Autor: Sáez, Raúl R. . 
 El mapa autonómico, a examen. 
 "Vertebrar un Estado autonómico es el proceso más difícil jamás abordado"     
 
 ABC.    21/06/1982.  Página: 26-27. Páginas: 2. Párrafos: 44. 

El mapa autonómico, a examen

Declaraciones del ex secretario de Estado Manuel Broseta

«Vertebrar un Estado autonómico es el proceso más difícil jamás abordado»

Insiste en que fue llamado para seis meses y ha trabajado sin cesar dos años; que no es un político profesional, y que quiere volver a su casa en Valencia, a su Universidad y su trabajo; rechaza que haya existido una «era Broseta» en materia autonómica, pero reconoce que durante su gestión —«y gracias al equipo que se me confia en la Administración»— se ha racionalizado el proceso de construcción del Estado de las autonomías. Manuel Broseta, desde los ya lejanos tiempos en que como Independiente fue elegido presidente de la Junta Democrática del País Valenciano, cuando explicaba por las huertas, los colegios y las discotecas lo que era algo tan alucinante entonces como el hecho autonómico, tiene a gala haber sido llamado por Adolfo Suárez, «que conocía mi sensibilidad hacia los problemas autonómicos» y se siente orgulloso de haber contribuido a vertebrar un Estado autonómico, «que es el proceso más difícil que jamás se haya abordado antes».

Para este alicantino de Bañeros, que está cerca de la barrera de los cincuenta años, ha llegado el momento del examen de conciencia de su gestión, hasta el pasado 4 de Junto, al frente de la Secretaría de Estado para las Autonomías.

«El balance para mí es bastante positivo. Colaboré en aquella parte del discurso de Adolfo Suárez en el que se estableció por primera vez que el proceso autonómico español tenía que basarse en tres principios: homogeneidad, generalidad y solidaridad. A partir de ahí, se han sacado adelante los Estatutos más difíciles desde el de Andalucía, a partir de los Estatutos de las comunidades conocidas como históricas, hasta el resto de los textos estatutarios, ya encauzados.

Se han creado también en este periodo las Comisiones mixtas de transferencias, de un papel relevante, ya que se ha propiciado el traspaso por igual de transferencias a todas las comunidades autónomas. La medida se adoptó tras la reacción de Andalucía el 28-F, que fue una llamada de atención para la Administración central, un grito en pro de la igualdad. No podíamos aceptar que hubiera unas regiones privilegiadas y otras de segunda fila.

Finalmente, he tenido el honor de colaborar en la discusión y redacción de los acuerdos autonómicos firmados por Felipe González y Leopoldo Calvo-Sotelo en julio de 1981, pactos que, además de su contenido decisivo en la racionalización del proceso autonómico, han supuesto el reconocimiento de que el Estado de las autonomías no podía hacerse enfrentando a unos partidos con otros, convirtíendo el hecho autonómico en arma arrojadiza entre los grupos políticos.

El balance, repito, es de enorme trabajo, además de bastante positivo. Y es que el encauzamiento en profundidad del mapa autonómico es el proceso más difícil que ningún Estado moderno haya abordado jamás.»

EL DEBATE DE LA LOAPA La LOAPA es, quizá, el problema que más ha quitado el sueño a Manuel Broseta. Aunque afirma estar desconectado ya de la controversia suscitada por esa ley, no deja aún de defender su filosofía y rebatir los argumentos y presiones de los partidos nacionalistas.

«No conozco ya los avatares diarios de la LOAPA. Sé que se especula con un posible retraso o revisión por presiones de la Minoría Catalana y del PNV, pero tengo la seguridad de que la LOAPA saldrá adelante. Entrar en eL Gobierno de España es una vieja aspiración de la Minoría Catalana y la Prensa madrileña comienza a hablar del prototipo Cambó.

