aquélla quedaría notoriamente desequilibrada y buscar encontrar soluciones autenticas a los auténticos problemas con que hoy se enfrenta nuestra comunidad.

Debemos concebirlo como esencialmente congruente e inserto en la reforma política que estamos llevando a cabo, y así apoyarlo por la necesaria adecuación que nuestro ordenamiento jurídico precisa tanto a las nuevas expectativas como a las concretas realidades ya existentes en el contexto sindical.

La idea básica que inspira al proyecto no es otra que la del obligado y absoluto respeto a la dignidad y, a la libertad de la persona, lo que lleva implícito el reconocimiento y la defensa de uno de los derechos fundamentales: el derecho de promover libre y espontáneamente junto con otros las entidades idóneas para la defensa de sus intereses profesionales.

Este derecho, configurado como particular manifestación del derecho de asociación, se nos ofrece como una consecuencia inexcusable de la libertad política y del reconocimiento de aquel principio por el cual el individuo ha de poder concertarse libremente para la consecución de todos loa fines lícitos de la vida humana.

Sobre la base de estas ideas, el proyecto persigue un triple objetivo:

Libertad, autonomía e independencia

Primero: E1 reconocimiento de las libertades sindicales y la defensa de su libre ejercicio.

Segundo: La necesaria y reciproca independencia entre las organizaciones sindicales de trabajadores y de empresarios.

Tercero: La autonomía de las asociaciones sindicales amparándolas frente a cualesquier injerencia extraña a sus propios y daros objetivos, lo que no implica se encuentren desprovistas de orientación política, ya que por sable.

A continuación el señor ministro Irreal esto es ciertamente impendizo las síguientes consideraciones:

La primera consiste en reconocer el sentido polémico que sin duda rodea el proyecto.

En momentos—como el presente—en los que la dinámica política y social experimenta una vertiginosa aceleración, encontramos abundantes muestras de manifestaciones contradictorias. No faltan voces que acusan al proyecto de infringir las Leyes Fundamentales, ni otras que le acusan de antidemocrático.

Por mi parte sólo quisiera dejar sentado lo siguiente.

El Gobierno, que no ha utilizado el procedimiento del decreto-ley, a pesar de la indudable urgencia y necesidad del proyecto, entiende que éste se encuentra perfectamente amparado por el artículo dieciséis del Fuero de los Españoles, en cuanto proclama la libre asociación para fines lícitos, reforzado por la reciente ley fundamental para la Reforma Política, al proclamar como inviolables y vinculantes para todos los órganos del Estado los derechos fundamentales de la persona.

Segunda consideración.—Se nos imputa el propósito de destruir la unidad sindical, y nada más lejos de las intenciones del Gobierno.

El proyecto no se pronuncia sobre unidad o pluralismo; ni siquiera estima como contradictorias la

unidad y la libertad. Ahora bien, lo que no puede aceptarse como válido ni defendible es la unidad impuesta por ley. Sincéramente, estamos convencidos de la fuerza de la libertad, y asi la unidad sindical surgida de la libre decisión del mundo del trabajo debe ser estimulada como expresión de la riqueza pluralista que desde las bases se estructura y ordena al bien de la colectividad.

La unidad resultante de un pluralismo libremente formulado, que manifieste y de paso a una superior decisión voluntariamente unitaria, debe estimarse como deseable. Lo que por el contrario, hoy por hoy, resulta insostenible es la unidad desde la exigencia de la ley, unidad impuesta contra la posible voluntad de quienes deben ser sus artífices más que sus servidores.

La reforma exige un consenso mayoritario

Tercera consideración.—El proyecto de ley no es en sí mismo la reforma sindical, sino la base indispensable para llegar a la reforma. Entre los propósitos del Gobierno no se encuentra el de limitar las modificaciones sindicales a este proyecto de ley. La reforma, que se estima urgente y necesaria, ha de ser

legitimada por una auténtica participación colectiva, ya que, por mucho acierto que se tuviera al formularla, resultarla estéril si careciera de un consenso mayoritario y responsable.

El futuro de las estructuras y de la orgánica sindical no debe formularse de manera unilateral por el Gobierno, pues a empresarios y trabajadores es a quienes ha de corresponder el planteamiento y decisión en cuestiones de tan singular relieve para ellos mismos. Y esta tarea es hoy Inaplazable, pues resolta ya de manera irreversible y justa la situación de los funcionarlos sindicales, todas las demás cuestiones, desde el patrimonio a la orhganización, desde la regulación de la huelga a nuevas normas relaciones laborales, desde los conflictos a los salarlos, requieren la participación de todos, sin marginar a nadie que tenga algo que aportar a la más sensata ordenación de cuanto pueda incidir en el trabajo individual o colectivo.

