Cortes. 
 Asociación sindical     
 
 Arriba.    12/01/1977.  Página: 10-11. Páginas: 2. Párrafos: 27. 

CORTES

ASOCIACIÓN SINDICAL

«SOLO VAMOS A HACER LEGAL LO QUE YA TIENE VIGENCIA ENTRE LOS ESPAÑOLES»

(De la Mata Gorostizaga)

"El proyecto no es en sí mismo la Reforma Sindical, sino la base indispensable para llegar a ella"

El Ministro de Relaciones Sindicales presento en las Cortes el proyecto de ley de Asociación Sindical

MADRID. (De muestra Redacción.) El Ministro de Relajones Sindicales^ don Enrique de la Mata Gorostizaga, presentó ayer, ante la Comisión de Leyes Fundamentales de as Cortes, el proyecto de ley de Regulación de la Asociaron Sindical.

En la apertura de la sesión estuvo el Presidente de las fortes don Torcuato Fernández-Miranda, junto con el presidente de la Comisión, don Gregorio López Bravo, y miembros de la Ponencia. Asistieron numerosos Procuradores sindicales, así como los componentes de la Comisión de Leyes Fundamentales y Presidencia del Gobierno.

El señor De la Mata pronunció las siguentes palabras:

«Como Ministro del Gobierno de S. M. el Rey me cabe el honor de presentar ante la Comisión de Presidencia y Leyes Fundamentales, el proyecto da ley por el que se reguío el Derecho de Asociación Sindical

Con este motivo —al cumplir con una larga tradición de cortesía parlamentaria—, y tengo oportunidad de encontrarme nuevamente con los señores Procuradores —entrañabIes compañeros de muchos años—, si bien en esta ocasión siento sobre mí la especial trascendencia del proyecto sobre el que vais a deliberar, que exige de todos nosotros agudizar al máximo nuestro sentido de la responsabilidad, nuestra sensibilidad política y nuestra mayor capacidad de entendimiento, para enfrentarnos con un tema crucial y palpitante, definitivamente Inserto en la vida concreta de todos los españoles vinculados al mundo del trabajo.

Este proyecto de ley, al reconocer ¡a plena libertad de asoelación en la vida sindical, aparece como elemento clave en el perfeccionamiento de las relaciones laborales entre empresarios y trabajadores; representa algo tan importante en una sociedad moderna y democrática, que sin él, aquélla quedaría notoriamente desequilibrada, y busca encontrar soluciones auténticas a los auténticos problemas con que hoy se enfrenta nuestra comunidad.

Un proyecto congruente

Debemos concebirlo como esencialmente congruente e inserto en la reforma política que estamos llevando a cabo y así apoyarlo por la necesaria adecuación que nuestro ordenamiento jurídico precisa, tanto a las nuevas expectativas, como a las concretas realidades ya existentes en el contexto sindical.

Su texto, aunque escueto, está dotado de profundidad y contenido, acrecentados por la redacción ofrecida por la Ponencia, en una labor digna del mayor reconocimiento, que da lugar a que no exista en él ninguna expresión sin largo alcance y especial significado. La idea básica que inspira al proyecto no es otra que la del obligado y absoluto respeto a la dignidad y a la libertad de la persona, lo que lleva implícito el reconocimiento y la defensa de uno de los derechos fundamentales: el derecho de promover libre y espontáneamente ¡unto con otros las entidades idóneos para la defensa de sus intereses profesionales.

Este derecho, configurado como particular manifestación del derecho de asociación, se nos ofrece como una consecuencia inexcusable de la libertad política y del reconocimiento de aquel principio por el cual el individuo ha de poder concertarse libremente para la consecución de todos los fines lícitos de la vida humana.

Sobre la base de estas Ideas, el proyecto persigue un triple objetivo:

Primero: El reconocimiento de las libertades sindicales y la defensa de su libre ejercicio.

Segundo: La necesaria y reciproca independencia entre las organizaciones sindicales de trabajadores y de empresarios.

Tercero: La autonomía de las asociaciones sindicales amparándolas frente a cualesquier injerencia extraña a sus propios y claros objetivos, los que no implica se encuentren desprovistas de orientación política, ya que por Irreal esto es ciertamente impensable.

Señores Procuradores: Quizá no sea éste el momento para extenderme en todas las consideraciones en que han motivado al Gobierno a presentar a vuestra consideración este proyecto de ley. Bastan las ideas expuestas para resaltar las conveniencias de un planteamiento normativo que consideramos necesario y urgente y cuyo alcance y significado conocéis sobradamente. Oportunidad tendremos ante el Pleno de las Cortes de ampliar y exponer argumentos en su defensa, si la propuesta gubernamental llega, como espero, a merecer vuestra conformidad.