En un momento determinado, hace ya bastantes meses, afirmé que una de las maneras de integrar a los dos nacionalismos existentes en España, el vasco y el catalán, era introducirles en tos problemas del Estado, obligarles a salir de esa política excesivamente cerrada que se practica en Cataluña y el País Vasco,

De eso a que en el momento actual sea partidario de un Gobierno con las Minorías Catalana y Vasca hay diferencia. En este momento pienso que sería enormemente contraproducente y negativo. Y menos relacionar ese hecho político con los avalares de la LOAPA en el Parlamento. Soy partidario de que UCD siga gobernando hasta abril de 1983 sin preocuparse excesivamente de si pierde una, dos o tres votaciones en el Congreso.

Esto nos conduce, lógicamente, a la LOAPA. Y me gustaría dejar bien claro dos cosas: La primera, que es absoluta y rotundamente falso —y lo digo con conocimiento de causa, porque he estado sobre el tema desde el principio— que la LOAPA suponga una reforma encubierta de la Constitución. La segunda es que me consta que la intención política, tanto de UCD como del PSOE, y por supuesto la opinión del grupo de expertos dirigido por el profesor García de Enterría, no ha sido en ningún momento hacer encubiertamente esa reforma.

Si los vascos, como afirman, recurren ante el Tribunal Constitucional, y éste observa aspectos anticonstitucionales en el contenido de la ley, el Gobierno aceptaria fielmente la decisión. Pero es lógico pensar que unos partidos políticos, unos expertos como los que redactaron la LOAPA, no hubieran defendido ni postulado un proyecto de ley si no estuvieran convencidos de que es constitucional.»

El argumento central de vascos y catalanes es que la LOAPA vacía de contenido sus respectivos Estatutos. Manuel Broseta rechaza categóricamente también esa opinión,

«Es absolutamente falso que la función de la LOAPA sea rebajar el techo de los "Estatutos vasco y catalán. Primero, porque no ha sido ésa su intención política y, además, que habría sido de tontos politicos pretenderlo. A través de una ley orgánica posterior no es posible derogar o modificar otra ley orgánica, erigen del Estatuto, cuyo procedimiento, previsto en la Constitución, es especial.

Lo que la LOAPA pretende, insisto, es otra Musa, y ya hay precedentes en otros países: subrir, a través de una ley del Estado, una zona que no está cubierta entre la Constitución y los Estatutos de autonomía, desarrollando la primara y engarzando armónicamente la Carta Magna con los Estatutos.

El problema radica en que los Estatutos vasco y catalán son ambiguos en algunos aspectos y, desde el punto de vista de técnica jurídica, les supere, por ejemplo, el Estatuto andaluz, más claro, más diáfano. ¿Por qué? Entre otras cosas, porque ese Estatuto se elaboró no sólo en Andalucía, sino en el Congreso de tos Diputados, con mayor tranquilidad política, sin las tensiones existentes cuando se redactaron los proyectos vascos y catalán.»

El hecho concreto es que las amenazas nacionalistas contra la LOAPA, pese a todos los argumentos, están ahí. El senador centrista se muestra preocupado por la posible disolución del Parlamento vasco, aunque confía que no se lleve a cabo.

«Sería un grave error por parte del Gobierno vasco adoptar esa decisión. Comprendo las dificultades que en muchos momentos encuentra el Ejecutivo de Garaicoechea para gobernar. Pero como ellos mismos reconocen, el Estado de derecho es-pañol tiene mecanismos legales suficientes para canalizar la protesta de una comunidad autónoma contra una ley.

Y ese procedimiento no es más que acudir al Tribunal Constitucional. De nada le serviría al Gobierno vasco disolver su Cámara si después el Tribunal no les diera la razón. Y si confían en que se les va a dar, ¿para qué disolver el Parlamento? Pedirnos a mis buenos amigos vascos que reflexionen, que no actúen simplemente por impulsos peligrosos. Yo siempre respetaré su decisión final, pero una medida de esa calibre sería desestabílizadora.»

Otra de las puntas de lanza de las acusaciones nacionalistas se viene centrando en la figura del delegado de la Administración central en las comunidades autónomas.

«La verdad —dice Broseta— es que los delegados del Gobierno central han sido contestados desde que se creó ese cargo. Ahora, el problema fundamental se centra

«La descentralización no puede hacerse enfrentando unos partidos con otros»

 

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