Autor: Martín Bernal, Obdulio. 
 Las minorías insisten en que se devuelva el proyecto al Gobierno. 
 Calvo-Sotelo defiende la LOAPA ante el Pleno del Congreso  :   
 Los nacionalistas afirman que la LOAPA es una reforma encubierta de la Constitución. 
 ABC.    22/06/1982.  Página: 13, 29,30. Páginas: 3. Párrafos: 17. 

Las minorías insisten en que se devuelva el proyecto al Gobierno

Calvo-Solelo defiende la LOAPA ante el Pleno del Congreso

MADRID (O. Martín Bernal). La insalvable distancia política que media entre la coyuntural mayoría parlamentaria UCD-PSOE y las minorías nacionalistas y comunista en torno a la ley de Armonización del Proceso Autonómico, la tan célebre como controvertida LOAPA, quedó ayer una vez más de manifiesto en los inicios del debate en el Pleno del Congreso, el tercer y definitivo acto legislativo del proyecto en la Cámara Baja.

El presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo, y el ministro de Administración Territorial, Rafael Arias-Salgado, hicieron la presentación y defensa del proyecto. La ley es necesaria para construir un autonomismo fuerte en un Estado fuerte, vino a decir Calvo-Sotelo. Y Arias-Salgado, en una anticipación nada retórica, opondría dos pilares dialécticos a las críticas de tos opositores: nada hay en la LOAPA que no esté explícita o implícitamente en el texto constitucional, y de ninguna manera puede interpretarse que esta ley modifica los Estatutos de autonomía. Y una nota de atención: «Nuestro sistema autonómico no funcionará si el comportamiento de todos no se rige por lo que el ministro denominó "lealtad al sistema constitucional"".

Se seguiría luego una larga y densa teoría de enmendantes a la totalidad durante más de tres horas. Al final de la jornada parlamentaria apenas se había avanzado en el vidrioso y extenuante debate que se avecina. Ni siquiera se llegaron a votar las enmiendas a la totalidad.

Las razones son a un tiempo obvias y ociosas. Centristas y socialistas quieren ventilar a toda costa el proyecto de la LOAPA antes de las vacaciones, y las minorías, que se oponen con uñas y dientes a la ley, traían de empujar la ley, con bastante buen criterio táctico, al incierto territorio político de septiembre. Al tiempo, según creen ellos.

La mayoría consiguió hacer un hueco a la LOAPA entre el apretado calendario legislativo, desplazando incluso al IVA, a medio hacer. Y los nacionalistas y comunistas batallaron hasta el último

Los nacionalistas afirman que la LOAPA es una reforma encubierta de la Constitución

(Viene de la pag 13)

momento para que no entrara en este Pleno. Incluso Roca Junyent (Minoría Catalana) provocó una votación en tos prolegómenos de la sesión, para tratar de alterar el orden del día. Pero en lo tocante a la LOAPA la matemática parlamentaria se muestra mayoritariamente implacable: el «frente antí-LOAPA» sólo consiguió 33 votos a favor, frente a 166 en contra.

Las minorías saben perfectamente que la suerte de la LOAPA está echada. Que todas sus palabras, razones y votos van a ir a estrellarse contra la pétrea mayoría que firmó los pactos autonómicos. Pero es obvio que no tienen prisa y van a lanzar literalmente iodos y cada uno de sus argumentos —que tos tienen— hasta el agotamiento. La de ayer fue —era inevitable— una sesión acumulativa. Los oponentes manejan una batería de argumentos comunes. Y no temen la repetición. La buscan para apoyarse mutuamente, y, de paso, hacer el debate ancho y ajeno. Por eso sus intervenciones fueron —al margen, el verbo, el ir, genio y la capacidad dialéctica de cada cual— intercambiables y homotogables.

ARGUMENTOS COMUNES

Las razones son las que han repetido públicamente en el Parlamento y fuera de él. Ayer, sin embargo, los portavoces echaron el resto en los perfiles políticos del asunto. Empezando, por supuesto, por el momento en que se está fraguando la ley. Roca llegaría a decir que con este debate «se está solemnizando «I final de la legislatura ante la imposibilidad de crear una estabilidad parlamentaria.

No parece procedente que una Cámara que está ya a punto de disolverse debata una ley de esta trascendencia. Sería necesario abrir un período de reflexión para que sean las próximas Cortes las que decidan el destino de la LOAPA. Esta idea de aplazamiento conectada con otra paralela de «pacto global», exhibida por casi todos los enmendantes. Coincidieron en sus críticas a UCD y el PSOE por haberles marginados de los pactos y destacaron la necesidad de un acuerdo en al que participen todas las fuerzas políticas si de verdad se desea ordenar el proceso autonómico.

El representante de los nacionalistas vascos, Marcos Vizcaya, muy receloso hasta ahora a todo lo que se parece a pació con los «centralistas», llegó a pedir que la LOAPA se sustituya por una «conferencia de partidos políticos en la que se llegue a un acuerdo nacional sobre la forma de consolidar la democracia y las autonomías. Otra idea compartida por los opositores fue el carácter involutivo que el texto tiene para el desarrollo de las autonomías.