Sentido polémico

Ahora bien, no quisiera en esta intervención dejar de formular determinadas consideraciones que estimo de interés. La primera, consiste en reconocer el sentido polémico que sin duda rodea el proyecto.

En momentos —como el presente— en los que la dinámica política y social experimentan una vertiginosa aceleración, encontramos abundantes muestras de manifestaciones contradictorias. No faltan voces que acusan al proyecto de infringir las Leyes Fundamentales, ni otras que ¡e acusan de antidemocrático.

Por mi parte sólo quisiera dejar sentado lo siguiente: El Gobierno, que, no ha utilizado el procedimiento del decreto-ley, a pesar de la indudable urgencia y necesidad del proyecto, entiende que éste se encuentra perfectamente amparado por el artículo dieciséis del Fuero de los Españoles, en cuanto prodama la libre asociación para fines lícitos, reforzado por la reciente Ley Fundamental para la Reforma Política, al proclamar como Inviolables y vinculantes para todos los órganos del Estado, los derechos fundamentales de la persona.

Importante también resulta la mención de la Declaración XIII del Fuero del Trabajo, modificado en 1967 por la Ley Orgánica del Estado. Sobre este particular basta recordar que en esta misma sala los ilustres Procuradores don Fernando Herrero Tejedor, trágicamente desaparecido, y don Fernando Suárez González, desde posiciones distintas, defendieron brillantemente, en 1970, que las interpretaciones del Fuero del Trabajo formuladas en apoyo de aquella ley Sindical, no eran ni mucho menos las únicas posibles.

Segunda consideración. Se nos imputa el propósito de destruir la unidad sindical y nada

más lejos de las intenciones del Gobierno.

El proyecto no se pronuncia sobre unidad o pluralismo; nçi siquiera estima como contradictorias la unidad y la libertad. Ahora bien, lo que no puede aceptarse como válido ni defendible, es la unidad impuesta por la ley. Sinceramente estamos convencidos de la fuerza de la libertad, y así la unidad sindical surgida de la libre decisión del mundo del trabajo, debe ser estimulado como expresión de la riqueza pluralista, que desde las bases, se estructura y ordena al bien de la colectividad.

La unidad resultante de un pluralismo libremente formulado, que manifieste y dé paso a una superior decisión voluntariamente unitaria, debe estimarse como deseable. Lo que por el contrario, hoy por hoy, resulta Insostenible es la unidad desde la exigencia de la ley, unidad Impuesta contra la posible voluntad de quienes deben ser sus artífices más que sus servidores.

Base para la reforma

Tercero consideración. El proyecto de ley no es sí mismo la reforma sindical, sino la base Indispensable para llegar a la reforma. Entre los propósitos del Gobierno no se encuentra el de limitar las modificaciones sindicales a este proyecto de ley. La reforma que se estima urgente y necesaria, ha de

ser legitimada por una auténtica participación colectiva, ya que por mucho acierto que se tuviera al formularla, resultaría estéril si careciera de un consenso mayoritario y responsable.

El futuro de las estructuras y de la orgánica sindical no debe formularse de manera unilateral por el Gobierno, pues a empresarios y trabajadores es a quienes ha de corresponder el planteamiento y decisión en cuestiones de tan singular relieve para ellos mismos.

Y esta tarea es hoy Inaplazable, pues resuelta ya de manera irreversible y justa la situación de los funcionarios sindicóles, todas las demás cuestiones, desde el patrimonio a la organización, desde la regulación de la huelga a nuevas normas sobre relaciones laborales; desde los conflictos a los salarlos, requieren la participación de todos, sin marginar a nadie que tenga algo que aportar a la más sensata ordenación de cuanto pueda incidir en el trabajo individual o colectivo.

Los momentos actuales se caracterizan por su evidente dificultad, y no podía ocurrir cíe otra manera.

Una acción más decidida y realista en los últimos años hubiera allanado obstáculos en el momento presente; pero no es ésta la hora de lamentaciones inútiles, sino la de redoblar esfuerzos y suplir con mayor energía, claridad y vigor la timidez de momentos, quizá más propicios, pero en cualquier caso, ya superados.

La conflictividad

Debe tomarse como lógica la insatisfacción y la conflictividad propia del año que acaba de transcurrir, en el que se ha hecho preciso un tremendo y paciente trabajo, para solucionar problemas y atenuar irritaciones, no siempre injustificadas. Empresarios y trabajadores, debo decirlo públicamente, han procurado encontrar caminos de acuerdo, y buena prueba de ello es el número de convenios superior en 1976 a 1975 e incluso a otros años, donde parecía reinar una aparente armonía social. La libertad de pactos decretada por e! Gobierno ha producido resultados ciertamente positivas, y ha venido a demostrar la capacidad de entendimiento de trabajadores y empresarios en un clima que aun con dificultades explicables para quienes se hayan acercado al conocimiento de la realidad laboral, ha de estimarse como esperanzador.