Debo tomarse como lógica la Insatisfacción y la conflictividad propia del año que acaba de transcurrir, en el que se ha hecho preciso un tremendo y paciente trabajo para solucionar problemas y atenuar irritaciones, no siempre injustificadas. Empresarios y trabajadores, debo decirlo públicamente, han procurado encontrar caminos de acuerdo, y buena prueba de ello es el número de convenios, superior en 1978 a 1975 e Incluso a otros años donde parecía reinar una aparente armonía social. La libertad de pactos decretada por el Gobierno ha producido resultados ciertamente positivos y ha venido a demostrar la capacidad de entendimiento de trabajadores y empresarios en un clima que, aun con dificultades explicables para quienes se hayan acercado al conocimiento de la realidad laboral, ha de estimarse como esperanzador. No ignoro que llaman poderosamente la atención cifras tan espectaculares como los 100 míllones de horas de trabajo perdidas. Ciertamente no estamos acostumbrados a este tipo de noticias, pero no sería lógico catalogar con excesivo dramatismo las huelgas surgidas, ya que se alteraría la exacta visión con que han de entenderse los problemas sociales. Aun cuando no sea tranquilizador contemplar un panorama de alta conflictividad, lo cierto es que debemos situar el tema de las huelgas en el lugar que exactamente le corresponde, y no olvidar que la huelga no es sino un derecho del trabajador, y si pensamos que en España se trabajan setenta millones de horas por día, la cifra de cien millones por año comienza a no tener la importancia que los agoreros de siempre pretenden atribuirla.

Cuarta consideración. — Al construir un sistema social, cada vez más flexible, sin condenas innecesarias, vivo en sus bases e instituciones, susceptible de recoger todas las capacidades y tramitar todos sus conflictos del modo más constructivo, no sería justo olvidar la contribución que a ello han prestado y seguirán prestando empresarios y trabajadores.

En la sociedad española de nuestros días, empresarios y trabajadores han dado pasos de gigante, tanto en el quehacer colectivo como en el propio mundo sindical, y si ahora abordamos la libertad sindical, es porque aquel esfuerzo ha fructificado. Por ello sería una grave injusticia regatearles el mérito de la empresa realizada.

Reforzar la justicia social

Sólo me resta añadir que pretendemos edificar la libertad, en momentos singularmente difíciles,

cuando los años del crecimiento continuo parecen haber terminado. El encarecimiento de la energía ha asestado un duro golpe a las sociedades Industriales del inundo democrático, y es triste cosa que cada vez que los españolea nos proponemos el logro de la democracia nos encontramos—en 1874 como en 1930, ahora como antaño—con que una crisis económica viene a sumarse a las naturales dificultades del proceso. Pero hoy la sociedad española es más culta, más fuerte, más rica y más consciente de sus propias conveniencias y necesidades.

La libertad sindical debe reforzar 1a justicia social y no convertir nuestro

país socialmente hablando en un campo de batalla. Hoy en el mundo sólo prosperan las sociedades que se sacrifican y autolimitan, renunciando a algo del presente pensando en el próximo mañana.

La libertad sindical que recoge esta ley es un bien inestimable que no podrá emplearse ni en torpes pro» pósitos ni en apetencias de dominio de unos grupos sobre otros, anulándose todos entre sí en la pugna cotidiana. Hace falta la sosegada libertad de trabajadores y de empresarios, sabiendo los unos y los otros que están llamados a entenderse, pues vivimos en una Europa donde los extremismos estan condenados.

Digo todo esto consciente de haber defendido, tanto ante la calla como ante las superiores Instancias del Gobierno, del cual forma parte, las libertades esenciales. No se me oculta, ni se le oculta al Gobierno de Adolfo Suárez, las naturales dificultades, los obstáculos e incluso las maniobras tendenciosas, pero ante vosotros reitero la la decisión y la sinceridad da afrontarlas con toda energía, cualquiera que fuese la naturaleza d9 aquéllas. De nada sirve a un pueblo querer vivir siempre bajo una gran campana de cristal que, al romperse por un azar de la historia, dejaría desvalidos e inermes a sus ocupantes.

La libertad ha venido a la España de la Monarquía por sus pasos contados, esta contenida en nuestra reforma política y, de hecho, se encuentra en la realidad de la calle. Sólo vamos a hacer legal lo que ya tiene vigencia entre los españoles, porque la pluralidad es un hecho de nuestro tiempo. Irreversible e Irrenunciable.

 

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