Unos más frontalmente que otros, todos incardinaron la LOAPA «en el ambiente de involución de la democracia que surge del 23-F. Rechazaron también en distintos tortas y claridades las acusaciones de insolidaridad y opusieron que la LOAPA es innecesaria.

Tras la puesta en marcha de los pactos, ya se ha aplicado su espíritu a los Estatutos aprobados desde entonces. Tampoco omitieron las ya conocidas argumentaciones técnicas: la ley es inconstitucional, porque no puede ser ni orgánica ni armonizadora, ni mucho menos ambas cosas á la vez; es una reforma encubierta de la Constitución... y las mismas formulaciones fueron apelotonándose durante más de tres horas.

AUTONOMÍAS FUERTES, ESTADO FUERTE

La intervención del presidente del Gobierno, que abrió el debate, fue más bien fugaz y era evidentemente testimonial, va que quiso dejar la defensa de la ley al ministro «autonómico». Calvo-Sotelo hizo una larga cita de su discurso de investidura el 19 de febrero de 1981.

Recordó que ya entonces había señalado la necesidad de que a la vez que se ahonda en el sistema autonómico «que se pongan a punto y se perfilen técnicamente las competencias exclusivas o compartidas del Estado sin las cuales el sistema no funcionará en tos términos en que la Constitución impone... Y ello no precisamente para limitar las autonomías, sino precisamente para servirlas. Un autonomismo fuerte en un Estado fuerte, esa podría ser la cifra final de la LOAPA».

El presidente habló de la Comisión de expertos y de tos pactos autonómicos, y destacó que el primitivo texto de la ley ha salido notablemente mejorado de los debates en la Ponencia y Comisión, sobre todo porque se ha perfilado con la Jurisprudencia del Tribunal Constitucional.

El ministro de Administración Territorial, Rafael Arias, hizo luego una defensa de la ley con un discurso exento de fiorituras y sólidamente estructurado.

Los enmendantes lo reconocerían después, pero señalando un tanto perversamente que había hablado de «otra LOAPA». Comenzó Arias-Salgado afirmando que el título VlI de la Constitución (el más vapuleado por algunos sectores políticos) es, con sus defectos y aciertos, un buen punto de partida para transformar gradualmente la estructura del Estado español. El título es positivo y útil para la democracia pero —matizó— necesita ciertas precisiones que consoliden con nitidez algunos perfiles básicos del Estado. La LOAPA no es, pues, una crítica al referido título, sino una confirmación de su virtualidad, al servicio de la democracia española.

Fue rebatiendo, luego el ministra las razones de los adversarios: «Hay que decir muy claro —resumió— que la LOAPA no contiene nada que no sea moneda .corriente en todos los Estados federales y regionales del mundo.»

Peto la parte sustancial de su discurso fue una descripción sistemática de los ejes del sistema de autonomías que se dibujan con la LOAPA y de sus razones. Subrayó que las autonomías son ya un sistema generalizado; que son amplias y profundas y no una mera descentralización administrativa. «El sistema de las autonomías queda ordenado en clave de unidad y no de separación», enfatizaría luego el ministro. Otro principio expuesto fue el equilibrio que existe a juicio del responsable de la Administración Territorial entre el uniformismo y la heterogeneidad de la LOAPA.

Idea destacada fue también la de que la ley pretende una simplificación de instancias administrativas y no su reduplicación y en ese sentido «el proyecto pretende hallar el justo medio entre el sistema de la función pública y la separación burocrática estricta. Relegó finalmente las acusaciones de que es un texto inconstitucional: pertenece al Estado disponer de sus propias estructuras orgánicas, fijar las bases de régimen jurídico de las Administraciones públicas... ,en fin, todo lo que establece la LOAPA.»

Arias-Salgado asegura que la LOAPA no modifica los Estatutos

El turno de los enmendantes lo iniciaron dos representantes del Mixto: Pi y Suñer (Esquerra Republicana de Cataluña) que calificó la ley de «desaguisado que no tiene explicación política», y Juan María Bandrés, que insistió en los argumentos de inconstitucionalidad y afirmó que si se aprueba va a tener consecuencias imprevisibles en Euskadi.

Roca Junyent hizo, sin duda, el discurso más brillante y duro de la sesión. Con una feroz ironía y notables recursos dialécticos empezó diciendo que «sólo con que sus señorías se expresaran en esta Cámara como lo hacen en los pasillos prosperaría mi enmienda de devolución».

Rechazó todas las acusaciones y pidió que se aplazara la ley hasta la próxima legislatura.

El comunista Solé Tura afirmó que no es posible poner en marcha el título VIII de la Constitución sin un acuerdo de todas las fuerzas políticas. Calificó el texto de la LOAPA de «políticamente peligroso y técnicamente deleznable.»

Marcos Vizcaya (PNV) —menos virulento que en otras ocasiones— destacó, además de las razones comunes, que la ley crea tensiones y enfrentamientos innecesarios. Finalmente, el andalucista Aguilar suscitó abucheos en la Cámara, al decir que «los golpistas son los mentores de la LOAPA».

 

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