No Ignoro que llaman poderosamente la aten, cion cifras tan espectaculares como los cien millones de horas de trabajo perdidas. Ciertamente no estamos acostumbrados a este tipo de noticias, pero no sería lógico catalogar con excesivo dramatismo los huelgas surgidas ya que se alteraría la exacta visión con que han de entenderse los problemas sociales. Aun cuando no sea tranquilizador contemplar un panorama de alta conflictividad, lo cierto es que debemos situar el tema de las huelgas en el lugar que exactamente le corresponde, y no olvidar que la huelga no es sino un derecho del trabajador, y si pensamos que en España se trabajan 70 millones de horas por día, la cifra de cien millones por año comienza o no tener la Importancia que los agoreros de siempre pretenden atribuirla.

Nadie vea en mis palabras una intención distinta a la de centrar los problemas en sus términos correctos. Es obvia que no defiendo como buena la situación presente: simplemente trato de explicarla y demando un análisis de la misma en profundidad en su auténtica dimensión y en sus consecuencias, para, desde ellas, realizar con precisión el balance real. Si así lo hacemos, podremos apreciar la necesidad de mejoras y más transparentes modos de participación; de ahí la necesidad de una constante atención a los problemas sindicales en el seno de las empresas, la necesidad de una clarificación de las motivaciones reivindícatelas separondo de aquéllas las que pretenden llevar al mundo del trabajo cuestiones que le son ajenas.

La necesidad de poner coto a la coacción violenta que obstaculiza el derecho al trabaçjo la necesidad de estimular el reencuentro Inversor empresarial, aceptando los riesgos y sacrificios que el presente histórico demanda; la necesidad —en fin— de hallar entre lodos una definitiva armonía social, que posibilite la superación de dificultades presentes, con el único y principal recurso a nuestro alcance, que no es otro que el trabajo de los españoles y la productividad y rentabilidad de nuestras empresas.

Los líderes sindícales

Cuarta consideración. Al construir un sistema social, cada vez más flexible sin condenas Innecesarias, vivo en sus bases e Instituciones, susceptible de recoger todas las capacidades y tramitar todos sus conflictos del modo más constructivo, no sería justo olvidar la contribución que a ello han prestado y seguirán prestando empresarios y trabajadores. Al rendir público reconocimiento de la labor realizada durante años y años, por los dirigentes sociales, hemos de proclamar que nunca debe propiciarse pierdan su auténtico poder de convocatoria.

Su autenticidad y entrega son, en definitiva, el arma de mayor

eficacia frente, a la subversión, siempre latente en las sociedades Industrializadas. Varios de estos líderes sindicales están aquí, en esta tarde, y al expresaros un reconocimiento sincero, quisiera poner de manifiesto que un nuevo sindicalismo, moderno, ágil, capacitado para la defensa de los justos intereses, es precisamente viable, desde los avances sociales, logrados con vuestra dedicación de siempre.

Si hoy tenemos la posibilidad de alcanzar un sistema sindical realista sin exclusiones, potenciando las diferentes opciones existentes, lo hacemos con el menor grado de riesgo para la convivencia, pues los años pasados alcanzaron paz, justicia y bienestar con mayores oportunidades para todos, en un Innegable y real cambio en la vida.

En la sociedad española de nuestros días, empresarios y trabajadores han dado pasos de gigante, tanto en el quehacer colectivo, como en el propio mundo sindical, y sí ahora abordamos la libertad sindical es porque aquel esfuerzo ha fructificado. Por ello sería una grave Injusticia regatearles el mérito de la empresa realizada.

Edificar la libertad

Y aquí, señores Procuradores, concluyen mis consideraciones Sólo me resta añadir que pretendemos edificar la libertad en momentos singularmente difíciles, cuando los años del crecimiento continuo parecen haber terminado. El encarecimiento de la energía ha asestado un duro golpe a las sociedades industríales del mundo democrático, y es triste cosa que cada vez que los españoles nos proponemos el logro de la democracia nos encontramos —en 1874 como en 1930, ahora como antaño— con que una crisis económica viene a sumarse a las naturales dificultades de! proceso. Pero hoy la sociedad española es más culta, más fuerte, más rica y más consciente de sus propias conveniencias y necesidades.

La libertad sindical debe reforzar la justicia social, y no convertir nuestro país socialmente hablando en un campo de batalla. Hoy en el mundo sólo prosperan las sociedades que se sacrifican y autolimitan renunciando a algo del presente pensando en el próximo mañana. Hay Injusticias que remediar, pero querer suprimirlas todas en un día, en un año, sería sembrar injustificadas y utópicas esperanzas. A menos de un cuarto de siglo para superar el siglo XX, con sus luchas y sus dramas, el propósito común debe centrarse en un futuro mejor, que no podrá lograrse sino a razón del esfuerzo colectivo. Sólo merecen la libertad los pueblos que saben emplearla, y la pierden siempre quienes la dilapidan en aventuras o quimeras sin mañana.

