Autor: Aguirre Bellver, Joaquín. 
   Seguridad por dentro     
 
 El Alcázar.    22/06/1982.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Seguridad por dentro

Dice el gobernador civil que todas esas medidas de seguridad en torno al Congreso se han tomado para que podamos sentirnos tranquilos.

—Bueno, pues yo venía tan tranquilo y sólo de verlas me han entrado sudores.

Las medidas de seguridad eran por fuera. Sospecho que el gobernador civil debió haberlas tomado por dentro. Las cosas que se dijeron ayer, en el debate de la LOAPA, tenían todas peligro de incendios.

El Gobierno se fue. Calvo-Sotelo dijo cuatro palabras de introducción, cuatro chorraditas, sobre todo aquello del «Estado fuerte en unas autonomías fuertes», y cogió la puerta de la calles. Todos los ministros siguieron su ejemplo, menos el del ramo, que en vez de un ramo era una bandera blanca de capitulación.

No quisieron oír porque no pueden responder. La verdad es que, con la Constitución en la mano, los nacionalistas tienen toda la razón. Para responder hay que dejar la Constitución a un lado y luego, obrar en consecuencia, en lógica y en honestidad. Pero eso el Gobierno no puede hacerlo, y por eso se ha inventado la LOAPA. Como muy bien le han dicho a Arias Salgado las minorías vasca y catalana, la LOAPA es una reforma inconstitucional de la Constitución, sólo que pretendiendo que no se entere nadie. Y se ha enterado todo el mundo, claro.

Ayer se planteó abiertamente el argumento de fuerza. En Cataluña y el País Vasco, los nacionalistas se sublevan contra la ley. No toleran que se trate de reducir su autonomía política a una autonomía administrativa. Enfrente, el consenso de centristas y socialistas, que tiene que callar, que no se atreve a reconocer el retroceso en la senda constitucional, pero se atreve a decir que las autonomías están fracasando estrepitosamente, tanto en lo político como en lo administrativo.

Lo que habían necesitado ayer las minorías vasca y catalana, tan reciamente apoyadas por el Partido Comunista, era el encontronazo con la verdad. La LOAPA ha venido a poner en sus manos una forma de armar ruido, mucho ruido, y distraer la atención de un enorme fracaso, volviendo a culpar al enemigo de siempre: al Gobierno central, y, de paso, al Estado español. Miren ustedes por dónde, esta ley desventurada viene a ser un balón de oxígeno para un separatismo en trance de consunción por abandono popular.

Tengo que darle la razón a Roca Junyent, el único orador digno de tal nombre en toda la tarde, cuando dijo:

—Los errores de unos, los vaivenes de otros, el dilectantismo de aquéllos y la frivolidad de éstos nos han conducido a la situación que hoy se solemniza con este debate: a anunciar, por impotencia, la disolución de esta Cámara.

Añadió:

—Me limito a constatar desde esta tribuna una opinión en la que coinciden todas sus señorías en las conversaciones de pasillos.

Hubo risas y hubo rumores escandalizados. Entiéndase, escandalizados porque sus señorías no están de acuerdo en dejar de cobrar su sueldo este verano. Eso, nunca. Aún a cambio de decir que sí a una ley que no va arreglar ningún problema, sino que va a recrudecerlos todos.

También Solé Tura, en nombre del Partido Comunista, coincidió en el diagnóstico:

—Estas Cortes corren el peligro de no volver a reunirse.

También lo dejó traslucir Marcos Vizcaya, nacionalista vasco. Sólo que en su boca hubo un sarcasmo exquisito, cuando acusó a la LOAPA no de provocar sólo una ruptura del proceso democrático, sino de que venía a perturbar «allí donde había calma». ¿Calma? ¿Calma en el País Vasco?

Entre nosotros, creo que no es la LOAPA la que tiene la culpa. Los problemas empiezan antes. Sólo que a la LOAPA le ocurre lo que a las fuerzas desplegadas por el gobernador civil en tomo al Congreso: en vez de tranquilizar, sobresaltan.

Joaquín AGUIRRE BELLVER

 

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