La libertad sindical que recoge esta ley es un bien inestimable que no podrá emplearse ni en torpes propósitos ni en apetencias de dominio de unos grupos sobre otros, anulándose todos entre sí en la pugno cotidiana. Hace falta la sosegada libertad de trabajadores y de empresarios, sabiendo los unos y los otros que están llamados a entenderse, pues vivimos en una Europa donde los extremismos están condenados.

La economía es un arte creado por el esfuerzo en común de trabajadores y empresarios, y que se desgarra o deshace cuando las posturas son exce. sivamente adversas y encontradas. El derecho de organizarse presupone la voluntad de entenderse, y la primera virtud de quienes acceden a la libertad es hacer de ella no un bien absoluto, sino un uso razonable.

Dificultades

Digo todo esto consciente de haber defendido, tanto ante la calle como ante las superiores instancias del Gobierno, del cual formo parte, las libertades esenciales. No se me oculta, ni se le oculta al Gobierno de Adolfo Suárez, los naturales dificultades, los obstáculos e incluso los maniobras tendenciosas, pero ante vosotros reitero la decisión, y la sinceridad de afrontarlas con toda energía cualquiera que fuese la naturaleza de aquéllas. De nada sirve a un pueblo querer vivir siempre bajo una gran campana de cristal, que al romperse por un azar de la historia dejaría desvalidos e inermes a sus ocupantes.

La libertad ha venido a la España de la Monarquía par sus pasos contados, está contenido en nuestra reforma política y de hecho se encuentra en la realidad de la calle. Sólo vamos a hacer legal lo que ya tiene vigencia entre los españoles, porque la pluralidad es un hecha de nuestro tiempo, irreversible e irrenunciable.

Ante una sociedad española moderna y responsable, nada hay en esta ley que pueda asustarnos, y quienes creemos en lo libertad tenemos, señores Procuradores, la obligación de reconocerla y proclamarla. Puesto que habéis sido los autores de la libertad política, creo que la libertad de asociación sindicales congruente con e! paso que hemos dado colectivamente desde estas Cortes, y a ellas confía el Gobierno su proyecto convencido de que desde hoy lo tarea queda en manos serenas conscientes y sincéramente responsables, ante el pueblo español, que ha emprendido decidido bajo la ley y la libertad e! camino de !a democracia.

SEN ACUERDO SOBRE EL ARTICULO PRIMERO

Por la Ponencia, el Secretarlo General de la Organización Sindical, señor García Carrero, comenzó su intervención aludiendo a la ausencia del ponente don José María de Oriol, con quien la Ponencia manifestaba su solidaridad por el secuestro de su hermano.

En el debate, una serie de Procuradores pidieron volver al texto de! Gobierno, que se referia a la constitución de asociaciones sindicales por ramas de actividad. Otros Procuradores también pedían que se volviera al proyecto del Gobierno, que había sido simplificado por la Ponencia.

Después del turno de enmendantes y de miembros de la Comisión, y aunque la Ponencia, a través del señor García Carrero, aceptó el aludir a la constitución de organizaciones para la defensa de sus ´respectivos´ intereses profesionales y sindicales, el Presidente de la Comisión, señor López Bravo, levantó la sesión, pasadas las diez de la noche, para reanudarla mañana, a las cinco de la tarde, con e! informe definitivo de la Ponencia sobre este primer párrafo del artículo primero.

Después de cinco horas de debate, la Comisión de Leyes Fundamentales de las Cortes no llegó a un acuerdo sobre el párrafo primero del artículo primero del proyecto de ley de Regulación del Derecho de Asociación Sindical, párrafo en el que se establece la posibilidad de que trabajadores y empresarios puedan constituir organizaciones para la defensa de sus Intereses profesionales y sindicales.

El Presidente de la Comisión de Leyes Fundamentales, don Gregorio López Bravo, no autorizó, por haberlo pedido a destiempo, que el Procurador representante empresario del Sindicato del Olivo, señor Martín Sanz, pudiera Intervenir sobre el debate a la enmienda a la totalidad, presentado por el señor Escudero Rueda, al proyecto de ley de Regulación del Derecho de Asociación Sindical.

En efecto, nada más concluir la exposición de su enmienda el señor Escudero Rueda, y después de haber retirado la misma, el Presidente de la Comisión comenzó a llamar a los enmendantes al articulado, y en ese momento pidió la palabra el señor Martin Sanz.

 

< Volver